Enganchando al mejor amigo de mi hermano (Serie de hockey Discos picantes nº 2) Capítulo 3
23%

Capítulo 3

Nate

—¿Tuya?

—pregunta ella.

Sonrío.

He necesitado mucha paciencia para esperar a que Chloe alcanzara la mayoría de edad y desarrollara la madurez emocional para desearme.

Y sé que lo hace; he visto el brillo en sus ojos cuando me busca, estemos donde estemos.

Capto cómo recorre la habitación con la mirada.

Y observo cómo se estremece cuando me acerco.

Lo veo porque siento lo mismo.

Y ahora es el momento de hacerla mía.

Cumplió dieciocho años hace un año, pero su hermano dijo que estaba en plena época de exámenes. Así que la dejé tranquila, pero ahora he perdido la batalla contra mi propia voluntad en lo que respecta a Chloe.

No sé cómo voy a lidiar con su hermano Connor, pero estoy listo para dar el paso, esté ella preparada o no.

Me fijé en su apresurada salida de la fiesta de bodas cuando me vio acercarme.

Sin embargo, no pude evitar observar la mirada anhelante que me dirigió cuando ocupé mi lugar como padrino. A pesar de su huida, sabe que es mía.

—Eso es lo que he dicho, Chloe.

—Doy un paso adelante.

Se muerde el labio inferior con anticipación nerviosa, y abre los ojos de par en par mientras me acerco una vez más.

De repente, esboza una sonrisa que deja entrever unos hoyuelos en sus mejillas sonrojadas.

Le bajo la cremallera del vestido por la espalda y dejo al descubierto sus pechos perfectos. Los contemplo un momento antes de mirarla a los ojos.

—¿Estás segura de esto?

Cuando asiente, me inclino y le chupo un pezón erecto mientras ella me desabrocha los pantalones y, antes de darme cuenta, me está acariciando el miembro. Su piel suave es como seda mientras la mano sube y baja. Se detiene en la corona y desliza el pulgar sobre la hendidura.

Le clavo los dientes en la carne y me estremezco.

Da un paso adelante y me empuja ligeramente el pecho mientras retrocedo y levanto la mirada hacia ella.

—Quiero probarte.

—Con la mano levantada, se chupa el pulgar y tararea suavemente mientras cierra los ojos con un aleteo de pestañas.

—Chloe... No sé si...

Se arrodilla y se mete mi polla en la boca.

Mis gemidos de placer llenan el aire y el eco resuena con fuerza.

Su tarareo de placer llena el aire mientras desliza las manos por mis muslos y me guía para que me recline. Al extender la mano, rozo la suave tela del colchón.

—¿Has hecho esto antes?

—Me siento posesivo y dividido, pero no soporto la idea de que esté con otro.

Me mira a los ojos.

—No, pero he visto mucho porno. Sé lo que hay que hacer.

Sonrío.

—Eso parece.

Me reclino en la cama y apoyo las manos en el colchón para dejarle espacio entre mis muslos. Cuando vuelve a metérmela en la boca, me pierdo en la sensación, le enredo los dedos en el pelo y tiro suavemente. Las manos se deslizan a lo largo de mi miembro mientras me provoca la corona con la lengua.

Sonríe cuando suelto un gemido profundo. Casi me corro cuando mi polla desaparece en su garganta.

No puedo correrme todavía.

Al tocarle el muslo, un escalofrío le recorre el cuerpo. Le aprieto el trasero un momento y luego deslizo los dedos bajo las bragas por detrás.

Las bragas están empapadas.

Me mira fijamente mientras le acaricio el clítoris con el pulgar antes de deslizar dos dedos en su estrecho y húmedo interior.

Mientras gime, los párpados se le vuelven pesados y poco a poco se le cierran.

—Quiero probarte.

—La agarro de la cintura y la arrastro encima de mí para que las rodillas queden a cada lado de mi cabeza, y luego me deslizo hasta donde quiero estar.

—Nunca he...

—Bien. Agárrate al cabecero.

—Me acomodo entre sus muslos abiertos y hundo la cara con avidez en su sexo empapado.

En cuanto presiono el clítoris, su cuerpo se tensa de inmediato y se contrae, y un gemido gutural llena la habitación.

Le paso la lengua por el clítoris y lo lamo con avidez mientras deslizo dos dedos en su húmedo interior. Mientras la follo con los dedos, los gritos de placer se vuelven más fuertes, y cuanto más se acerca al clímax, más se le mueven las caderas en un vaivén rítmico.

Estoy desesperado por correrme, pero quiero que ella se corra primero.

Retiro los dedos.

—Siéntate en mi cara.

—Te voy a aplastar.

Me aferro a sus caderas con fuerza y tiro de ella hacia mi boca. La exploro con la lengua mientras la mano, ahora cubierta de su humedad, acaricia las curvas del trasero antes de presionar contra la estrechez de su entrada trasera.

Siento cómo el gemido le reverbera por todo el cuerpo mientras atravieso el anillo rígido y hundo el dedo más allá del nudillo.

La exploro mientras le satisfago las ansias con la lengua en el coño y el dedo provocándole suavemente el trasero. Su cuerpo responde con tensión y respiraciones superficiales. Le tiemblan las piernas, y sé que se está acercando al orgasmo. Solo pensarlo me provoca un escalofrío.

