Entregar el corazón (Rosas Inglesas 2) Epílogo #2
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Epílogo #2

La capilla familiar se engalanaba para que el último Raleigh soltero fuera conducido al altar.

—Al fin vas a casarte —le susurró su madre emocionada, cerciorándose de que todo en su atuendo estuviera en su lugar.

—Luce gallardo y elegante. No lo mire más, querida Agatha, que va a desgastarlo —bromeó lady Abbott—. Ya era hora de este desenlace, mi reputación de casamentera superó la prueba de fuego. No era posible que un sobrino soltero continuara escabulléndose.

Las dos rieron muy complacidas, ante una mueca de Edward, pero no de fastidio, las adoraba y aprobaba que se sintieran orgullosas de la proeza.

—Sí que usted es una bruja del amor, tía. No sé cómo le hace. Pero caí rendido ante Valery.

—Ella se lleva el mérito por completo —bromeó lady Abbott—. Sabía muy bien lo que quería cuando solicitó mis servicios. Es una mujer con un gran corazón y una belleza que no deja indiferente a ningún caballero. Me hizo fácil la tarea.

—Pobre Valery —se compadeció la madre de él—. Ella quería una boda discreta con sus amigos cercanos y la capilla está repleta. Solo con los pequeños de todas las familias convocadas podría llenarse.

—No podía dejar fuera a los amigos de mi hermano, creo que esperaban tanto como usted esta boda. Son una familia para mí, estoy seguro de que para ella también lo serán.

—Una gran familia —dijo lady Abbott—. ¡Miren está llegando la novia! ¿Y ya saben quién la entregará? El nuevo duque de Richmond, ese joven tan apuesto, pero en extremo callado.

—Solo es callado hasta que entra en confianza, tía.

—Un duque necesita una esposa —aseguró lady Abbott.

—Ni se le ocurra, tía. Theodore no será uno de sus clientes jamás. Él precisa su espacio. El día que se case acontecerá sin ningún tipo de presión externa. Por favor, no lo vuelva su objetivo. Theo necesita sanar muchas heridas.

—Pobre muchacho, ya escuché lo que su padre le hizo. Será una proeza limpiar su reputación. Haré lo que sea para ayudar. —Lady Abbott le guiñó un ojo.

—Sin buscarle una prometida —insistió Edward.

—Por ahora. Dejémoslo adaptarse con calma a esta selva despiadada que es la aristocracia a la que acaba de ingresar.

Cuando Valery hizo contacto visual con él, Edward olvidó todo lo demás.

Solo tuvo oídos para el ministro y los votos.

Suspiró aliviado, al final, cuando escuchó las palabras que los unirían por siempre.

—Los declaro marido y mujer.

La ceremonia fue inolvidable y llena de ternura, como el romance de ambos.

Tras firmar las actas y recibir las felicitaciones de todos, por fin tuvieron un momento a solas antes de abandonar la capilla.

—Te amo tanto, Valery. Voy a cuidarte.

—Oh, querido, también cuidaré de ti. Te obligaré a dormir y a comer como se debe. Te adoro tanto, mi apuesto esposo.

—Luces hermosa, nunca había visto a una novia tan bonita.

Se besaron con premura, con la promesa de un futuro que se veía al alcance de las manos, llenos de ilusión.

—¿Sabes que recuperé las quince mil libras? —recordó y él asintió—. Quiero donarlas para que compres un lugar amplio e instales ahí el asilo privado que planeas abrir.

—No, querida, no puedo aceptarlo. Es para tu escuela. Ya has aceptado cantar en la gala de septiembre a beneficio de Bethlem. Además, apoyas a otras instituciones llevando tu canto. Ese dinero es para tu propio sueño.

—Es mucho dinero. Quiero hacer buen uso de él. Skylark Nook ya echó a andar y gracias a la afluencia de clientes no necesité invertir las libras del premio. Tu asilo será un alivio para quienes necesitan esperanza y una oportunidad para encontrar su lugar en el mundo. Por favor, acéptalo.

—Más que un asilo será un refugio. Eres maravillosa, Valery. Soy muy dichoso por tenerte. Te amo.

—Yo te amo más. —Suspiró y lo miró enamorada—. Hay algo que no hemos tratado. Aún falta decidir dónde viviremos, ¿en tu casa o en la mía?

—Qué dilema —bromeó porque en realidad no era un problema decidir, por fortuna tenían muy buenas alternativas—. Terrible sería no tener ninguna opción. Haremos esto, te dejaré elegir a ti. Podríamos vivir encima de tu escuela de canto o en los altos de mis consultorios.

—Mi ama de llaves es más amable que la tuya —jugó Valery.

—Las dos son formidables, te agradará la mía cuando la conozcas más.

—¿Es urgente elegir? ¿Qué te parece vivir un mes en cada casa y después tomar la decisión?

—Ya sé por dónde vienes. No quieres decirme no, pero…

—Ya adoro Skylark Nook y creo que será más saludable para los niños crecer rodeados de música que de enfermos, médicos y enfermeras… El lado amable es que podrías ampliar los consultorios, contratar más médicos y convertir el edificio en una clínica.

—Creo que me agrada más la idea de tener dos refugios para vivir en Londres completamente nuestros. No necesito más trabajo. Rentar los consultorios de la primera planta está bien; pero no quiero renunciar a Saint Thomas, ni a mis investigaciones en Bethlem, menos al asilo que deseo fundar.

—¿Podrás con todo? También te comprometiste con mi hermano, aunque en esto último puedo ayudar.

Edward, ¿qué tiempo dejarás para mí? Opino que eres un caso serio que requiere estudio, tendré que hablar con el doctor Jackson.

¿Qué diagnóstico recibiría un hombre que trabaja más de lo humanamente posible? Estás obsesionado con tu profesión.

—Quizás deba reorganizar mis prioridades, ahora que estoy casado. Lo meditaré —dijo pensándolo seriamente y se rascó la cabeza. Quería aprovechar todo el tiempo que pudiera al lado de Valery.

—Tal vez.

—Mi matrimonio y la familia que formaré contigo será lo más importante que tendré en la vida de hoy en lo adelante. Lo juro. ¿Te cuento un secreto?

—Cuéntamelo —inquirió muy interesada.

Él la miró con el deseo titilando en la superficie de sus ojos. Se le acercó y le susurró al oído con complicidad.

—Ahora solo estoy obsesionado con una cosa: con nuestra noche de bodas y todo lo que haremos en la luna de miel.

Ella se estremeció con el sonido de su voz tan cerquita. Negó sobrecogida, feliz. Le rodeó el cuello con sus brazos y le robó un beso muy indecente.

El corazón de Valery eligió a quien amar, y fue una suerte que resultó ser correspondida con la misma efusión.

Edward sería la compañía perfecta. Por fortuna, no solo cumplía con todos sus requisitos, sino que los superaba con creces.

Como una vez dijo Frederick:

Los que más se resisten o se creen inmunes al amor, son los desgraciados que caen más fuerte.

Oh, sí. Tarde o temprano le llegaría el turno al Highlander de morder el polvo.