Capítulo 29
Hago lo que Jasper me dijo, y cuando aparezco en medio de la sala con una copa que apenas tiene un chorrito de champán —la agarré del primer mostrador que encontré, el borde manchado de un pintalabios que no es el mío—, es como si llevara ahí toda la vida.
Charlando con los invitados.
Atacando la bandeja de canapés, porque joder, el día ha sido largo y el sexo te deja hambrienta, eso está claro. Se me había olvidado ese detallito hasta este viaje.
—¡Gracias a Dios que te sientes mejor! —Mila me pilla desprevenida y casi me atraganto con la tostada.
La miro entornando los ojos, intentando entender. ¿Estaba enferma?
—Robbie me dijo que tenías diarrea —explica.
Y yo solo la miro, todavía con la boca llena, sin poder soltar ni un insulto. ¡Robbie, imbécil!
—Que te pusiste mala porque Jasper te obligó a comer unos burritos sospechosos en un puesto de carretera camino a Mérida porque no quería pagar el almuerzo, ¡el muy rata!
Casi me atraganto otra vez.
Supongo que esto forma parte de la reputación de Jasper. Puedes inventarte cualquier cosa sobre él y nadie lo pone en duda.
—Sí, logré sacarlo todo —digo, frotándome la boca del estómago.
No miento, me siento fatal. Solo de pensar en ocultarle todo esto me dan náuseas. Mila merece saber lo que está pasando.
Yo ni siquiera sé lo que está pasando.
—Bueno, supongo que te alegrará saber que no va a acompañarte por el pasillo mañana —dice.
—¿No?
—Pensé que te merecías un descanso, así que reorganicé a todo el mundo y lo emparejé con Suzi.
¿En serio?
—Tu pareja ahora será Andrew.
—¿Para el baile también? —pregunto, recordando que tanto hoy como mañana los padrinos y las damas de honor se sumarán a la pareja después del baile.
—¡Para el baile también! —dice—. Puedes agradecérmelo después.
Aquí está mi amiga, compadeciéndose de mí una vez más. Y aquí estoy yo, sin poder hacer otra cosa que aceptar lo que ha decidido. Incapaz de decirle que es la peor idea del mundo y que lo único que de verdad esperaba esta noche era verme obligada a bailar con Jasper.
Porque si es obligatorio, está bien. Pero si es voluntario, no podemos.
Jasper bailará con Suzi, no conmigo.
Caminará por el pasillo mañana con Suzi, no conmigo.
Y Mila piensa que me está haciendo un favor.
—Y después de que todo esto termine, te encontraremos un trabajo mucho mejor, ¿de acuerdo? —me consuela—. ¡Un trabajo tan bueno que le agradecerás a ese viejo calvo por obligarte a renunciar!
Quiero contarle esto también. Explicarle mis planes... pero para eso tendría que mencionar a Brock Magnus y nuestra noche en la cárcel. Quizá también a Jasper y el cenote, y Mila no puede enterarse de nada de eso todavía.
Por el bien de su boda.
Por la cordura de todos, lo único que importa hasta mañana es llegar al momento en que el novio pueda besar a la novia sin contratiempos.
Para lograrlo, tendremos que sobrevivir primero a la cena de ensayo, así que le digo a Mila que está bien (por millonésima vez) y que hablaremos de eso después. Cuando estemos en Nueva York. Mientras tomamos brunch con mimosas en el SoHo.
Luego seguimos el programa de la noche.
La zona exterior de la casa se ha transformado en un espacio muy elegante.
La vajilla es de un azul radiactivo que contrasta con servilletas en tonos tierra.
Los arreglos son de plantas tropicales en lugar de flores, y todo el jardín está rodeado de luces amarillas cálidas, casi como nuestro propio cenote mexicano, aquí mismo junto a la playa.
El bar es una fuente inagotable de champán y vino, y el menú es impecable: una mezcla de comida elegante de boda y cocina tradicional mexicana.
Mini empanadas de queso y setas silvestres, gambas en salsa de lima, generosas porciones de cochinita pibil deshebrada en tortillas artesanales, servidas con guacamole fresco.
Los padrinos pronuncian un discurso de bienvenida lleno de dobles sentidos, por supuesto, pero arranca risas genuinas de los invitados, así que todo va bien.
Las damas de honor y yo repasamos la información de la boda para mañana: la hora de la ceremonia, los detalles del menú y el mensaje clásico para todas las tías y abuelas: ¡por favor, no se lleven los centros de mesa a casa!
Da igual que sean ricas y sofisticadas. Cuando se trata de decoraciones bonitas, a las abuelas les salen unas manos larguísimas.
A continuación, Mila y Robbie suben al escenario para dar las gracias a todos, y el tintineo de las copas resuena por todo el jardín durante el brindis. El violinista empieza a tocar los acordes de Everything y Robbie le tiende la mano a Mila para comenzar el baile.
Es el ensayo de su baile de pareja. Los mismos pasos que llevan aprendiendo desde que eligieron la fecha, porque Robbie parece tener dos pies izquierdos y es incapaz de coordinar ni un simple paso básico.
Por supuesto, en el baile de verdad no estará el violinista, será Boyce Avenue, pero Mila no lo sabe. Piensa que será un trío de cantantes mexicanos que, después de esta parte, se cambiarán de ropa para tocar mariachi.
