CAPÍTULO UNO #2
Darcy lo observó mientras leía un mensaje y tecleaba una respuesta rápida.
—Perdona.
Nick le lanzó una mirada de disculpa mientras se guardaba el teléfono en el bolsillo de la camisa.
—Era mi mujer, asegurándose de que sigo la dieta que me ha puesto.
Al ver la expresión de culpa que le cruzó la cara, Darcy disimuló una risa.
Él se inclinó sobre la mesa y susurró:
—No me delatarás si pido algo que no está en su lista, ¿verdad?
Darcy ya no pudo contener la risa.
—No, te lo prometo. Ponle una buena nota al restaurante y guardaré tu secreto.
—Trato hecho —dijo él, enderezándose con una sonrisa—. Es un infierno estar casado con alguien que quiere cuidarte constantemente. Pero la quiero.
Tras estudiar la carta unos momentos más, Nick la dejó sobre la mesa.
Maggie se dio cuenta y se acercó enseguida.
—¿Estamos listos para pedir?
Darcy sonrió.
—Yo, lo de siempre. Ensalada de pollo.
Nick miró a Darcy y luego sonrió a Maggie.
—He pensado probar varias cosas. Alitas de pollo, bocadillo de mero y ensalada de tomate.
A Maggie se le abrieron los ojos como platos, pero mantuvo la sonrisa.
Cuando se marchó, Darcy lo señaló con el dedo en tono juguetón.
—Estoy deseando leer tu reseña.
Se rieron juntos y luego Nick se puso serio.
—Háblame del hotel. Veo que ya habéis hecho reformas. Hace años era uno de los mejores sitios para familias de la zona, con su ubicación privilegiada y acceso directo a la playa. Tengo entendido que os lo dejó vuestro tío.
Darcy asintió y, sin darse cuenta, empezó a contarle las sorpresas, las decepciones y la determinación de las tres hermanas por afrontar el reto.
Mientras hablaba, llegó la comida. Entre bocado y bocado, continuó hablando.
Nick escuchaba con atención, incluso cuando se relamía de gusto con la comida.
Darcy se dio cuenta de repente de lo mucho que había estado hablando y se detuvo. Sintió que las mejillas se le encendían.
—No pretendía enrollarme tanto.
Nick la observó.
—¿Has pensado alguna vez en escribir? Tienes una forma muy natural de contar historias.
Darcy parpadeó sorprendida.
—En realidad, sí. De niña quería ser periodista, y más tarde pensé que me gustaría probar a escribir una novela. Pero hasta ahora no he tenido tiempo de hacer ninguna de las dos cosas.
Nick se inclinó hacia delante.
—¿Te gustaría ser la crítica gastronómica del West Coast News? Yo te ayudaría, por supuesto, pero así mi mujer me dejaría en paz.
Darcy se rio y se recostó en la silla para estudiarlo.
—¿Hablas en serio?
Él asintió.
—Y quién sabe, quizá más adelante puedas hacerte con una columna semanal. Me caes bien, Darcy. Nos vendría bien alguien como tú en el periódico.
Una oleada de emoción invadió a Darcy. Se veía en una isla tropical, meciéndose en una hamaca, tramando su novela ganadora de premios.
—De acuerdo, lo haré.
Al decirlo, recordó la sensación escalofriante que había tenido al pronunciar esas mismas palabras antes. Quizá todo esto formaba parte de un plan mayor, pensó, y de repente se puso nerviosa.
—Muy bien —dijo Nick—. ¿Qué dirías sobre tu comida?
Darcy respiró hondo, buscando las mejores palabras.
—Mi ensalada de pollo estaba deliciosa, con toques exóticos de melón y jengibre, coronada con láminas de almendra crujientes y doradas, y aliñada con un aderezo de limón.
Nick sonrió.
—Lo sabía.
Extendió la mano por encima de la mesa.
—Estás contratada.
Ella aceptó su mano y se la estrechó con firmeza.
—Acepto el trabajo. ¿Cuánto me pagan?
