Capítulo 38
Había conseguido lo que quería; durante los días que habían pasado desde que Sandro trajo a Agda a casa, la atención de todos se había centrado en ella y ya no me hacían preguntas ni querían saber por lo que había pasado.
Que Sandro fuera a ser padre de gemelos en breve parecía mucho más importante.
Al final, me alegré de ello; sufría menos sin esas miradas preocupadas que intentaban comprender lo que me había pasado durante el tiempo que pasé con Ramón.
Aunque ya no era el centro de atención de mi familia, eso no significaba que estuviera libre de todos los problemas. El embarazo de Agda me dejó pensativa y me enfrentó a una posibilidad aterradora y desesperante: que yo también estuviera embarazada.
No podía ser...
No quería que fuera así.
Encerrada en aquella mansión, lo único a lo que tenía acceso era a Internet, pero aun así temía que supieran lo que estaba buscando.
Los síntomas del embarazo podían confundirse fácilmente con un virus. Dolor de cabeza y malestar, eso ya lo llevaba sintiendo algún tiempo, pero me había convencido de que podía ser cualquier cosa.
Retraso en la menstruación...
Debería haberme bajado, pero nunca lo controlé tan bien como para estar segura.
¿Y si lo estaba?
La única forma de estar segura era consultar a un médico, pero para eso tendría que admitir ante mi familia que me había acostado con Ramón. Lo que parecía un delito.
Por muy malo que fuera, parecía mejor fingir que no pasaba nada y limitarme a cruzar los dedos para que la única embarazada en esa casa fuera Agda.