Engañada por el Mafioso (Cártel Velázquez 2) Capítulo 30
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Capítulo 30

Mi estado de ánimo era peor, me sentía más cansada e hinchada, pero si se lo dijera a mi madre, seguramente pensaría que estaba comiendo demasiado. Para ella, eso era la causa de mis problemas, aunque no siempre fuera así.

Quién sabe si, de ser delgada, se daría cuenta de mis verdaderos problemas.

Suspiré al darme cuenta de que tampoco era justo por mi parte querer que se dieran cuenta de lo que, de hecho, me estaba pasando, porque yo no quería. Me había encerrado aún más en mí misma cuando pasó todo aquello con Ramón y no le contaba nada a nadie.

Quizá fuera más fácil admitir la verdad y dejar de sentirme tan culpable, pero aún tenía mucho miedo de enfrentarme a mi familia y dejar que supieran lo idiota que había sido.

El móvil que Ramón me había dado seguía escondido donde me parecía más seguro en mi habitación; sin embargo, nunca más tuve el valor de volver a cogerlo. Para ser sincera, tenía miedo de volver a caer en su trampa, aunque cometer el mismo error fuera una locura.

Ya me había engañado una vez y era mejor no correr el riesgo.

Me sobresalté al oír un golpe en la puerta.

—¿Paola? —Oí que era la voz de Alma al otro lado.

—¿Qué pasa?

—La cena está lista.

—Gracias.

—¿Va todo bien? —Parecía que todavía estaba apoyada en la puerta.

—Sí.

—¿Estás segura?

Respiré hondo y me levanté de la cama. Cuando tiré del pomo, Alma casi se cae al interior.

—Sí.

—Qué bien. —Esbozó una sonrisa forzada.

—Sí...

—¿Vamos a cenar?

Asentí con la cabeza.

Mi hermana esperó a que yo fuera primero y luego caminó a mi lado hasta el inicio de la escalera.

—¿Lista para nuestro día de compras del mes?

—¿Cuándo? —Arqueé las cejas.

—Mañana.

—No voy.

—Pero, Paola, siempre vamos. —Frunció los labios, molesta.

—Esta vez no. —Negué con la cabeza para insistir.

—Ah, no...

Cuando terminamos de bajar las escaleras, Alma parecía muy molesta por lo que le había dicho.

—Mejor que ninguna de las dos vaya. —Miguel apareció delante de nosotras, dando señales de que había escuchado nuestra conversación o al menos parte de ella.

—Pero yo quiero ir —refunfuñó Alma.

—Ramón Hernandes sigue por ahí. Mientras no lo cojamos y acabemos con esto, todavía no es seguro que salgáis.

—¡Eso no es justo! —Alma se enfadó.

—La vida nunca ha tenido que ver con la justicia, hermana —comentó Miguel con tono firme. Aunque no estuviéramos de acuerdo, no nos atrevíamos a llevarle la contraria.

—Pero...

Miguel solo frunció el ceño y Alma retrocedió, sabiendo que no tenía ningún argumento que lo convenciera.

—Alma... —murmuré cuando Miguel se alejó.

Sabía que era culpa mía que mi hermana se perdiera su programa favorito y eso me enfadó aún más conmigo misma.

—Vamos a cenar. —Ella no dijo nada más, solo siguió caminando delante de mí.

Bajé la cabeza, enfadada, y la seguí.