Engañada por el Mafioso (Cártel Velázquez 2) Capítulo 36
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Capítulo 36

—¡Por Dios! —Mi madre iba de un lado a otro por la sala.

Su angustia no hacía más que aumentar la mía. Uno de los hombres de mi hermano había dejado escapar que Miguel y Sandro habían ido solos a enfrentarse a Ramón y eso bastó para que el resto de nosotros entrásemos en pánico.

Por mucho que no hubiera ninguna prueba, sentía que cualquier cosa que relacionara la amenaza de Ramón Hernandes con mi familia era culpa mía.

Podría haber actuado de otra manera...

Siempre decían que no servía de nada lamentarse por lo que ya había pasado, pero a mí me resultaba imposible.

En cuanto Miguel y Sandro aparecieron en nuestro campo de visión, vi a una chica con ellos. Estaba encogida y asustada, quizá más que yo cuando volví a casa.

—¡Miguel! ¡Sandro! —Alma fue la primera en correr hacia ellos y mi curiosidad me empujó a seguirla.

Quería asegurarme de que mis hermanos estuvieran bien, aunque aquella vez no fuera necesariamente culpa mía

—¿Es esa la chica? —insistió Alma, inclinándose para verla mejor.

Sandro asintió con la cabeza.

—No tiene buen aspecto —constató Alma.

—Porque no lo está —respondió Sandro, con brusquedad.

—Señor... —Guadalupe se acercó, pero mi hermano no la dejó terminar la frase.

—Trae agua y algo para que coma.

—Sí, señor —dijo la empleada antes de alejarse.

Sandro obligó a la chica a sentarse en el sofá. Tenía los ojos marrones muy abiertos y parecía más asustada que yo, y tragué saliva al pensar en lo que podría haber pasado.

No tardó mucho en volver Guadalupe con una bandeja con agua, zumo, fruta y otras cositas para comer.

Me sentí incómoda, pensando en lo que le podría haber pasado, y acabé reflexionando sobre mí misma

En cuanto todos tenían los ojos puestos en la nueva protegida de Sandro, me escabullí, alejándome. Sin embargo, antes de poder huir a mi habitación, me topé con mi madre.

—¿De verdad está esa chica embarazada de tu hermano?

—No lo sé. —Negué con la cabeza.

—Siempre pensé que Miguel me daría nietos primero.

—Sí...

—Voy para allá. —Mi madre pasó a mi lado y yo me alegré de poder volver a mi habitación.

Embarazada...

Esa palabra me causó una incomodidad y una extrañeza mayores de lo que me hubiera gustado. No tenía experiencia, ni entendía mucho del tema, pero había recibido las clases mínimas de biología para comprender cómo se producía el embarazo.

Un macho y una hembra copulaban...

Sexo.

Me había acostado con Ramón. ¿Sería posible que...?

—¡No!

No podía estar embarazada.

Intenté pensar que si ignoraba esa posibilidad, no pasaría nada.