Enigma En Maldon El Punto De No Retorno
96%

El Punto De No Retorno

Anastasia condujo hasta Frinton a una velocidad temeraria.

Cuando llegó, el corazón se le hundió.

La puerta de la casa de Jack estaba destrozada.

Entró con el arma desenfundada.

Silencio.

La planta baja había sido completamente registrada. Los cajones abiertos. Los muebles volcados. Ninguna señal del anciano.

Subió las escaleras lentamente.

Cada habitación estaba vacía. Entonces se acercó a una ventana.

Y los vio. Tres hombres cruzaban el jardín. En el centro caminaba un rostro que jamás habría podido olvidar. El jefe operativo del GRU en Londres.

El hombre que años atrás había supervisado parte de su entrenamiento. Anastasia dejó escapar apenas un susurro.

—Mierda...

Respiró profundamente.

Extrajo la segunda pistola.

Toda emoción desapareció.

Ya no era la mujer enamorada de Kevin. Volvía a ser la mejor operativa que Moscú había enviado al Reino Unido. Y sabía perfectamente que, para salir con vida de aquella casa...primero tendría que matar.

La puerta de la planta superior fue derribada con violencia y los tres operativos irrumpieron en la estancia listos para abrir fuego.

No obstante, se vieron obligados a congelar sus movimientos y levantar los brazos al descubrir a Anastasia sentada firmemente en un sillón orejero, apuntándoles directamente al pecho con ambas pistolas automáticas.

Ante la firmeza de su pulso, dos de los sicarios dejaron caer sus armas al suelo de madera.

—No cometas una estupidez, Anastasia... —sentenció el jefe de la célula, intentando mantener la calma—. ¿Qué pretendes demostrar con esto? Todavía puedes volver.

—Solo somos herramientas prescindibles —repuso Anastasia.

—Hace diez años juraste servir a Rusia.

—Hace diez años todavía creía en vosotros.

Anastasia se tomó una pausa y preguntó.

—¿Quién firmó la orden para liquidarme?

—La orden es llevarte viva.

—Mientes—replicó ella.

Mientras los dos operativos fornidos permanecían inmóviles con las manos en alto, el encargado de la célula intentó avanzar lentamente.

Anastasia percibió sus intenciones.

Durante una décima de segundo recordó las interminables horas de entrenamiento junto a él.

Después apretó el gatillo.

Dos impactos fulminantes atravesaron el cuerpo del oficial: uno en la frente y otro en la base del cuello.

A pesar de la baja de su líder, los otros dos agentes aprovecharon la décima de segundo para actuar. Uno de ellos recogió su arma y disparó sobre ella.

La bala le rozó el brazo izquierdo, arrancándole un grito de dolor.

Se desencadenó un feroz forcejeo cuerpo a cuerpo.

Anastasia logró fracturar la nariz de uno de los atacantes y repeler las primeras embestidas con solvencia técnica, pero la disparidad de fuerza física terminó imponiéndose.

Un impacto seco y contundente con la culata de un arma en la zona occipital de su cráneo la sumió instantáneamente en la más absoluta oscuridad.

◆◆◆

Despertó horas más tarde con una cefalea punzante y el sabor metálico de la sangre en la boca.

Al intentar moverse, constató que se encontraba maniatada de pies y manos, confinada en el suelo de una estancia en penumbra.

El olor a humedad y la estructura de hormigón sugerían que la habían trasladado a las instalaciones de un complejo industrial abandonado.

Forcejeó contra las ligaduras de nylon, pero los nudos profesionales no cedieron un ápice.

Tres siluetas se recortaron en el umbral, aproximándose a pocos metros. Uno de los captores le proyectó el haz de una potente linterna táctica directamente a los ojos, impidiéndole identificar sus rostros con nitidez.

—¿Eres consciente del destino que te aguarda? —escupió una voz ronca desde la penumbra.— La mejor agente que el GRU envió jamás a Europa.… Qué decepción Ivanova.

Anastasia no se rebajó a responder; se limitó a clavarle una mirada cargada de un odio absoluto.

—Moscú decidirá cuánto tiempo sigues respirando.

—Vete al demonio —le espetó ella, escupiéndole una mezcla de saliva y sangre directamente en mitad del rostro.

La respuesta del operativo fue un puñetazo brutal y seco en la boca del estómago. Anastasia se encogió sobre el suelo de hormigón, ahogando un gemido mientras el aire se le escapaba de los pulmones en una oleada de dolor lacerante.

—Manténganla viva—ordenó el agresor a los guardias restantes mientras se limpiaba la cara con el dorso de la mano.

Anastasia recurrió mentalmente a cada técnica de evasión que había aprendido durante años de entrenamiento.

El agotamiento terminó por vencerla.

Cuando despertó después de dos horas se encontraba sola, sus ex camaradas se encontraban afuera. Intentó liberarse de las ataduras, pero sólo avanzó muy poco.

Anastasia escuchó que la puerta del cuarto se abría, pensó que había llegado el momento de la ejecución. Intentó nuevamente librarse de las ataduras, pero no lo consiguió.

En la oscuridad de la habitación, el hombre se paró frente a ella en silencio y le iluminó el rostro con una linterna.

Anastasia lo insultó ― Me estás gozando antes de matarme, maldito―gritó con toda la fuerza que le quedaban.

― Hola, Anastasia.

Anastasia entrecerró los ojos y vio un rostro conocido en penumbras.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló. Les bastó una mirada para comprender que los dos sabían cómo terminaría aquello.

― Viktor, ¿Eres tú?

― Sí.

Anastasia lo reconoció al instante.

Durante años había sido el miembro más joven de su equipo en Moscú.

Siempre había visto en ella a la mejor agente que había conocido.

― La estás pasando mal, ¿verdad?

― Si, mucho peor de lo que imaginaba. ¿Cómo estás aquí?

― Me designaron para tu reemplazo. Nunca pensé que acabaría viéndote así.

—Yo tampoco pensé que te encontraría al otro lado.

Silencio

―Si me van a matar, ¿por qué tardan tanto en hacerlo?

—No tienen prisa por matarte.

Hizo una pausa y continuó.

—Primero quieren capturar al hombre con el que huiste. Después os ejecutarán a los dos.

—Él no vendrá.

—Los dos sabemos que sí.