Él se rio.
—¿Además de comida gratis?
—Ah, ya entiendo —dijo Darcy—. Aun así, lo haré. Pero, Nick, quiero esa columna en el periódico.
—Bien. Hablaremos de eso en un par de meses.
Sonrió.
—Ahora, pidamos postre. Aquí la comida es una pasada.
Mientras esperaba a que Nick terminara de probar la tarta de lima y el pastel de chocolate con naranja, Darcy lo observó.
Parecía un tipo tan feliz y agradable. Quizá, pensó, eso es lo que me ha estado faltando.
Sus últimas citas habían sido con tipos muy tensos.
Sheena le había dicho que se relajara, que encontraría a alguien algún día.
Quizá con su nuevo puesto a tiempo parcial en el periódico dejaría de preocuparse por el futuro y tomaría cada día como viniera, con o sin novio.
Después de pagar la comida, Nick le sonrió.
—¿Lista para darme un recorrido por la propiedad?
—Sí, pero solo si entiendes que todavía estamos en plena renovación. Si las cosas van bien, a partir del año que viene añadiremos muchas más mejoras a las habitaciones y otras instalaciones.
Nick asintió.
—Entendido. Hagámoslo.
Se puso de pie y la ayudó a levantarse de la silla.
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Mientras Darcy le mostraba a Nick la propiedad, incluida la zona del muelle y la piscina, le describió los planes que tenían para ampliarlas.
Y cuando lo llevó al interior del edificio de habitaciones Egret, donde se estaba terminando un dormitorio, la invadió un verdadero orgullo.
Los muebles pintados, sobre una alfombra comercial color arena, quedaban de maravilla.
Shabby chic es como Regan describía el acabado desgastado de las piezas de madera.
—Muy buen trabajo —le dijo Nick a Regan, después de que Darcy hiciera las presentaciones—. Tienes muy buen ojo para esto.
Darcy sonrió ante la expresión de felicidad que cruzó el rostro de Regan. De todas ellas, Regan era la más contenta con el esfuerzo que estaban haciendo para cumplir el desafío del tío Gavin. Ya era una persona muy diferente, con mucha más confianza en sí misma.
Salieron del edificio y se dirigieron hacia el aparcamiento junto a Gracie's.
Sheena salió del restaurante, los vio y saludó con la mano.
Mientras cruzaba el césped hacia ellos, Darcy observó a su hermana.
Sheena había luchado con su familia para participar en este desafío de Gavin.
Darcy se alegraba de que lo hubiera hecho.
Inteligente y dispuesta a trabajar con los números, Sheena era una gran baza, aunque fuera un poco mandona.
—Encantada de conocerte, Nick —dijo Sheena—. Espero que nos des mucha publicidad positiva.
Nick sonrió.
—Créeme, lo haré. Y le voy a dar a Gracie's una calificación de cinco estrellas como el mejor lugar de la zona para almorzar.
Le dio una palmada en la espalda a Darcy.
—Y Dee Summers, aquí presente, va a ayudarme a hacer críticas de restaurantes.
Sheena y Darcy intercambiaron miradas interrogantes.
—¿Dee Summers? —preguntó Darcy.
Nick soltó una carcajada.
—Ese va a ser tu nombre en el periódico. No puedes hacer críticas con tu propio nombre. Y tengo una idea especial para una columna.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Sheena.
—Como dice Nick, voy a ayudarlo con algunas críticas de restaurantes. Y luego, puede que consiga mi propia columna semanal en el periódico.
Darcy no pudo ocultar el asombro en su voz. Era un sueño hecho realidad. Bueno, quizá no el que quería, pero era un comienzo.
Sheena asintió con gesto pensativo.
—Bien por ti, Darcy.
Después de que se alejara, Darcy miró a Nick.
—Creo que te llamaré San Nicolás. Me siento como si acabara de abrir un regalo de Navidad.
Él sonrió.
—De acuerdo, Dee. Nos vemos por ahí.
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