Engañada por el Mafioso (Cártel Velázquez 2) Capítulo 22
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Capítulo 22

Creía haber comprendido qué era exactamente lo que Ramón quería de mí: engañarme y llevar a mis hermanos a una trampa; sin embargo, él seguía insistiendo en esa charla con la que me había engañado la primera vez, con la esperanza de que volviera a caer, pero yo no era tan estúpida...

¡Eso no importa! Interrumpí mis pensamientos, enfadada. Ya me había acercado demasiado al enemigo, metiéndonos a mí y a mis hermanos en un lío.

Ramón no me quería a mí, sino que me estaba utilizando para llegar a Miguel y a Sandro.

¡Idiota!

Ramón podría haberme amenazado para que parara, pero no me importó, volví a llorar, sobre todo de rabia y de miedo por mi familia.

Me preocupé aún más cuando me di cuenta de que estaba amaneciendo. Por la ventana ya entraba una luz amarillenta que se hacía cada vez más intensa, además de que ya se podía ver lo que había fuera.

Tenía muchas ganas de avisar a mis hermanos de que era una trampa, pero no sabía cómo hacerlo.

Ramón irrumpió en la habitación una vez más y, aunque no debía, acabé asustándome de nuevo.

—Vámonos de aquí.

—¿Qué?

—Ya has oído lo que he dicho.

—¿Adónde me vas a llevar?

—No hagas preguntas. —Su tono brusco no me asustaba.

Ya me había culpado tanto por lo que había pasado que no me importaban las consecuencias que fuera a sufrir. Me merecía mi destino por haber sido tan idiota.

—No voy a ir a ningún sitio contigo. —Intenté parecer mínimamente firme.

—No me obligues a arrastrarte —gruñó.

—Yo... ¡Oye!

Me agarró del brazo y me tiró.

—Quieres salir de aquí, ¿verdad?

—Quiero volver a casa —admití, aunque no sabía si fuera posible.

—Pues vamos.

—¿Qué?

—¡Vamos ya!

Estaba demasiado sorprendida para resistirme y dejé que me arrastrara fuera de la casa.

En cuanto me tiraron al asiento trasero de un coche, me asomé por la ventanilla y vi cómo aquella vieja casa se quedaba atrás.

La confusión me hacía dar vueltas a la cabeza, sin poder entender lo que estaba pasando. ¿Por qué me estaba llevando de vuelta a casa?

Podría ser otra trampa...

—¿Adónde me vas a llevar? —grité, preguntándole al conductor, que no era más que uno de los secuaces de Ramón.

No dijo absolutamente nada, solo siguió conduciendo el coche como si fuera un robot y yo me asusté aún más por lo que pudiera pasar.

La culpa era mía, pero en el fondo no quería acabar muerta.