CAPÍTULO VEINTICUATRO
SHEENA
—¿Lista? —le dijo Brian a Sheena, que estaba tomando un breve descanso—. Volvamos al trabajo en este edificio. Tenemos que pintar gran parte de las molduras antes de que apriete el calor.
Sheena intentó quitarse de encima el agotamiento.
Brian había asignado a un par de sus hombres al proyecto, pero a ella le tocaba pintar los detalles alrededor de las molduras de las ventanas.
Estaba decidida a terminar el trabajo para demostrarles a Darcy y Regan lo importante que era ahorrar dinero como fuera.
Horas más tarde, Sheena deseó haber dejado que Brian y su equipo hicieran el trabajo, tal como ella y sus hermanas habían acordado.
Le dolía cada músculo del cuerpo. Se dio cuenta de cuánto tiempo hacía que no iba al gimnasio, el mismo gimnasio que le había prometido ayudarla a quitarse unos kilos de más.
No es que a Tony le importara su peso. Le encantaba la idea de tener algo a lo que aferrarse cuando hacían el amor.
La invadió el anhelo. Echaba de menos a Tony, cómo la abrazaba, la acariciaba y la satisfacía cuando hacían el amor, algo que se había vuelto cada vez más raro a medida que los niños exigían más atención.
—¿Qué te parece? —le preguntó Brian, sacándola de sus pensamientos.
Se quedaron mirando juntos la fachada del edificio.
Con una mano de pintura fresca, parecía una estructura nueva: con su toque especial, pero bonita.
Algunas de las molduras amarillas necesitaban retoques, pero Sheena disfrutó viendo la mejora.
La pintura de todo el edificio estaría terminada en unos días, mucho antes de la visita programada de Tony y los niños en las vacaciones de primavera.
Darcy y Chip salieron del edificio, charlando animadamente.
—¿Qué pasa? —preguntó Sheena.
Darcy sonrió.
—Hemos instalado un sistema inalámbrico en la planta baja del edificio. Incluso podremos ofrecer WiFi a los huéspedes en el restaurante. Estamos mirando cuánto costaría poner WiFi en los edificios de huéspedes.
Sheena sonrió.
—Qué emocionante. Me encanta.
—Sí. Pronto podré trabajar con Chip para configurar sistemas de inventario y otros programas.
—Oye, el edificio está quedando mucho mejor —dijo Darcy, sonriéndole a Brian.
Él sonrió.
—Menudo cambio. Debería estar terminado en uno o dos días.
Le hizo una pequeña reverencia a Sheena.
—Hasta mañana.
Sheena se apresuró hacia la casa. Estaba hecha un desastre y no tenía mucho tiempo para arreglarse antes de que Blackie pasara a recogerla para cenar.
Cruzó el umbral de la casa y se detuvo un momento en el salón para dejar que el ventilador de techo le refrescara la piel sudorosa. Luego, tras mirar el reloj, subió las escaleras a toda prisa.
Después de quitarse la ropa húmeda, cogió una toalla del gancho detrás de la puerta de su dormitorio y fue al baño, agradecida de que ni Regan ni Darcy estuvieran en casa.
Llenó la bañera con agua fresca y se metió en aquella pieza antigua. Había descubierto que lo más fácil era bañarse primero y luego arrodillarse en la bañera y usar el grifo de mano extensible para lavarse el pelo. No era lo más cómodo, pero se estaba acostumbrando.
Después de quitarse la pintura azul del pelo, se lo secó con la toalla.
En solo unas semanas, parecía mucho más largo.
Se plantó frente al pequeño espejo sobre el lavabo y se peinó los largos mechones castaño rojizo, luego se los recogió en una cola de caballo.
El nuevo bronceado claro de su piel resaltaba el color de sus ojos verdes.
Sonrió a su reflejo: llevaba el pelo así cuando conoció a Tony.
¿Qué pensaría él de eso, o de ella, ahora?
Se le escapó un suspiro de preocupación. Probablemente ni se daría cuenta.
Sheena terminó en el baño y fue a su dormitorio a vestirse. Acababa de ponerse el único vestido de verano bueno que había traído cuando oyó a alguien que subía las escaleras.
—¿Oye, Sheena? ¿Estás ahí arriba?
Regan entró en la habitación y la miró fijamente con el ceño fruncido.
—¿Qué pasa? ¿Adónde vas?
—Blackie Gatto me va a llevar a cenar para hablar de algunas cosas del hotel y enseñarme un restaurante que cree que debería ver, por si ampliamos la oferta de comidas en el Gracie's.
Regan arqueó las cejas.
—¿Vas a una cita?
—No-o-o —dijo Sheena con una firmeza absoluta—. Es una cena de negocios. Eso es todo. Nada más.
—Vale, si tú lo dices —dijo Regan—, pero no creo que a Tony le guste algo así.
—Blackie es una gran fuente de información y orientación para las tres, y quiero aprovechar todos los consejos que pueda darnos.
—¿Quién puede darnos qué? —dijo Darcy, uniéndose a ellas.
—Sheena va a salir con Blackie.
Regan hizo una pausa.
—A una cena de negocios.
