Entre sombras y huellas (Agente Anthony García 1)
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PRÓLOGO
En Quantico, Virginia, el agente especial Arthur Truman, experto en perfiles, impartía una clase sobre el comportamiento de los homicidas, el modus operandi y el tiempo entre un crimen y otro en los casos de asesinos en serie.
Explicaba por qué las evidencias dejadas por el criminal o la falta de estas, junto con el análisis de su conducta, son los elementos esenciales para perfilar con la mayor probabilidad de acierto.
Citaba ejemplos clásicos: Ted Bundy, el Hijo de Sam, el Asesino del Green River, el Francotirador de Manhattan y, en fechas más recientes, el Asesino del Reloj.
Todos ellos podían haberse perfilado basándose en las evidencias, aun sin testigos que suministraran rasgos físicos; bastaba con el conocimiento de crímenes parecidos, las características de la conducta del psicópata o sociópata y los elementos internos y externos que originaron tales actos.
—Reúnanse en equipos de tres personas —indicó Truman a los alumnos—.
Van a perfilar a uno de los criminales que he enumerado.
Ahora resulta más fácil porque ya conocemos a los homicidas, pero deben indicar si con la evidencia del caso, los cuerpos y el modus operandi , era posible establecer el perfil del perpetrador.
Deben explicar los razonamientos, los argumentos y qué otros posibles perfiles se hubieran podido establecer partiendo de estos.
Son diez equipos —agregó—. Recomiendo que cada asesino sea analizado por dos grupos.
—Agente especial Truman —consultó uno de los alumnos—. El Asesino del Reloj daba lugar a considerar que estaba obsesionado con el tiempo. Eso de pintar relojes en los brazos de las víctimas, ¿no le parece?
Esbozando una sonrisa, el agente Truman respondió:
—Ese caso está entre los propuestos y lo de los relojes tenía un significado importante.
Fue resuelto —agregó— por un pupilo mío: el agente especial Anthony García.
Su capacidad de observación, deducción y análisis le permitió perfilar con gran exactitud al asesino, y esa habilidad especial que tiene para proyectar el comportamiento de este a futuro, nos permitió capturarlo sin que ejecutara a su última víctima, que ya estaba casi en el momento preciso.
Linda Macarty, una de las mejores estudiantes, intervino:
—Según lo que he leído sobre el caso y el agente Anthony García, y siendo que el proyectar el comportamiento del asesino se deriva del perfil, entiendo que lo que hace especial al agente García son dos puntos: primero, su memoria, y segundo, cómo enlaza cada evidencia con la escena del crimen e intuye si son o no relevantes y si fueron plantadas o son verdadera s .
»Como en el caso que comentamos, los relojes pintados no eran relevantes para determinar las próximas víctimas.
Se podía pensar que era su marca y que los relojes enviaban un mensaje, pero su marca y mensaje eran otros, y eso lo descubrió el agente Anthony García.
Los relojes eran solo el estigma del asesino y él también lo descifró.
—Creo que es todo eso y más —dijo Jonathan Grey García, primo lejano de Anthony—.
En realidad, no he tenido mucho contacto con él, pero mis hermanos sí, y me cuentan que cuando eran pequeños no fue fácil jugar con Anthony ya que siempre ganaba y resultaba asombros o .
Observaba cosas que los demás ni siquiera habían visto; recordaba dónde y cómo estaban ubicadas las cosas.
Jugaban a que descubriera qué se había movido en una habitación, y hasta en dos, y él solo al entrar y observar lo sabía, pero además indicaba quién lo había movido.
Sin duda es un sexto sentido, y por lo que he leído ya ha resuelto varios casos.
—Excelente intervención de los tres —indicó el agente Truman y agregó:
—Ya tenemos un equipo que seleccionó al primer asesino para el perfil. Smith, Macarty y Grey trabajarán juntos en el caso del Asesino del Reloj.
Lo que no saben los presentes es… que el agente Anthony García se enfrentaba a uno de los casos más complejos que había tenido a lo largo de su carrera, parecía ser otro asesino en serie, pero resultó ser un maestro del engaño, una mente criminal brillante que lo hacía dudar de sus cualidades.