Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 1
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Eres mi maldita pole position (North Star 9)

Eres mi maldita pole position (North Star 9)

Por Athena Paulsen

© inepub.com

Capítulo 1

Lina Dimettri

Toda la vida me han repetido que soy una temeraria y que no temo a la muerte tanto como debería. Tenían razón y desde hace un año estoy pagando las consecuencias.

Pero eso acaba hoy.

Lo tengo muy claro. Por eso me irrita horrores que Ethan Vermand, el viejales que vino a verme al hospital y me prometió que seguiría teniendo un puesto en la F1 cuando me recuperara, me diga:

—No estás lista.

—Claro que lo estoy, ¿no has leído los informes médicos? ¡Estoy como nueva!

—Lina…

—¿Qué? —dejo de perseguirle por el despacho y clavo los talones al suelo en señal de protesta—. Hace semanas que podría haber vuelto. Si he esperado ha sido solo por mi vena paciente.

Me mira por encima de las gafas y alza las cejas.

—Tu no tienes una sola gota de sangre paciente en el cuerpo, por eso estamos teniendo esta conversación.

—Auch, menudo golpe bajo. —Me hago la ofendida.

—Lina.

—¿Por favor?

—No quiero ser el responsable de que te mates. Eres muy joven.

—No tanto. Ya tengo veintiuno y he perdido un año.

Si espero mucho más seré considerada una jubilada —sonrío, pero el carisma no va a llevarme a ninguna parte, así que saco la artillería pesada—.

He pertenecido a esta escudería desde que empecé en la Fórmula 1.

Quiero volver y hacerlo de vuestra mano, pero…

Ethan, si me cierras la puerta iré a llamar a otras.

—Hazlo —dice con aplomo y sin remordimiento.

—Ethan.

—No vales para esto Lina.

—He ganado una considerable cantidad de…

—Eres demasiado agresiva y peligrosa para ti misma. A los veinte la vida te dio una segunda oportunidad y quieres tirarla a la basura.

—He aprendido la lección.

—No es cierto. Te prometí un hueco en mi escudería porque creí que el golpe que te llevaste te haría cambiar, que te sacudiría y te metería en la cabeza los riesgos que entraña este deporte.

Aprieto los dientes. Será una puta coña.

—Sé muy bien los riesgos que entraña la Fórmula 1. —Ahora todos ellos me marcan la piel.

—¿Lo sabes? Porque a las dos semanas de empezar tu recuperación ya querías hablar de volver —exhala y sacude la cabeza—. Te aprecio, niña. No quiero que tu sangre manche mis manos. Estás fuera.

Salgo de las instalaciones con las lágrimas ardiéndome en los ojos, pero no las dejo caer.

¿Fuera?

Eso está por ver.