Capítulo 28 #4
Debe de haberse dado la vuelta para fingir que busca algo en la habitación, porque Robbie suelta un rugido burlón.
—¿El problema con tu traje es que te atacó un mapache salvaje que te arrancó la ropa, la tiró al suelo y te arañó por todas partes?
¡Mierda! ¡Mierda, mierda, mierda!
—No necesariamente en ese orden —dice, ganando tiempo.
—Invéntate una excusa mejor cuando se lo expliques a Mila, porque he estado intentando salvarte el culo diciendo que tenías que estar muerto para no haber bajado a tiempo. Y tengo que decir que parecía bastante encantada con la idea.
El silencio que sigue ni siquiera dura un segundo.
—¡Arregla este desastre y baja antes de que la novia empiece a sospechar!
¿Sospechar qué exactamente?
—¡Tú también, Julie!
Oh.
Me quedo paralizada. Paralizada como si me hubieran pillado en medio de la escena de un crimen. La verdad es que más o menos lo han hecho.
¿Cómo demonios se ha enterado?
Jasper intenta decir algo, pero solo le sale un sonido antes de que Robbie lo corte:
—¡Sí, me importa una mierda!
A Robbie le importa una mierda. El mismo tipo que casi volvió loco a Jasper intentando averiguar quién estaba en su habitación después de la despedida de soltero. Ahora lo sabe y le da igual. Sí. Eso dice mucho.
Aparto el edredón de mi cabeza con impaciencia. Y Robbie ni siquiera parece sorprendido de verme. Solo me lanza una mirada larga y dura que me revuelve el estómago por completo. Algo que seguro aprendió de Mila.
Jasper extiende las manos en señal de inocencia.
—¡Yo no se lo he dicho! —me dice.
—Fue muy difícil averiguarlo después de que pasarais todo el día fuera y tuve que llamar a la pastelería para enterarme de qué demonios pasaba.
Luego desaparecéis, no contestáis el maldito teléfono, toda la habitación huele a sexo, y Julie no aparece por ningún lado, ni siquiera en su habitación, que, por cierto, se quedó con la puñetera puerta abierta…
Robbie suelta todo esto con el mismo tono rápido, irritado y algo aburrido.
—¡Otra vez, me importa una mierda! ¡Pero que Mila no se entere!
Luego se da la vuelta y sale pisando fuerte por el pasillo hacia las escaleras, dejándonos solos y sin saber cómo reaccionar.
Jasper se pasa una mano por el pelo revuelto, algo aturdido, y cierra la puerta.
—¿Cuándo fue la última vez que lo viste tan enfadado? —pregunto desde mi refugio bajo el edredón, todavía demasiado asustada para enfrentarme al mundo real.
—Gran Premio de Abu Dabi, 2021. A Hamilton le quitaron el campeonato mundial y perdió contra Max Verstappen.
—¿Qué? —exclamo atónita.
¿Está comparando una carrera de Fórmula 1 con la locura que acaba de pasar delante de nuestras narices?
Jasper se encoge de hombros.
—Fue el fin de una era —se justifica, con el cuello de la camisa medio arrugado, los botones desalineados… Tiene suerte de que los botones sigan en su sitio después de la fuerza con la que se los abrí.
—La verdad es que no se trata de lo que él piense de nosotros. Es lo que va a hacer Mila cuando se entere.
¿Cuándo? ¡Está loco!
—Si se entera —corrijo.
— ¿Si se entera , Julie? ¿Después de lo que acaba de pasar aquí? —pregunta Jasper, señalando la habitación con un gesto circular que no termino de interpretar.
¿Qué exactamente? ¿Lo de Robbie? ¿El sexo? ¿Lo nuestro?
—Vale —acepto a regañadientes—. Pero solo después de la boda.
—Por supuesto que solo después de la boda. Mi obituario merece una causa de muerte más gloriosa que un golpe en la cabeza propinado por una rubia desquiciada.
Luego coge la chaqueta del suelo para terminar de vestirse. Suspiro y reúno fuerzas para levantarme mientras busco a tientas entre el edredón revuelto mi vestido.
Y mis bragas. Joder, ¿dónde demonios están mis bragas?
Jasper extiende el brazo hacia mí con un pequeño trozo de tela en la mano, todo arrugado como una bandera de victoria. O de vergüenza.
—Aquí —dice con una sonrisa torcida, casi dulce, casi avergonzada.
Intento coger las bragas de su mano sin tocarlo demasiado, como si cualquier cercanía fuera a reavivar el fuego entre nosotros solo porque Jasper Hassmann me está dedicando una sonrisita adorable.
—Bajaré e intentaré retrasar el inicio de la ceremonia mientras te arreglas —dice Jasper mientras termina de ajustarse la chaqueta sobre los hombros, intenta alisar las arrugas imposibles y va hacia sus zapatos.
Camina hacia mí mientras me levanto, solo en bragas, dándole la vuelta al vestido para ponerlo del derecho. El moño está deshecho, el pintalabios corrido y el resto del maquillaje bastante arruinado, a juzgar por el espejo.
Voy a necesitar que entretenga a la gente un buen rato.
—Cuando bajes, coge una copa que esté casi vacía para que la gente piense que llevas allí un rato —me instruye, como si yo fuera una de sus clientas acusadas de algún delito tratando de despistar a un jurado.
Quiero protestar, decirle que no soy una clienta y que tengo mi dignidad, pero Jasper simplemente se inclina y me planta un beso rápido en los labios.
Luego pasa junto a mí para coger su cartera y el móvil, se da la vuelta y sigue el mismo camino que Robbie: fuera de la habitación y escaleras abajo.