9 #3
—Dádmelos un momento. Sobre todo si ahí tenéis mensajes, vídeos o llamadas de esta noche.
Caleb sacó el suyo. Daniel hizo lo mismo algo más despacio.
—El vídeo está en el mío —dijo Daniel mientras se lo entregaba—. El que ha mencionado Caleb.
—Vale. Mejor no abráis nada ahora.
El policía guardó ambos y entonces reparó en una de las cámaras de la fachada.
—¿Esas están grabando?
—Sí —respondió Caleb—. Todas.
—¿Desde cuándo?
—Toda la noche.
—Perfecto. No borres ni apagues nada. Ya vendrá alguien a verlo contigo.
—No he borrado nada.
—Mejor.
Otro policía lo llamó desde el camino y levantó una mano para indicarle que iba. Antes de marcharse señaló a Caleb y Daniel.
—Quedaos por aquí, ¿vale? En cuanto podamos os tomamos declaración con más calma.
Frente a la casa, la ambulancia seguía abierta. Mike permanecía cerca, pendiente de cualquier movimiento en su interior. Noah se había acercado algo más, aunque continuaba unos metros por detrás de su hermano.
Un sanitario bajó y llamó a uno de los agentes. Mike se acercó antes incluso de que terminaran de hablar.
Caleb no oyó qué preguntó. Vio al sanitario contestarle y, después, negar una vez con la cabeza.
Mike se quedó quieto.
Noah avanzó un paso.
—¿Qué?
Mike no respondió.
—Mike.
Noah se llevó una mano a la boca y giró la cara. Mike siguió frente a la ambulancia, sin acercarse a él.
Poco después los policías empezaron a organizar a todos sin demasiada ceremonia: uno pidió a Noah que esperara junto a un coche patrulla; otro llevó a Mike unos metros más allá; a Caleb y Daniel les dijeron que siguieran cerca de la entrada hasta que fueran a buscarlos.
Cuando Noah cruzó el camino pasó junto a la herramienta que había dejado allí y continuó sin mirarla.
Mike no esperó a que le hicieran la primera pregunta. En cuanto un agente se acercó a él, señaló vagamente hacia la casa.
—Yo estuve en las tres.
El policía sacó la libreta.
—Vale. Vamos poco a poco.
—En casa de Mason, luego en la de Daniel y después aquí. —Mike tuvo que parar antes de continuar—. Te lo voy a contar todo.
El agente esperó.
—Todo.
El policía señaló uno de los vehículos.
—Vale. Espérame ahí un momento y vuelvo contigo.
Mike asintió y se alejó sin discutir.
Daniel se levantó del escalón con cuidado y fue hasta Caleb, acomodándose el brazo vendado antes de hablar.
—Me van a preguntar por mi casa.
—Sí.
—Y por Mason.
—También.
—Vale —dijo Daniel.
No añadió nada más.
Se quedaron cerca de la entrada mientras la actividad continuaba alrededor de ellos.
Caleb no supo en qué momento exacto empezó a amanecer.
Primero distinguió el final del jardín más allá de los focos de los coches; un rato después pudo ver las ramas de los árboles recortadas contra un cielo que seguía oscuro, aunque ya no completamente negro.
Las luces azules y rojas continuaban pasando por la fachada, pero con cada minuto parecían perder algo de fuerza.
La claridad fue devolviendo formas a lo que durante la noche habían sido golpes, voces y movimientos entre sombras. Aparecieron las marcas del portón, la suciedad acumulada junto al lateral, los daños alrededor de una ventana y los restos que habían quedado cerca del lugar donde Thomas cayó.
Policías y sanitarios entraban y salían de la casa; unos cruzaban hacia las habitaciones, otros preguntaban por las cámaras o volvían al camino. Caleb los dejaba pasar.
En algún momento volvió a sentarse en el escalón.
Daniel se acomodó a su lado, dejando espacio suficiente para que los agentes siguieran entrando y saliendo.
Tosía menos que antes, aunque alguna vez todavía tenía que inclinarse y esperar a que se le pasara, con la mano buena apretada contra el costado.
Un rato después, uno de los agentes regresó con el teléfono de Daniel y le pidió que identificara el archivo del que habían hablado. Daniel lo desbloqueó delante de él y abrió la carpeta. El vídeo seguía detenido cerca del principio.
Caleb reconoció la imagen.
—Espera. Ponlo desde el principio.
No preguntó para qué. Retrocedió el archivo y dejó el volumen bajo.
La imagen empezó a temblar. Mason movía la cámara demasiado deprisa y durante unos segundos solo aparecieron fragmentos del edificio inacabado: hormigón, una pared a medias, el suelo lleno de cosas que nadie se había molestado en recoger.
Después Daniel, con dieciocho años, cruzó delante del objetivo cargando una bolsa de hielo.
Alguien protestó fuera de plano y Ethan apareció detrás de él para quitarle una cerveza.
Se oyó una risa.
A unos metros, Mike estaba sentado junto a uno de los coches de policía y Noah hablaba con un agente. La ambulancia seguía frente a la casa; detrás de los árboles, el cielo empezaba a aclararse hacia un gris pálido.
Caleb volvió al teléfono.
Mason había acercado demasiado la cámara a Ethan.
—Deja de grabar y trae otra cerveza.
Ethan alzó una mano para tapar el objetivo, riéndose todavía. La imagen se llenó de sus dedos y de movimiento mientras Caleb seguía escuchándolo desde el escalón, con Daniel sentado a su lado y policías entrando y saliendo de la casa a sus espaldas.
La puerta continuaba abierta.
FIN