Engañada por el Mafioso (Cártel Velázquez 2) Capítulo 11
15%

Capítulo 11

El cebo estaba lanzado...

Las posibilidades de que Paola cayera en mi trampa eran buenas. Parecía lo suficientemente ingenua como para confiar en mis palabras y creer que realmente estaba interesado.

Paola era el eslabón más débil de la familia Velásquez y yo iba a aprovecharme de ello.

Como un virus silencioso, cuando se dieran cuenta, ya me habría infiltrado en el corazón de la familia y los destruiría desde dentro.

—¿Cuándo vas a dejar ese teléfono? —Romina se tumbó encima de mí, esparciendo su cabello rubio sobre mi pecho y mirándome con aire de perrito abandonado.

—Estoy resolviendo un asunto importante —dije en un tono firme y serio.

—¿Más importante que yo? —Señaló su cuerpo curvilíneo y desnudo.

—Sí.

—No me puedo creer que te atrevas a decirme eso. —Puso mala cara, irritada.

—Sabes que no eres una de mis prioridades.

Ella se deslizó fuera de la cama, cogió la bata que estaba sobre la mesita de noche y se dirigió hacia la ventana, dándome la espalda.

—Al menos podrías esforzarte.

—Si esperas eso, soy el hombre equivocado.

—Llevamos meses juntos...

—¿Y qué te prometí?

Ella respiró hondo antes de soltar.

—Nada.

—Pues bien...

Ella resopló con fuerza y luego volvió al interior de la habitación, recogiendo su ropa del suelo y empezando a vestirse.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté inclinándome hacia delante.

—Me voy.

—Vale.

—¿No vas a llevarme?

—¿Por qué iba a hacer eso?

Romina apretó los dientes, enfadándose aún más.

—Son las dos de la madrugada, al menos deberías preocuparte por si llego sana y salva.

—Eres mayorcita, estoy seguro de que puedes valerte por ti misma, pero puedes pedirle a uno de los guardias que te lleve a casa.

—No puedo creer que seas capaz de actuar así.

—¿Cómo? —Arqueé las cejas.

—Olvídalo —gruñó, cogiendo su bolso—. Buenas noches.

—Buenas noches.

Romina no era más que un delicioso pasatiempo, pero en realidad no me importaba. Para ser sincero, lo único que me importaba era vengar a mi familia. Destruiría a los Velásquez aunque fuera lo último que hiciera.

Manuel estaba en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos, por desgracia, lo suficientemente protegido como para que yo no pudiera alcanzarlo, pero el jefe de la familia se pudriría entre esos muros de hormigón y a mí ya me parecía suficiente.

Sin embargo, sus hijos aún estaban en México y los arrastraría a la tumba.

Romina salió dando un portazo y yo me tiré de nuevo a la cama. Tenía sueño y no tardé en quedarme dormido.

Su enfado no me molestaba, podría sustituirla fácilmente por otra carita bonita y no dejaría que ninguna mujer se interpusiera entre mis objetivos y yo.