Capítulo 27 #3
Se me revuelve el estómago al oír ese nombre. Rebecca de Los Ángeles. La ex. Exnovia, exprometida, ¡maldita sea, casi se casaron! ¿Cómo no se me iba a revolver el estómago?
Aprovecho su sinceridad para ir más allá. Para librarme de una vez de su fantasma en mi cabeza.
—¿Por eso lo dejasteis? ¿Por su trabajo?
Niega con la cabeza.
—Eso lo hizo después. Dijo que no podía quedarse en Los Ángeles después de todo aquello, así que dejó la casa en la que vivíamos y se marchó. No la culpo, la verdad, fue bastante… —Jasper hace una pausa, la mandíbula se le tensa antes de decir la siguiente palabra— traumático.
—¿Traumático?
Tarda en responder, la pregunta queda suspendida más tiempo del que debería, lo que le da un peso indebido a todo.
Quizá no quiero saberlo. No quiero que me cuente cosas incómodas solo porque prometió ser sincero.
—No pude hacerlo —dice Jasper por fin—. Teníamos la casa, los perros, la fecha fijada, y de alguna manera simplemente no pude seguir adelante.
Era como… por fuera todo parecía estar bien, pero por dentro algo fallaba, y no sabía qué.
Y tienes que ser el mayor imbécil del mundo para dejar a alguien porque algo en algún lugar en algún momento no encajaba.
—¿Lo has descubierto? —pregunto, y me mira, algo confundido—. ¿Qué era lo que no encajaba?
Jasper se lame los labios. Se encoge de hombros.
—¿Sabes cuando dejas que la vida te lleve y acabas convertido en una persona que ya ni reconoces?
A veces es bueno, a veces acabas odiando profundamente a esa persona.
Yo odiaba al Jasper de California . Sentía que estaba en el lugar equivocado, viviendo una vida que no era la mía, así que llegó un momento en que lo único que quería era volver a casa.
Quería volver a ser el Jasper de Nueva York , comiendo bagels neoyorquinos, pizza neoyorquina, insultando a la gente en el metro…
—¿Pero tú coges el metro? —bromeo. Primero, porque es una pregunta válida. Segundo, porque intento aligerar el ambiente. Ya ha revelado demasiadas verdades hoy, probablemente se merece un respiro.
En lugar de decir que no, Jasper se pone en plan abogado total:
—Valoro la preservación de mi derecho inalienable a utilizar el metro en caso de que la ocasión lo haga conveniente, gracias.
Me río como una tonta, estudiando su perfil con renovada admiración.
El pelo despeinado le cae sobre las cejas anchas, gafas de sol con montura dorada, un pequeño detalle triangular en el lateral donde se lee PRADA, barba oscura perfectamente recortada que le marca aún más la mandíbula.
Es guapísimo, desde esa sonrisa torcida y traviesa hasta cada vena que le recorre el antebrazo hasta la mano mientras agarra el volante.
Es guapísimo de una forma que no parece humana.
Pero mi admiración hoy va más allá de eso. Lo admiro porque acabo de descubrir que lo es.
—¿Quién está con ellos ahora? ¿Con tus perros? —pregunto, aceptando sin dudarlo la idea loca que se me está formando en la cabeza.
—Tengo una cuidadora que se queda con ellos cuando viajo, pero… —Jasper deja la frase a medias. Pero si muere, no quedará nadie, eso es lo que creo que quiere decir.
En cambio, respira hondo, despacio, como si todavía estuviera dándole vueltas al tema:
—Sé que es totalmente irracional, porque en realidad podemos morir en cualquier momento, en cualquier lugar, pero estar atrapado en un sitio tan extraño e imponente como un avión… te hace cuestionarte la mortalidad un poco más.
—Bueno, si te mueres antes que yo, estaré encantada de cuidar de tus perros.
Se queda completamente sorprendido.
—¿Y por qué demonios harías eso?
—Porque si me muero antes que tú, irás a mi casa y te desharás de todo lo que hay en el último cajón de mi cómoda antes de que mis padres vengan a vaciarla.
—¡Julie Sawyer, eres una bribona!
En realidad no tiene que ir a mi casa. Mila lleva años encargándose de eso. Pero una de las peores cosas que puede sentir alguien es soledad, y no quiero que él vuelva a sentirse así.
—¿Lo prometes? —insisto, ignorando su comentario.
—Si hago esto y me muero, ¿te quedarás con mis perros? ¿Los llevarás a tu casita tan mona de Greenwich Village, con tus mantas de ganchillo y tu cajón de… consoladores de plástico ? ¿También les comprarás pienso de primera?
—Bueno, para eso tendrías que esperar a morirte hasta que al menos encuentre un nuevo trabajo. No olvides que estoy completamente arruinada.
Se ríe.
—¿Te das cuenta de que esto significa que ya no podremos volar juntos? —dice Jasper tras un momento.
—¡No sabía que estabas en ese vuelo! ¡Fue cosa de Mila, te lo juro! —explico de inmediato.
Si lo hubiera sabido, habría preferido ir nadando hasta México, estoy convencida.
—Lleva insistiendo en que seamos amigos desde que Robbie la invitó a salir —dice Jasper, encogiéndose de hombros—. Han pasado diez años, pero bueno, al final lo ha conseguido.
Se me desencaja la mandíbula a la vez que abro los ojos como platos.
¿Eso cree que somos?
—¡No somos amigos! —protesto, atónita.
—¿No lo somos?
—Has visto cosas, oído cosas, y has estado en sitios donde ninguno de mis amigos ha estado ni estará jamás, Jasper.