¿Y si me he equivocado?
A Nadia ese fin de curso en el instituto se le estaba haciendo cuesta arriba.
Dejando de lado el segundo trimestre, que había sido para olvidar con todo lo que había vivido con los tres compañeros que la acosaban, esas últimas semanas de curso habían ido bastante bien.
Tenía compañeras, había sacado muy buenas notas y ya se empezaba a sentir más cómoda en el nuevo centro, tanto en el espacio como con unas rutinas que ya sentía más suyas.
Todo aquello hacía que a veces pensara que tal vez se había equivocado al pedir el cambio de centro para el curso siguiente , porque en septiembre tendría que volver a acostumbrarse a un sitio nuevo, a unos profesores nuevos y a unas rutinas nuevas.
La parte buena era que iba a coincidir con sus amigos, pero…
¿y si tras un año sin ir a clase juntos ya nada volvía a ser como antes, cuando estaban en primaria? ¿Y si se sentía extraña?
Mientras chateaba con Bruno por la noche, le confesó sus miedos y él le dijo enseguida:
Bruno:
Pero ¡qué dices! ¡Si va a ser increíble que vuelvas con nosotros! En plan…, te vamos a ayudar en todo y te vas a adaptar al cien por cien. ¿Por qué crees que tal vez te hayas equivocado?
Nadia:
No lo sé… Cuando ocurrió «todo», no lo sé… Me pareció la mejor opción, pero ahora… supongo que hacer frente a otro cambio después de todos los que ya he vivido me da mucho miedo y mucho palo también.
Bruno:
Pero vas a estar con nosotros. ¿No te hace ilusión?
Nadia:
¡Pues claro! De hecho, es lo único que me ilusiona ahora mismo.
Bueno, también le hacía mucha ilusión hablar con Bruno, pero eso no se lo dijo.
Bruno:
No tengas miedo…, va a salir todo bien. Y conocerás a la bomba Judit y, ya lo verás, ¡va a ser bestial volver a estar juntos!
Ver el entusiasmo de su amigo la hacía sentir mucho mejor. Pero lo que sí la hacía estar muy contenta era pensar que lo iba a ver cada día… Ahora bien, ¿y si ahí él ya tenía a «alguien»? ¿Y si algún día lo tenía que ver con otra que no fuera ella? Pensar eso le provocó mucho malestar.
Bruno:
Eo… ¿Estás ahí?
Nadia:
Sí…
Bruno:
¿Qué te ocurre?
Nadia:
Nada, que estoy un poco rayada con el fin de curso.
Bruno:
Pero ¡si te ha ido muy bien!
Nadia:
Ya…, pero no sé… Los cambios me agobian… Y cuando acabe el curso, nos iremos todos a Marruecos un mes y también me da palo.
«Uf, un mes», pensó él.
Bruno:
¿No te gusta ir?
Nadia:
Sí, porque voy a ver a mi abuela y a mis primos, pero no lo sé… También me gustaría pasar las vacaciones aquí y poder veros más a menudo, sin clases…
Bruno:
En agosto podremos, ¿no?
Nadia:
¡En agosto siempre os vais todos y me muero de asco! Ha pasado cada año.
Ella tenía razón, pensó Bruno. El agosto del año pasado se habían visto muy poco.
Cuando leyó que se iba un mes entero, a él también le entró malestar.
¿Qué haría un mes sin verla? ¡Ahora le parecía imposible!
Suerte que podrían chatear, pero no era lo mismo.
¿Y si en Marruecos conocía a alguien? ¿Y si se enamoraba de alguien?
¿Y si se olvidaba de él? O peor aún…, ¿y si no tenía datos en el móvil ni wifi y no podían hablar?
¡Le iba a dar algo! Entonces, sintió que necesitaba decirle algo que también le daba mucha vergüenza:
Bruno:
Te voy a echar de menos.
Nadia se puso roja y, a la vez, le hizo mucha ilusión lo que acababa de leer.
Nadia:
Y yo. Más de lo que te crees.
Bruno notó que su corazón se ponía a palpitar frenético.
Ahora tenía aún más ganas de verla y, si la hubiera tenido allí al lado, le habría costado mucho aguantarse las ganas de abrazarla.
Justo entonces, se rascó una axila que le picaba y, de repente, se dio cuenta de que cada vez tenía más pelos.
Aquello le hizo sentir muy bien. Quizá, por fin, iba a dar el estirón y quizá entonces Nadia lo vería más mayor…
Y quizá lo miraría de otra forma, pensó.
En ese momento, no le preocupaban ni la diabetes, ni las notas finales, ni nada de nada.
Solo tenía muchas ganas de ver a Nadia y aprovechar cada minuto antes de que se fuera de vacaciones a Marruecos.