Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 6 9
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Capítulo 6 9

Koven Alasdair

«—¿Qué hacen todas las pantallas apagadas? ¿Y la sesión de telemetría?

—Hoy vamos a hacer un poco de historia. Ven aquí, siéntate y lee.

—Un periódico, qué vintage. ¿Es tu manera de recordarme que me estoy tirando a un octogenario? Tienes suerte de que me encante la historia —la sonrisa se le apaga cuando sus ojos resbalan por el titular—. Retiro lo dicho.

—Lee, Lina —digo con sequedad.

—No quiero.

—Como tu entrenador no me preocupo de lo que quieres, sino de lo que necesitas. Lee.

—Elio De Angelis, quince de mayo de mil novecientos ochenta y seis. Alasdair…

—Sigue leyendo.

—El alerón trasero se desprendió a alta velocidad, provocando la pérdida de carga aerodinámica y el vuelco del monoplaza.

Pongo otro periódico sobre la mesa.

—Sigue.

—Roland Ratzenberger, intentaba tomar la curva Villeneuve de alta carga aerodinámica, su alerón delantero dañado no estuvo a la altura. El coche se estrelló contra el muro exterior a trescientos catorce kilómetros por hora.

Pongo otro sobre la mesa, al tiempo que cojo una de sus manos. Me la suelta. Se le llenan los ojos de lágrimas y rabia, pero sigue leyendo.

—Ayrton Senna. Ayer el piloto se salió de la pista en la curva Tamburello, todavía se investiga por qué. Impactó contra un muro de hormigón en la séptima vuelta, causándole lesiones fatales en la cabeza. —Me mira con odio—. ¿Por qué me haces esto?

—Hay mucho que puede pasar que no es culpa del piloto, Lina. Sé que da miedo, pero no estás sola. Juntos vamos a estudiar qué hacer en esos casos extremos. —Le vuelvo a coger la mano y esta vez se aferra a mí».

El recuerdo pasa muy rápido por mi cabeza.

Todos los presentes oímos el petardazo.

—Alasdair. —Su voz es el filo de un cuchillo en mi garganta, me empapa en sudor frío anunciándome algo terrible

Al salir de la inclinada curva su coche sale despedido como un misil, girando sobre sí mismo y sin el menor control. El motor del Fórmula 1 de Lina estalla en el aire y se vuelve una furiosa llamarada.

El impacto contra las protecciones es seco.

Antinatural.

Una mitad queda destrozada, y la otra sucumbida por el fuego. Siento que me muero una y otra vez.

—¡No puedes ir! —JJ y otros del equipo me retienen con su cuerpo mientras Lance le cuenta a Mikel por radio lo que le acaba de pasar a Lina.

Intento alejarme del pit wall, pero mi cuerpo no llega a ninguna parte. Por las pantallas vemos cómo los marshals llegan hasta ella con extintores. En un abrir y cerrar de ojos el fuego ya no existe.

Los segundos se arrastran a una velocidad extraña y no puedo respirar bien. Miro a Brutus. Está pálido como un muerto. Me acerco a él y a duras penas me aguanto las ganas de darle el último empujón.

—¿Por qué ha explotado?

—No lo sé —dice por lo bajo, sin fuerzas, en shock.

—¿No lo sabes? —se me rompe la voz con la garganta ardiendo—. ¡Es tu puto coche y ha salido ardiendo en el puto aire! ¿Qué mierda ha sido eso?

Se le descompone la expresión y parece a punto de vomitar. Yo también lo estoy.

—Vámonos al hospital, Koven, se la están llevando —dice JJ tirando de mí para que vea las pantallas.

Los marshals sacan a una Lina inconsciente del habitáculo. Alzo la vista hasta el paddock antes de irnos y veo a Lucian.

Su expresión me resulta insoportable.

Sant Delphi

Llegamos al hospital y oímos mucho alboroto.

Nos hemos bajado del coche a tiempo de ver a JJ cruzar las puertas y por los pasillos ya oigo a Koven.

—Aquí no puede entrar tanta gente —un enfermero nos corta el paso y Lauren me da un apretón antes de soltarme la mano para que vaya.

No quiero dejarla justo ahora, pero sabe igual que yo que Koven me necesita. Me pide que me vaya al tiempo que abraza a Darcy, que no deja de llorar de forma desconsolada.

—Dios mío, el coche… dios mío, Key, estaba ardiendo muchísimo… —son las últimas palabras que oigo decir a Darcy antes de que se cierren las puertas y el sonido se silencie.

Encuentro a Koven rojo de rabia, con las mejillas mojadas, la cara roja, los puños heridos y una vulnerabilidad aterradora en el rostro. JJ a duras penas puede contenerlo.

—Eh, eh, tranquilo —intento sujetarlo y me falta un pelo que me dé un puñetazo.

—Ha entrado a quirófano y ahora no podemos decirles más —dice una enfermera a la que le falta un estornudo para estar hasta los cojones—. Que se calme o haré que lo echen del hospital.

—Lo sentimos, lo sentimos mucho —dice JJ.

En cuanto Koven me ve a través de las lágrimas me abraza como si la fuerza con la que lo hace fuera lo único que ancla a Lina al mundo de los vivos.

—La están atendiendo los mejores —digo con tal de darle algo de esperanza, pero sé que no me oye, igual que sé que no tengo ni puta idea del estado de Lina, ni de lo que va a pasar con ella.

* L * D *

—¿Y si no gano, mamá? —pregunto a la víspera de mi segunda carrera en F1.

La primera ha ido muy bien, pero me ha generado dudas, miedos. Lo ha hecho real y no sé si doy la talla.

—No puedes pensar así. Los Dimettri nunca perdemos.

—Pero, ¿y si lo hago?

—Defraudarías a tu padre.

—¿Aunque lo intentara?

—No dan medallas a nadie por intentarlo, tesoro —me da un beso en la frente.

Su móvil suena y sale del coche para contestar.

Me percato en que cuantas más cosas conseguimos, más fruncido está su ceño. Miro la foto de papá en mi fondo de pantalla y la acaricio.

—Haré todo lo que pueda. Lo prometo. No voy a rendirme.

«No te rindas, Dimettri» esa voz no es la de ninguno de mis padres, es una que no pertenece en esta historia, pero hace que mi corazón lata muy fuerte.

No lo haré.

* L * D *