Enter (Crossing 1)
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Chapter 4
I
Laura
Todo parece empezar de nuevo, como si el mundo renaciera poco a poco y comenzara a caminar con unos pies que jamás ha utilizado antes.
La gente va con cuidado e interactúa todavía con algo de miedo, aunque hay un punto de conmoción en cada reencuentro que se da.
Paseas por la calle y cada dos metros terminas sonriendo, contagiado por la emoción de todo aquel que ves abrazar a otro, como tú mismo también haces.
Porque sienta bien poder volver a tener contacto con la gente después de lo sucedido.
Sienta de maravilla tener de nuevo trato directo con familiares y vecinos, y saber que muchos de ellos siguen ahí, a pesar de lo sucedido durante estos meses.
Y ríes incluso con gente con la que tampoco tenías mucho trato, y otros te consuelan por tus pérdidas, y tú haces lo mismo con ellos.
Quien más, quien menos, hemos tenido algún fallecimiento a causa del maldito virecol, pero la vida sigue haciéndose camino y todo, como decía al principio, parece empezar de nuevo.
Me gustaría pensar que para mejor, pero el ser humano suele sorprenderme y no para bien precisamente.
—Pero podríamos quedarnos con su habitación cuando ella esté aquí —insiste Gordon mientras su hermana gemela le da varios codazos seguidos disimuladamente, instándole a que siga insistiéndonos.
—A mí no me importa —asegura Noelia, siempre tan comprensiva con todos sus hermanos. Se agacha para hablar con ambos a su altura—. Si prometéis dejar que me quede allí cuando vaya por casa, podéis usarla en mi ausencia.
Los dos pequeños empiezan a saltar, más que emocionados por haberlo conseguido.
Nuestra hija mayor vuelve a levantarse y me mira, encogiéndose de hombros con una sonrisa sincera.
Es demasiado buena, algo que le ha hecho llegar a la Universidad de Cambridge antes de tiempo.
Sí, es cierto, también tiene que ver que tenga una inteligencia muy superior a la del resto y que durante la pandemia por el virecol ayudara con sus avances a que todo pudiera restablecerse en un tiempo absolutamente demencial por lo rápido que fue, pero aquello no habría sucedido si no llega a estar trabajando en ello para proteger de forma altruista a la humanidad.
Diecisiete años acaba de hacer nuestra pequeña.
—Esto es muy bonito, ¿verdad? —me dice Seelie, agarrada a mi brazo casi desde que salimos de Solus Blithe.
—Yo también quiero venir a estudiar aquí cuando sea mayor —me dice Gilbert a mi otro lado, colgado del brazo que su hermana no agarra.
—Todavía queda tiempo para eso —le aseguro, acariciando su suave pelo ondulado, muy parecido al de su padre.
Ninguno de los cuatro ha empezado todavía las clases en el colegio y hemos aprovechado para venir toda la familia a acompañar a Noelia hasta Cambridge y ayudar a que se instale en su habitación.
Por seguridad, le han dado una individual, bastante amplia y con vistas a la calle principal, aunque estas dos últimas cosas no creo que sean por seguridad, sino por deferencia.
Desde que ha llegado, no ha dejado de recibir felicitaciones de gente que no conoce de nada.
Todos parecen saber quién es nuestra hija y qué es lo que ha hecho; no puedo sentirme más orgullosa de ella.
Jorge entra en la habitación con rostro serio hasta que sus retinas reciben las imágenes de todos nosotros y sus labios entonces vuelven a sonreír. Había ido a terminar de hacer el papeleo mientras ella acababa de instalarse en su dormitorio, pero parece que la parte burocrática está ya lista.
La emocional… No tanto.
—¿Necesitas algo más, tesorito? —pregunta a su hija, a la cual abraza con fuerza.
—Que me dejes respirar —se queja Noelia, intentando que la suelte un poco al menos.
Su padre sonríe y se separa algo de ella, aunque sin apartarse todavía del todo. Acaricia su melena rojiza y la mira con ojos orgullosos.
—Si necesitas cualquier cosa…
—Papá, voy a estar bien, de verdad.
—Pero si, por lo que sea…
Noelia me mira un instante, sonriendo, y vuelve a mirar a su padre.
—Os llamaré todos los días —le promete.
—¿Podemos venir algún fin de semana? —me pregunta Gilbert.
—Claro, pero no podemos estar interrumpiendo a vuestra hermana cada poco —le respondo—. Ella ahora necesita concentrarse para estudiar mucho.
—Entonces no tendrá tiempo para estar con Ryan —apostilla Seelie, mencionando al novio de su hermana, el cual consiguió una beca para venir a estudiar este mismo curso con ella por los mismos motivos.
Ambos fueron los creadores del sistema que permitió a la gente desplazarse de forma virtual sin salir de sus casas, evitando ponerse en peligro, con lo cual, las muertes se minimizaron de forma considerable y los científicos pudieron avanzar en la vacuna de manera segura.
Antes del confinamiento, ambos se habían hecho buenos amigos, aunque ya se advertía que entre ellos había algo más.
Después de todo lo vivido, quisieron darse una oportunidad.
Son muy jóvenes, pero nuestra Noe siempre ha tenido las cosas muy claras.
