Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 5 3
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Capítulo 5 3

Lina Dimettri

Sábado, Hungría, Hungaroring.

Al salir de la sala que me asignaron como camerino, por así decirlo, me choco contra Mikel y aunque es más alto y, obviamente, más fuerte que yo, me mira como si él fuera el cervatillo frente a los daros del coche.

—Vigila por dónde vas, no quiero que jodas mi carrera.

—¿“Tu” carrera? Eso es muy generoso teniendo en cuenta que en las últimas tres no has acabado ni octavo.

—Eso va a cambiar —sonríe como un capullo y no me gusta la sensación de que él sabe algo que yo no—. La próxima vez que te interpongas en mi camino, te mando a boxes de un empujón.

Le lanzo una de mis mejores miradas asesinas y me largo.

Paso de ahondar en el tema. Mikel es un perro que solo ladra y rara vez muerde.

«No te molestes en aprender los nombres de todos los pilotos, no vas a estar aquí mucho tiempo» es solo un ejemplo de una de sus simpatías, pero me ha soltado ya muchas.

La realidad es que yo siempre quedo por delante en la pista y eso debe joder.

Dejo las salas atrás para llegar al box, con el resto.

Esta semana casi no hemos pisado Indiana.

El martes Lucian dijo que íbamos a volar a Hungría por la noche y estamos de promo desde entonces.

Por lo visto las redes sociales están muuuy interesadas en nosotros.

Creo que tiene que ver que hay algunos pilotos muy guapetones que se pasan su tiempo libre posteando su vida en TikTok, y atrayendo miradas en nuestra dirección.

También he recibido muchos mensajes de ánimo y girlpower que me han emocionado lo indecible. En cuanto a lo demás…

«—¿Ha habido problemas entre Koven Alasdair y tú, Lina?

—¿C-cómo? —pregunto a los que sostienen los micrófonos cerca de mi cara.

—No le vimos en tu primer podio.

—Y en tu última carrera, cuando lograste hacer una de las mejores remontadas que ha visto la F1 en años, tampoco.

—¿Hay tensiones entre vosotros? ¿Habéis discutido por algo?

—Mi mentor es una persona excepcional a la que le debo mucho. Gracias».

Ese recuerdo siempre me hace sonreír. Va a resultar que lo de hablar con la prensa me gusta y todo. Faltan cuarenta minutos para que empiecen los entrenamientos y decido hacerle una videollamada rápida con Darcy, rezando porque conteste.

—¿Puedes explicarme por qué la temporada de F1 de este año ha empezado en agosto en vez de en marzo, como acostumbra a ocurrir?

Decir que me la quedo mirando ojiplática no sería una descripción acertada. Creo que me ha dado un ictus. O una embolia. ¿Un parraque?

—¿Qué? Me estoy volviendo una experta.

—Ya lo veo —me encojo de hombros despacio, sin hacer movimientos bruscos—. Las cosas cambian, supongo.

—Patrañas.

—¿Dinero?

—Eso ya me encaja más. ¿Cuándo coges el vuelo mañana? —pregunto nerviosa.

Todavía no me creo que ella y Keira vayan a venir a verme. No me acostumbro a esto de tener amigas, en serio. Darcy dice que con la racha que llevo, seguro que acabo primera y no se lo quiere perder. Creo que está subestimando al resto de increíbles pilotos que no van a ponérmelo nada fácil.

—En cuanto termine la carrera.

—¿De verdad?

—Qué va, tres o cuatro horas más tarde. Pero llegaré a Países Bajos al tiempo que vosotras. Es lo bueno de estar ya en Europa.

La carrera de la semana que viene es en Países Bajos, pero nosotras tres vamos antes del finde para pasar unos días juntas de vacaciones. Son unas fechas especiales y es nuestra manera de celebrarlo.

—Genial, nos morimos de ganas de verte. Si vuelves a subir al podio lo veremos desde el aeropuerto.

—Vale —digo sin poder reprimir la sonrisa que me ocupa toda la cara.

—Sin presión. Hamilton en su época hizo nueve podios en sus primeras nueve carreras.

—Te voy a colgar, todo este conocimiento está empezando a darme miedo.

—¡Te quiero!

En cuanto me guardo el móvil Lucian me pilla por banda. Nos reúne a Alasdair, Mikel, JJ, el JJ de Mikel que se llama Lance, George, Brutus y algunos jefecillos más para hablar de la estrategia de mañana. Solemos ultimar detalles el viernes, pero ayer fue un día muy caótico.

—Todos los ojos están puestos en ti Lina, así que vamos a usar a Mikel como estrategia. ¿Lance? —Lucian le cede la palabra y el ingeniero empieza a hablar de algo que conozco de sobra.

Cuando la mayoría paremos en boxes para cambiar neumáticos, Mikel aprovechará para aguantar y ganar posiciones. Blablablá. «Él tiene polla y tú no, Lina, pues claro que es el favorito de papá».

No me hace ninguna gracia que quieran usarme como un pompón con el que distraer al resto de pilotos, con la excusa de que he estado llamando la atención, pero Hendrix manda.

Encima van a ponerle las mejoras que han llegado desde Tokyo un mes antes de lo previsto. Estoy celosa, pero en las últimas setenta y dos horas me han follado demasiado bien como para ponerme ahora de morros o centrarme en el susurrante dolorcillo de cabeza que lleva conmigo toda la mañana.

Además, me contenta saber que una vez en la pista, no tienes ni puta idea de lo que puede pasar. Si no, que se lo digan a Bélgica y mi P4.

¿Queréis favorecer a Mikel? Vale, hagámoslo. Ya veremos lo que pasa.

—Me alegra ver que te parece bien, Lina —dice Lucian cuando me pilla sonriendo.

—Tú mandas —le digo, porque sé que le encanta oírlo.

Me vibra el móvil y echo un vistazo a la pantalla bajo la mesa.

Alasdair

Alasdair

Por favor suéltate el pelo.

Y no te hagas más moños.

Menos aún esos deshechos.

Me explotan las mejillas. ¿Le gustan mis moños? Me veo tentada a patalear el aire con los pies como una adolescente, pero me contengo y hago lo que se me ha pedido.

Me suelto el pelo sin mirarle. Pasa poco antes de que Hendrix nos despache, así que no sé si Alasdair ve que le he hecho caso. Un segundo después…

Alasdair

Alasdair

No.

No, así tampoco.

Mejor, ponte una gorra.

Joder, es que hoy estás preciosa.

Me voy a empalmar y Brutus va a pensar lo que no es.

Rompo en carcajadas.

—¿Con quién hablas? —Loïuan mueve las cejas de manera insinuante al pasar por mi lado con otros dos compañeros más y casi entro en pánico.

—Una amiga.

—No parecía ese tipo de conversación. A menos que esa amiga y tú…

—Hacemos cochinadas, sí, aunque solo a veces. Se llama Darcy —¿mezclar matcha con un frappuccino de Starbucks cuenta como cochinada?

—Darcy, ¿eh?

—Sip.

—Entonces tú eres su Elisabeth Bennet, qué interesante. ¿Y cómo es que todavía no sé todos los detalles de esa historia, Jane Austen? —me coge del brazo pero George lo reclama y me libro por los pelos.

¡¡MENOS MAL!!

Y me vuelve. A vibrar. El móvil.

Alasdair

Alasdair

¿Puedes no reírte así?

Lina

Estaría muy calladita con tu polla en la boca.

Alasdair

Joder.

Le oigo toser y veo a alguien del equipo darle golpecitos en la espalda. Si no lo empalmo antes de la salida, sentiré que he fracasado como ser humano.