Capítulo 12
Nate
Oírla decir que me ama me confirma que tomé la decisión correcta. A partir de ahora, solo puede haber una mujer para mí: Chloe. Sin ella, no tendría nada de todas formas. Así que esta es la única manera de estar con ella.
La abrazo, con su cabeza apoyada en mi pecho y nuestras piernas entrelazadas.
Se quedó dormida hace quince minutos y sé que debería contarle lo que hice, pero ya hablaremos por la mañana.
Mi móvil suena otra vez.
—Joder —maldigo en voz baja mientras estiro el brazo para bajar el volumen.
—¿Quién sigue llamándote? —pregunta ella.
¡Joder!
—Vuelve a dormir, cariño. Te lo cuento por la mañana —digo en voz baja, esperando que esté lo bastante cansada como para volver a dormirse.
Se gira y apoya el codo en la cama mientras me mira fijamente.
—Por favor, dímelo ahora.
Suspiro. No quiero decírselo, pero tampoco puedo mentirle.
—Tuve una pelea con Connor.
Abre los ojos de par en par y me planteo callarme el resto, pero no quiero empezar esta relación con una mentira.
—Después renuncié al equipo.
—¡¿Qué?! —Sacude la cabeza.
—Tuvimos una pelea.
Se incorpora en la cama.
—Eso me da igual. Connor sabe cuidarse solo. ¿Cómo que has renunciado al equipo? No puedes renunciar. Te encanta.
Me apoyo en los codos.
—Connor me está dando todo tipo de problemas porque sabe que te quiero. Así no puede usar su posición para separarnos.
—¿Su posición? —Frunce el ceño.
—Sí. Connor es el capitán y el favorito del entrenador. Lo usó para amenazarme.
—Así que renunciaste —susurra.
—Renuncié.
—Ah, no, eso sí que no.
Agarra mi móvil y me lo planta en la cara.
—Dame el código.
—¿Qué haces?
—Recuperarte el trabajo que amas. No vas a renunciar por mi culpa.
Niego con la cabeza y le quito el móvil de las manos.
—Puedo jugar en otro equipo. Más cerca de ti. Hablaré con el entrenador de Boston.
Es una idea genial.
—Te encanta Nueva York. No pienso dejarte hacer esto. Puedo buscar un estudio de arte cerca de ti.
Intenta quitarme el móvil otra vez.
—Te quiero más a ti —digo, sujetándole la cara con las manos.
Un escalofrío la recorre.
—Y ya está hecho. Lo hice por nosotros.
—Escucha los mensajes —suplica—. Solo escucha lo que dicen. No puedo dejar que renuncies a la carrera y al equipo que tanto te gustan.
—Ya lo he hecho.
—Nate... Escucha las llamadas ahora mismo o te dejo.
Intenta poner cara de enfadada, pero sigue estando jodidamente guapa.
—No, no lo harás. Me quieres —digo, tirando de ella hasta tenerla desnuda encima de mí.
Se sienta a horcajadas sobre mis muslos y se me pone dura cuando sus tetas se aprietan contra mi pecho.
—Esto es un momento serio y la tienes jodidamente dura.
Me río.
—Es lo que me provocas.
Su expresión se vuelve triste cuando yo quiero que siga siendo juguetona.
—No quiero ser la razón de que todo el mundo me odie. El equipo, los jugadores. Tus fans. Es demasiado, Nate. No quiero que acabes odiándome dentro de unos años, cuando te arrepientas de todo.
Un golpe en la puerta hace que nos miremos.
—¿Esperas a alguien? —pregunto mientras se zafa de mis brazos.
Niega con la cabeza.
—A lo mejor es mi jefe.
Coge sus pantalones cortos de pijama y se los pone. Suena otro golpe mientras me pongo la camiseta.
—Abre la puerta, Chloe. Soy yo.
—Es Connor —susurra.
—No pienso cambiar de opinión —digo—. Chloe, tienes que luchar por nosotros.
Me agarra de los brazos para que no me aleje.
—Lo haré.
Se pone de puntillas y me besa en los labios.
—Confío en que harás lo correcto.
Le cojo la mano mientras caminamos juntos hacia la puerta.
—Es real —dice Connor media hora después.
Su voz es una mezcla de asombro e incredulidad.
—Lo es —decimos Chloe y yo a la vez.
Aprieto la mano de Chloe mientras dice:
—Tienes que aceptarlo o nos perderás a los dos.
—Chloe...
—No, Connor. Sé que eres el mejor hermano del mundo. Sé que pagaste mis estudios. Sé todo lo que has hecho por mí. De verdad, te estoy muy agradecida, y sé que nunca podré devolvértelo.
—No quiero que lo hagas —dice Connor—. Lo hice porque podía permitírmelo y nuestros padres no. Nunca he esperado que me lo devuelvas.
—Yo te lo devolveré —le digo a Connor.
—Tampoco quiero tu dinero. Quiero que mi hermana sea feliz. —Connor niega con la cabeza, y estoy seguro de que cierra los ojos porque está intentando contener sus emociones. Al fin, los abre—. ¿Cómo puedo impediros que estéis juntos?
Acaricio la palma de Chloe con el pulgar, intentando tranquilizarla.
—No puedes —dice ella.
—Me refiero a... ¿Cómo voy a hacerlo cuando os veo juntos?
Nos está aceptando.
El corazón me late con fuerza contra las costillas.
—¿De verdad? —Chloe vacila, mirando a su hermano—. ¿Estás diciendo que te parece bien?
—Difícilmente puede negaros esto cuando él tiene sus propios problemas —dice Oscar, arqueando una ceja como si tuviera mucho más que decir.
Connor gruñe antes de volverse hacia mí.
—Deberías haber cogido mis llamadas.
—Nunca habría cambiado de opinión, dijeras lo que dijeras —respondo—. Ella es más importante que el hockey.
—Lo entiendo, pero aun así puede ser lo segundo más importante —dice Connor—. No te daré más la lata.
—¿Lo prometes? —dice Chloe con voz suave, como si solo ahora se diera cuenta de que lo dice en serio.
—Lo promete —dice Oscar—. Eres su hermana pequeña, Chloe. Tienes que aceptar que para él es difícil de ver. Nate no solo es su mejor amigo, sino que además te lleva diez años.
—Y no puedo imaginar amar a nadie más. —Su voz se quiebra un poco—. Es el único hombre al que he querido.
Connor me mira en silencio antes de decir al fin:
—Más te vale tratarla bien. Si me entero de que alguna vez le haces daño, te rompo las rótulas y no vuelves a jugar en ningún equipo.
—¡Connor! —grita Chloe—. Deja de hacer el matón.
—No soy ningún maldito matón. Soy tu hermano y le haré daño a cualquiera que te lo haga a ti. Lo sabes. Nate no es especial en ese sentido.
Me río.
—Nunca le haré daño. Pienso pasar el resto de mi vida con ella porque sé que no quiero estar ni un solo día sin ella.
—Vaya —dice Oscar—. Eso suena bastante permanente.
Me vuelvo hacia Chloe y sonrío.
—Porque lo nuestro es para siempre, ¿verdad, cariño?
Asiente y me devuelve la sonrisa.
—Lo es.