Capítulo 21 #3
—No tengo dinero para mantener a un niño. Tengo casi treinta años, mi trabajo es una mierda, cero estabilidad financiera, ninguna luz al final del túnel. Y aunque tuviera dinero, llevo tanto tiempo soltera que ya pasé la fase en la que a la gente le parece mono.
Sigue mirándome, confundido, decidiendo si tomarme en serio.
Pero sigue aquí de pie, escuchando, así que continúo. Esté juzgándome o no.
¿Qué más vamos a hacer a estas alturas? ¿Tener sexo?
—Cuando mis tías preguntan por novios, ya no se ríen tontamente diciendo: «oh, tranquila, cariño, ya conocerás a alguien».
Ahora se encogen de hombros y dicen: «bueno, hay otras cosas en la vida.
Al menos eres libre para viajar». Y entonces me toca reírme a mí, porque «ja-ja, qué graciosa, tía.
¿Adónde voy a viajar sin dinero? ¿A Nueva Jersey?
». Y puede que intenten consolarme diciendo: «al menos eres guapa».
Pero no soy tan guapa como para pillarme un sugar daddy, así que ni eso me sirve.
Jasper se ríe.
—Bueno, al menos eres graciosa.
—¿Mi tragedia te parece graciosa?
—Tu tragedia me hace reír tanto que me duelen las costillas.
—¡Pues ya sé otra cosa que te va a hacer que te duelan!
Y le suelto un puñetazo directo en los abdominales.
Es puro músculo, pero lo pillé desprevenido, así que estoy bastante segura de que lo sintió todo.
—¡Joder, Julie! —se queja Jasper, sujetándose el estómago. Luego sigue consolándome, supongo—:
—¡También eres muy fuerte! Tienes unas manos grandes y pesadas como una luchadora de la WWE.
Intento golpearlo otra vez, pero esta vez me atrapa las manos.
—¡Como Brock Magnus, el Destructor! —se burla el muy cabrón, muerto de risa.
Me retuerzo, y en lugar de soltarme, me estrecha en un abrazo. Luego se inclina hacia mi oído, con voz grave y pausada:
—Estabas sexy de cojones ese día… Con la cara roja de tanto beber, toda sudorosa y salvaje.
—Sabías que querías follarme desde el momento en que me viste en esa celda, ¿verdad? —le susurro al oído.
Se aparta lo justo para mirarme a los ojos.
—Nunca imaginé que fuera una posibilidad.
—Eso no responde a mi pregunta —digo, recuperando mi voz seductora—. ¿Alguna vez habías pensado en follarme antes de eso, Jasper? ¿Alguna vez soñaste con un trío conmigo y, no sé, Scarlett Johansson?
—No… —su voz se suaviza por completo—. Solo tú.
—¿Solo yo? —bromeo, y él asiente.
—¿Y qué estaba haciendo yo en ese sueño?
Intenta no sonreír.
—Estabas callada.
—Entonces era un sueño seguro, porque eso no pasa nunca.
—Lo sé.
—Me quedo callada cuando me besas.
Entrecierra los ojos y desliza la mano entre mis piernas, por encima de las bragas, con suavidad pero con seguridad, como si lo hubiera hecho mil veces.
—¿Callada cuando beso estos labios?
Se me escapa una risa entrecortada.
Esos labios no.
Si besara esos, no me quedaría callada ni aunque lo intentara con todas mis fuerzas.
—No —digo, y me toco la boca para mostrarle a qué labios me refiero—. Estos labios.
Y solo por eso, me besa.
El primero de la noche. El primero de todo el día.
Y es uno de esos besos. De los que odio amar tanto. Lento, suave, sus labios moviéndose contra los míos con precisión delicada, como si estuviera aprendiendo y saboreando cada detalle.
Hace que todo lo demás desaparezca. Mi carrera fallida, el caos de la boda, todas mis decepciones amorosas. Todo se desvanece mientras sus labios siguen sobre los míos, su lengua rozando suavemente, controlada, y mi estómago se retuerce de placer y… Mariposas .
Todo mi cuerpo está lleno de putas mariposas.
No quiero apresurarme. No quiero que esto se convierta en otra cosa. Solo quiero quedarme así, sintiendo cada caricia, cada respiración, cada latido de nuestros corazones, como si tuviéramos tiempo. Como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.
Probablemente por eso pregunto, entre besos, sin apenas creerlo yo misma: —¿Podemos no tener sexo ahora mismo?
Jasper se ríe contra mi boca.
—Podemos.
—¿Podemos? —pregunto otra vez, sorprendida.
—¿Qué quieres que diga? ¿Que no podemos y vamos a tener sexo de todos modos?
—No. Pero podrías haber dicho que me fuera si no íbamos a hacer nada.
Se aparta y agita la mano con impaciencia.
—Bien. Pues vete. Lárgate.
—¿Qué?
—Vuelve a tu habitación —explica, encogiéndose de hombros—. Si puedes, claro.
Y antes de que pueda procesar lo que quiere decir, me empuja hacia atrás y me inmoviliza en la cama con su peso.
—¡Jasper! —protesto, intentando sonar enfadada pero muerta de risa.
Él también se ríe, con el pecho pegado al mío, los labios besándome el cuello, el hombro, la boca.
—Vamos, Julie —se burla—. Si consigues escapar, eres libre de irte.
—¡Eres idiota! —digo forcejeando, pero él me atrapa las caderas con los muslos y me sujeta las muñecas con la fuerza justa para hacérmelo difícil.
—¿No aprendiste nada de Brock Magnus, el Destructor?
Pateo el aire intentando darle la vuelta a la situación, pero Jasper es más fuerte. Más fuerte y disfrutando demasiado de esto como para dejarme ir.
Intento escapar, él me sujeta. Le aparto el brazo, me cubre de besos… y ahora simplemente estamos aquí, fingiendo que luchamos.
Yo fingiendo que intento escapar.
Pero la verdad es que… ni siquiera quiero irme.
No ahora mismo, al menos.