El violinista es mexicano, sin duda, y aunque tiene talento, probablemente no habla ni una palabra de inglés, porque la siguiente canción es la que estaba ensayando mientras Jasper estaba completamente dentro de mí y yo me corría encima de él.
Dancing with a Stranger.
No es exactamente la canción adecuada para una cena de ensayo de boda, pero tal vez la canción perfecta para mí hoy.
No es que Andrew sea un desconocido, porque me guía con pasos ligeros y parecemos perfectamente cómodos el uno junto al otro. El verdadero problema aquí es Jasper.
Jasper bailando con Suzi.
Suzi con su cuerpo de sirena y el pelo oscuro cayendo en ondas abundantes sobre los hombros. Suzi con un vestido ceñido del mismo tono jarabe para la tos que el mío, perfectamente elegido para realzar su piel bronceada. Suzi con una sonrisa que no deja de mostrar sus dientes blancos impecables.
Porque no puede parar de reírse.
Incluso cuando la canción termina y todos volvemos a la fiesta, los dos siguen hablando de camino al bar.
Lo observo preguntarle qué quiere beber y hacer el pedido al camarero. Lo observo cuando ella le toca el brazo y dice algo que hace reír a Jasper.
Completamente despreocupado. ¡Jasper Hassmann! ¿Va en serio?
¿Desde cuándo va soltando risitas despreocupadas mientras habla con la gente? Lo único que hace es poner los ojos en blanco y parecer aburrido.
O tal vez solo hace eso conmigo.
Ya ni siquiera lo sé.
Intento concentrarme en otra cosa para no pensar en ello.
En los padres de Mila, Lianne y Gus, todavía en la pista de baile, abrazados, con esa mirada de enamorados como si fuera su primer año juntos.
En la tía Abby, ya coqueteando con el atractivo camarero que le sirve champán.
El tipo podría ser perfectamente su hijo, pero la tía Abby sabe lo que hace. Y siempre consigue lo que quiere.
Paso de ella al tío Henry, botella de tequila en mano, yendo de mesa en mesa invitando a todos a tomar un chupito.
El camarero pone dos copas en la barra. No hacía falta que le diera la copa en mano, pero eso es exactamente lo que hace Jasper. Coge la maldita copa y se la pone en la mano antes de coger la suya.
No estoy celosa. Me lo repito un millón de veces, a ver si las palabras de verdad tienen poder o si es solo una tontería de coach motivacional.
No estoy celosa.
Suzi sonríe de oreja a oreja, y empiezo a dudar si su cara volverá alguna vez a la normalidad.
No estoy celosa, y no me está matando que él esté ahí, hablando, tranquilo, feliz, como si no hubiera pasado nada. Como si ya no pudiera saborearme en su boca.
No estoy celosa, y no hay ninguna voz en mi cabeza suplicándole que me mire, que me hable, que me dé una sonrisa, un beso delante de todos… como una idiota desesperada.
Y por supuesto, Jasper no hace nada de eso.
Como mucho, echa un vistazo alrededor de vez en cuando, como si buscara algo, y aprieta los labios en una sonrisa contenida cada vez que me pilla mirándolo.
Pero luego vuelve con Suzi y los padrinos, y aparentemente a una conversación muy interesante con el tío rico de Robbie.
Ojalá pudiera mantener la calma, lo juro, pero no estoy tranquila desde que Mila me dijo que cambió las parejas de baile, así que no te imaginas cómo me siento cuando aparece unas horas después para decirme que necesita que reorganice los asientos de la mesa del cortejo nupcial para mañana.
—¿Necesitas que haga qué ?
Abro los ojos como platos.
¿Mila? ¿Haciendo cambios de último minuto antes de la boda? Casi me vuelvo loca preparando los asientos de todos antes de que empezara la semana.
Me froto la cabeza, cansada, porque estoy casi segura de que he entendido mal algo, y ahora tengo que esforzarme por averiguar qué está pasando de verdad.
No tengo energía para esto.
—¿De qué estás hablando, Mila? Tú no haces cambios de último minuto.
—Lo sé, ¡pero es solo este, lo prometo!
—¿Estás enferma? ¿Alguien te está chantajeando?
Casi le tomo la temperatura con el dorso de la mano, solo para estar segura.
—No es para mí, es para Suzi —baja la voz, como si estuviera a punto de cotillear—. Pasó horas hablando con Jasper hoy, y creo que tienen algo.
—¿Algo? —repito, porque eso es todo lo que sale de mi boca—. ¿Crees que tienen algo?
—Bueno, ella también lo cree —Mila se encoge de hombros—. ¿No los viste bailar? Todo el mundo cree que hay algo.
Si dice esa palabra una vez más, voy a vomitar.
Solo oírla es como un puñetazo en el estómago.
Los vi bailar. Yo también estaba ahí. Vi las sonrisas, escuché las risas. Vi su mano en la cintura de ella durante toda la canción.
—Dijo que pasaron mucho tiempo hablando de su trabajo —Mila sigue con el cotilleo.
Suzi es consultora de bienestar para empresas en Nueva York.
¿Sabes esas clases de meditación que te obligan a hacer por la mañana en el trabajo, que no están tan mal porque pierdes veinte minutos de trabajo solo estirándote o haciendo ejercicios de respiración y dinámicas de bienestar corporativo? Esa es ella.