Y pensar que se cayeron fatal cuando se conocieron…
Qué vueltas más hermosas da la vida.
—Noe y Ryan van a darse besitos —comienzan a tararear Gordon y Keite, los gemelos, que siempre se divierten intentando picar a su hermana mayor.
Saben que ella jamás va a ofenderse por nada que digan y se aprovechan un poco de eso.
—Papá, no les hagas caso —le pide precisamente ella a Jorge, intuyendo que ese es un tema que no le hace excesiva gracia, aunque lo lleva mejor de lo que todos pensábamos—. Hemos venido a estudiar y es lo que vamos a hacer.
Su padre le dice algo en bajo para que sus hijos más pequeños no puedan escucharlo y Noelia se echa a reír, volviendo a mirarme de reojo, creo que intentando pedirme ayuda.
Y puedo suponer lo que mi preocupado marido estaba tratando de decirle a nuestra hija adolescente.
—¿Para mí no hay abrazo? —pregunto yo, yendo hacia ella.
Jorge no tiene más remedio que soltarla, aunque sé que luego volverá a acercarse y nos costará un mundo arrancarlo de aquí. Mientras tanto, me deja espacio para ser yo quien abrace a nuestra niña, a la cual escucho darme las gracias en bajo, haciéndome sonreír.
—¿Estaréis bien? —me pregunta ella mientras sus hermanos aprovechan para subirse encima de su padre, que ahora ríe a carcajadas con el cariño que siempre recibe de todos ellos.
—No te preocupes. Tú estudia mucho y diviértete un poquito más —le digo, bajando el tono al final de mi frase, provocando en ella una amplia sonrisa.
—No me irás a querer dar tú también una charla ahora, ¿no? —susurra ella.
—No necesito hacer eso porque sé que, si tienes cualquier duda, me lo preguntarás.
Noelia asiente repetidas veces con una hermosa sonrisa en sus labios.
—Creo que lo haré —vuelve a susurrarme de forma cómplice.
Nuestra niña se está haciendo mayor tan deprisa que desearía parar un instante el tiempo para tratar de acostumbrarme a todo esto.
—Tu madre estaría muy orgullosa de ti, cariño —le digo, volviendo a abrazarla una vez más.
Y ella comprende. Asiente, mirándome en silencio y agradeciendo esas palabras. Porque sí, es cierto que nuestra Noelia ha crecido con nosotros, ya que perdió a su madre hace más de diez años, pero hemos intentado siempre hablar de ella con todo el cariño que hemos podido.
Que Claudia nos intentara hacer la vida imposible a nosotros dos no significa que su hija no pueda recordarla con amor.
—Estaría intentando cambiarme a una habitación que estuviera cerca del alumno más rico de Cambridge y entablando más que una amistad con el mismísimo rector.
Su acertado comentario me provoca la risa, aunque intento no hacerlo de forma demasiado escandalosa. Noelia era pequeña cuando Claudia falleció en aquel accidente que por poco le cuesta la vida también a su padre, pero creo que la llegó a conocer más que bien en ciertos aspectos.
Siempre ha sido muy lista para todo.
Su padre vuelve a agarrarla y a abrazarla, no pudiendo aguantar más.
Nuestros hijos ríen con aquello, sabiendo que su padre los adora y lo está pasando realmente mal con esta separación temporal.
La propia Noelia me está diciendo con los labios que cuide de él; sabe que nos esperan días duros a todos nosotros, con Jorge suspirando por las esquinas al extrañarla como sabemos que lo hará.
—Cariño, tenemos que irnos —le digo a mi marido, intentando que deje de asfixiar a nuestra ya no tan pequeña hija.
Él comprende al fin. Se separa lentamente de ella, carraspeando un poco, algo perdido en una situación así. Las emociones le están abrumando y se le nota demasiado. Si esto le hubiera pasado hace años, cuando todavía no sabía lidiar con ellas, no sé qué habría sucedido.
Y mientras estamos con la última ronda de abrazos, alguien llama a la puerta. Noelia se apresura a ir hacia allí, intentando ocultar que está como loca de contenta porque creo que ya sabía quién llamaba antes de ver quién está al otro lado.
Cuando nuestros hijos ven a Ryan allí esperando, con sonrisa amable y ojos enamorados, se lanzan a sus brazos, evitando de forma indirecta que él y nuestra hija puedan siquiera saludarse.
—Dejadle ya, que vais a rompérmelo —se queja Noe.
Y todos hemos escuchado claramente aquel matiz que indica una ficticia pertenencia.
Sus hermanos ríen mientras su padre frota su propia cara, intentando tranquilizarse, aunque veo que una ligera sonrisa se asoma en sus labios a continuación.
Viene hacia mí y posa su brazo sobre mis hombros, dándome un beso en la sien.
Ambos entonces observamos la escena en la que Noe y Ryan están hablando tímidamente mientras el resto de nuestros hijos brincan a su alrededor, demandando atención de los dos.
—Creo que ya es hora de irse —dice ahora mi marido, con un suspiro final.
Me giro hacia él y agarro su rostro con una de mis manos, acercándolo a mí y besando sus apetecibles labios antes de contestar.
—Venga, vamos.
Jorge