Entre el orden y el caos Epílogo
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Epílogo

Dos meses después

—¿Qué? —pregunta Sloane cuando Jenna, apoyada sobre el codo, se queda mirando el tocador de su habitación.

—Nada, es que…

Jenna se detiene un momento y se aprieta los labios con los dedos para no reírse mientras mantiene la mirada fija sobre el mueble.

No es la primera vez que viene al apartamento de su jefa, pero sí la primera que Vivianne no estaba y han terminado en la cama de Sloane. Cuando han entrado en la habitación, Jenna estaba muy ocupada manteniendo la boca pegada a la de su jefa mientras le quitaba la poca ropa que le quedaba puesta.

Después se ha ocupado de su cuerpo, de lamer cada centímetro de piel desnuda y de mirarla con atención mientras Sloane se corría.

Luego ha sido su turno y lo máximo que Jenna ha podido ver ha sido el blanco impoluto de las sábanas cuando su jefa la tenía en cuatro sobre el colchón mientras la penetraba de forma rítmica y perfecta con el arnés, pero ahora que han terminado, Jenna puede centrarse en la habitación, y si la obsesión por el orden de Sloane es evidente en su mesa de trabajo y en el salón de su apartamento, en la habitación le resulta desconcertante.

—¿Solo los ordenas por tamaño? —pregunta señalando los frascos de perfume—. ¿O también lo haces por colores cuando te estresas?

—¿Es una pregunta seria o te estás riendo de mí?

Jenna tuerce una sonrisa y se levanta de la cama —desnuda— colocándose a los pies mientras Sloane trata de centrarse en lo que ha dicho y no en su cuerpo.

—¿Puedo abrir tu armario? —pregunta Jenna señalando el mueble.

—Vale, te estás riendo de mí —confirma Sloane, colocando los brazos detrás de su cabeza mientras la mira.

—No me río, amor —dice Jenna, pero sus labios la traicionan—, quiero decir, que sabes que respeto tus manías, pero por favor, déjame mirar —añade suplicante.

Sloane sonríe y le hace un gesto con la cabeza señalando el armario, y Jenna no tarda ni un segundo en plantarse delante y abrir la primera de las puertas.

—Joder —dice, levantando las cejas antes de girarse hacia Sloane—. Si algún día vivimos juntas, te prometo que no me enfadaré si ordenas mi lado del armario.

La carcajada de Sloane resuena por la habitación mientras Jenna abre el resto de las puertas.

No solo tiene doblada la ropa de forma impecable, sino que está colocada por tonos y en todas las estanterías hay una pegatina blanca pegada en el borde —centrada con una exactitud impresionante— con el nombre del tipo de prenda que corresponde a cada sitio.

—Las puse cuando Vivianne se mudó aquí —explica Sloane—, con la esperanza de que deje las cosas en su sitio cuando le toca hacer la colada.

—¿Y funciona?

Jenna se gira y vuelve hacia la cama.

—Cierra la puerta —dice Sloane antes de que llegue.

Jenna se detiene en seco, divertida, y regresa al armario para cerrar la puerta antes de regresar y sentarse junto a ella.

—¿Funciona? —repite Jenna.

—No, con Vivianne nada funciona. He optado por decirle que me deje la ropa sobre la cama para poder guardarla —confiesa Sloane.

Jenna se inclina hacia ella y la besa despacio, acunando su mejilla con la mano.

—Incluso tu obsesión por el orden me resulta atractiva —susurra contra sus labios.

—No creo que digas lo mismo cuando pases varios días seguidos conmigo.

—Estoy segura de que lo diré. ¿Segura que Vivianne no puede volver antes? —pregunta Jenna.

—Segura. Va a estar tres días en Chicago, así que no vuelve hasta pasado mañana.

—Últimamente la hacen ir mucho, ¿no? ¿Hay algún problema? No será nuestro proyecto, ¿verdad? Hemos trabajado como bestias y si no pasa nada, lo entregaremos el mes que viene cumpliendo con los plazos que negociaste.

Sloane sonríe y niega con la cabeza.

—No tiene nada que ver con nuestro proyecto.

Lo único que puedo decirte es que las reuniones son con el director de operaciones porque parece que quieren hacer algunos ajustes estructurales —dice, pero omite lo que le dijo su hermana tras una de las primeras reuniones que tuvo por este tema, que tenía que ver con un ajuste de personal, aunque sin más datos, Sloane prefiere no preocupar a Jenna.

—Bueno —dice Jenna—, pues si tu hermana no va a volver, supongo que no hay ninguna razón para tener prisa en salir de esta cama.

—No, no hay ninguna —confirma Sloane, llenando sus pulmones de aire con brusquedad cuando Jenna tira de la sábana hacia abajo.

—Genial, porque quiero probar ese arnés contigo.

Sloane siente un ligero temblor entre las piernas que hace que su labio inferior tiemble un poco antes de asentir y atraer a Jenna para besarla.

Cuando terminan de nuevo, se quedan en silencio.

Sloane está medio dormida y Jenna muy despierta mientras la observa.

Sonríe, le aparta un mechón de pelo de la frente y decide que no quiere cerrar los ojos, porque en su apartamento no puede permitirse esto, verla con la expresión relajada y la serenidad con la que respira.

Desde que decidieron estar juntas, Sloane no ha vuelto a quedarse a dormir en el apartamento de Jenna.

Suele ir muchas tardes cuando salen de trabajar, a veces tienen sexo y otras solo se limitan a compartir su tiempo, a seguir conociéndose mientras Jenna hace la cena y Sloane pone la mesa, colocando los cubiertos, la jarra de agua y las servilletas con una precisión milimétrica que hace que siempre sobren los mismos espacios por cada lado.

Determinaron que no podían cocinar juntas hace semanas, que tenía que hacerlo una u otra, porque Sloane siente ansiedad cuando Jenna invade todos los espacios en cuestión de segundos y, en lugar de centrarse en cocinar, solo puede hacerlo en recoger o lavar todo lo que ya ha utilizado.

Jenna disfruta esos momentos con ella cada vez que están juntas, pero le gustaría poder tener sexo sin que Sloane se ahogara de ansiedad en cuanto acaban.

Por eso es tan feliz ahora mismo, porque puede estar con ella después de compartir ese momento tan íntimo, y ha decidido que va a rezar mucho para que Vivianne encuentre un apartamento que le guste de una maldita vez, así podrán pasar más tiempo aquí, donde Sloane encuentra la calma que necesita para poder relajarse y donde Jenna quiere estar siempre que pueda.