Entre Rosas y Sueños
© inepub.com
Prólogo
(D)
Volver a Florencia no estaba en mis planes. Solo me recordaba mi propia infelicidad. Lo poco bienvenido que era aquí. Pero, por desgracia, seguía en las retorcidas manos de mis padres, como un títere a su merced y lejos del único futuro que era capaz de imaginar.
Odiaba esto.
Odiaba a ese maldito grupo de millonarios al que mi familia pertenecía, odiaba que la sociedad los adorara, odiaba el maldito Don que mi madre me había traspasado. Pero sobre todo, odiaba a mi familia.
Sabía que ellos me odiaban tanto como yo a ellos.
Aun así, por alguna razón, decidieron que lo mejor para mí era presentarme de nuevo ante La Élite en vez de dejarme estar lo más lejos posible.
Ambos saldríamos ganando, yo los perdería de vista y ellos no volverían a ver al hijo que nunca quisieron tener.
Pero diez años después vuelvo a estar aquí, sin saber cuándo podré volver a alejarme de este mundo.
Aunque, por suerte, hasta el siguiente año no me incorporaba a esos absurdos eventos de esa estúpida gente rica, en los que solo querían demostrar quién era el que tenía más dinero.
Todo eran apariencias, porque de poco servía el dinero si estabas podrido por dentro.
En esos meses haría lo posible por salir de aquí, lo que no imaginaba era que, nada más llegar, mi idea cambiase.
Encendí un cigarrillo mientras esperaba a que mi hermano viniera a recogerme.
En cuanto desvié la vista, mis ojos captaron por accidente una mirada café tan intensa que no dejé de pensar en ella todo el día.
Sabía que los ángeles no existían, pero si lo hicieran, sin duda lo más cercano a ellos sería esa chica.
Era perfecta. Su pelo castaño bajaba como una cascada sedosa, su caminar confiado la hacía parecer dueña del mundo y esa intensa mirada haría que cualquiera cayera rendido a sus pies.
Sin quererlo, me obsesioné con ella. Lo que pensaba que sería un día tonto se convirtió en semanas, y las semanas en meses en los que, a la caída del día, mi mente parecía viajar a sus sueños.
No sabía quién era ni por qué la noche me conectaba con ella, pero estaba dispuesto a recorrer el mundo entero tan solo para volver a verla.