Hace pequeños ruidos desesperados mientras se frota contra mi boca, gime y mece las caderas rítmicamente, tomando todo lo que puede. Solo cuando siento que su cuerpo se relaja poco a poco y los estremecimientos disminuyen, necesito mi propia liberación.

Jadea con fuerza y apoya el cuerpo sobre el cabecero. En un instante, estoy de rodillas detrás de ella, tirándole de las caderas hacia atrás para alinear mi polla con su coño.

—Soy virgen

—dice.

¡Joder! Lo había olvidado.

Aunque disfruto del estilo perrito, creo que el misionero sería más delicado para su primera vez. Personalmente no disfruto de esa posición. Prefiero no mirar a los ojos a mi pareja sexual.

—¿Quieres parar?

—le pregunto.

—No. Llevo tres años deseando esto.

—Su voz es apenas audible mientras admite, sin decirlo del todo, que me esperó.

Yo también. No se lo digo.

La giro hasta dejarla boca arriba y le quito lentamente lo que le queda de ropa antes de ponerme de pie para admirar su cuerpo precioso. Me deshago rápidamente de mi propia ropa y la lanzo a una silla cercana. Algunas prendas caen al suelo.

Me arrodillo a su lado, me inclino y la beso, dejando que se saboree a sí misma.

—Sabes divina.

Sonríe mientras gateo hasta sus pies. Le separo los muslos y la recorro con la mirada de la cabeza a los pies antes de colocarme entre sus piernas.

Nuestras miradas vuelven a encontrarse. Y cuando me mira, sus ojos parecen suavizarse, disipando cualquier duda o reserva sobre lo que estamos a punto de hacer.

Me agarro la polla y me coloco en su entrada. Estoy a punto de deslizarme dentro, pero me detengo para asegurarme una última vez.

—¿Estás segura de esto?

—Lo estoy. Te deseo.

Baja la mirada hacia donde nuestros cuerpos casi se unen. Abre los ojos de par en par y niega con la cabeza.

—Mierda. Necesitamos un condón.

—Eres virgen y yo estoy limpio. Con ninguna otra lo haría sin protección.

No le digo que llevo tres años sin sexo. Tres años esperándola a ella.

—No tomo la píldora.

Podría dejarla embarazada. El pensamiento me enloquece; quiero hundirme en ella, llenarla con mi semen y dejarla embarazada de nuestro primer hijo.

—Me retiraré.

—No puedo arriesgarme. ¿No tienes un condón?

Niego con la cabeza. La decepción no alcanza a describir lo que siento ahora mismo.

—Déjame terminarte —dice ella.

—No, puedo esperar.

Con las piernas rodeándome la espalda y los brazos bien sujetos a mis hombros, me da un beso tierno en los labios.

—Gracias por no presionarme —dice al separarse.

La miro y se me corta la respiración. Es Chloe. La hermana pequeña de Connor. La he deseado durante tanto tiempo, pero quizás debería haber dejado ese deseo como lo que era: un anhelo.

El tiempo parece estirarse, intensificando mi lucha interna sobre cómo plantear lo que me preocupa.

—¿Estás bien?

Sus ojos se mueven rápidamente de un lado a otro, buscando una respuesta en mi rostro.

Asiento, intensamente consciente de cada latido de mi corazón, cada gota de sudor, el dolor persistente en el pecho. El deseo de estar con ella me consume, pero no puedo evitar preguntarme qué consecuencias tendrá esto en mi relación con su hermano. ¿Y con el equipo?

Acabo de tenerla y estoy desesperado por no perderla.

Aún tenemos que ir con cuidado.

—Tenemos que mantener lo nuestro en secreto, ocultárselo a Connor hasta que sepa qué decirle.

Las palabras por fin salen de mi boca.

—¿Te preocupa Connor?

A pesar del temblor en su voz, se recompone.

—Y el equipo —digo.

Asiente, pero sé por su expresión que está dolida.

—Mira, olvida lo que pasó aquí. No quiero…

Como si pudiera olvidarla ahora.

—No. Dame algo de tiempo.

Niega lentamente con la cabeza.

—Olvídalo.

—¿Olvidarlo? —murmuro—. Solo te pido algo de tiempo para saber qué decirle a tu hermano.

—Y él lo impedirá. Lo sabes.

—Solo dame algo de tiempo, Chloe. Es todo lo que te pido.

Niega con la cabeza.

—No funcionará. Si te preocupa Connor, somos una causa perdida.

—Estás siendo melodramática.

—Estoy siendo práctica. Connor… El hockey… El equipo… Sé que todo eso va antes que yo.

Suspira. Su boca se tuerce en una mueca.

—Está bien.

—No parece que estés bien.

—Solo vete, Nate.

—Esto no ha terminado, Chloe —digo mientras me pongo los pantalones.

—Nunca empezó.

Pienso en decir lo que tengo en mente, pero camino con determinación hacia la puerta y la abro. Fijo la mirada al frente, perdido en mis pensamientos por un momento.

Mis pies vacilan, quieren volverse hacia ella, pero sujeto la puerta mientras el corazón se me acelera.

Sé que me desea. Solo tengo que averiguar cómo sortear a su hermano.