—¿Cena de negocios? ¿Por qué no un almuerzo? Así no parecería una cita —dijo Darcy—. Además, si alguien va a tener citas, deberíamos ser Regan y yo. Tú estás casada.
Sheena suspiró.
—No es una cita. Solo una cena agradable.
—No me gusta. Si pasa algo entre vosotros dos, se lo voy a contar a Tony —dijo Darcy.
—Eres una arpía —le dijo Regan a Darcy—. Y por cierto, no tenías por qué ser tan borde conmigo cuando pasé por tu oficina. Y lo hiciste delante de Chip. ¡Dios! Me sentí como si volviera a tener diez años y me mandaran a paseo. De pequeñas, fuiste muy mala conmigo.
—¿Ah, sí? Cuando Sheena se largó para casarse, me dejó a mí a cargo de ti. No fue justo. No podía hacer nada sin que anduvieras detrás de mí. Mamá me obligaba a llevarte a todas partes porque nunca se encontraba bien con aquellas jaquecas suyas.
—¡Mira quién habla de injusticias! Piensa en todas las veces que tuve que cuidaros, Darcy —dijo Sheena, tensa—. Ni siquiera tenía diez años cuando naciste. Y luego, cuando llegó Regan, muchas veces tenía que cuidaros a las dos.
—Puede parecer irracional, pero te odié por irte, ¿sabes? —dijo Darcy—. Y no podía hablar con nadie de eso. Papá no me hacía caso y no quería herir los sentimientos de mamá.
—Yo también te culpé a ti —dijo Regan—. Nunca fue lo mismo después de que te fueras.
Sheena se puso las manos en las caderas y miró fijamente a sus hermanas.
—¿Vais a intentar culparme de todo lo malo que os pasó en la infancia solo porque me fui?
—Sacudió la cabeza con disgusto—. Las dos sonáis como mi hija de catorce años.
Quizá sea hora de que maduréis y os deis cuenta de lo afortunadas que fuimos de tener una madre como la nuestra.
Aunque no estaba sana, era amable y cariñosa.
Pensad en eso mientras me preparo para mi cena de negocios.
—No tiene sentido hablar contigo —dijo Darcy, negando con la cabeza mientras salía de la habitación.
Regan siguió a Darcy en silencio.
Sheena se sentó en la cama para poner en orden sus pensamientos.
El enfado de sus hermanas era sorprendente, pero comprensible.
La suya era una familia poco común. Al crecer, tanto ella como Darcy se habían visto obligadas a hacer más de madres que de hermanas con las pequeñas.
En realidad, se había alegrado de irse de casa siendo joven.
Pero no había querido formar una familia antes de tener la oportunidad de sacarse un título universitario y labrarse una carrera satisfactoria.
###
Sheena estaba poniéndose los pendientes de perlas cuando Regan la llamó desde abajo. —Sheena, tu... han venido a buscarte.
Sheena se enderezó, se alisó la falda del vestido negro de lino y cogió el bolso. Aunque no era una cita de verdad, quería estar lo más guapa posible.
Mientras bajaba las escaleras, Blackie entró por la puerta principal.
—Estás fabulosa, Sheena —dijo él, dedicándole una amplia sonrisa.
—Tú también —dijo ella con educación. Los pantalones color canela y la chaqueta deportiva azul claro le sentaban de maravilla y realzaban su cuerpo tonificado. Las canas en su cabello oscuro y brillante le daban un aire distinguido.
Darcy y Regan prácticamente se lo comían con los ojos.
—Blackie, quiero presentarte a mis hermanas. —Las presentó y observó cómo se estrechaban la mano.
—Gavin estaba muy orgulloso de las tres —dijo Blackie—.
Y ahora entiendo por qué. Tengo entendido que cada una de vosotras está contribuyendo muy bien al éxito del desafío.
Regan, será interesante ver cómo te las apañas con las habitaciones.
Me han dicho que te encanta el diseño de interiores.
Y tú, Darcy, que te apasionan los libros.
Sheena estaba tan sorprendida como ellas por lo que había dicho. Era como si Gavin hubiera compartido con Blackie los sueños de sus sobrinas. Pero ¿cómo lo había sabido Gavin? Su madre debía de habérselo contado.
Blackie le ofreció el brazo con un gesto de otra época. —¿Lista, Sheena?
Sheena se cogió de su brazo y dejó que la guiara hasta la puerta principal.
Fuera, se detuvo y se quedó mirando el Jaguar verde botella que esperaba en el camino de entrada como cierta carroza de calabaza de un cuento de hadas.
Cuando ella y Tony salían, cosa que ocurría rara vez, solían ir en la camioneta de Tony, o si querían darse un capricho, en su viejo Ford Explorer.
Blackie la acompañó hasta el coche y le sostuvo la puerta mientras ella intentaba deslizarse con elegancia en el asiento del copiloto.
Mientras esperaba a que Blackie rodeara el coche para subirse, vio que Darcy y Regan los observaban desde la ventana.
Le trajo recuerdos de cuando Tony pasaba a recogerla para una cita.
Blackie se subió al coche, arrancó el motor y se alejó suavemente de la casa. Cuando salieron de la propiedad del hotel, se volvió hacia ella con una sonrisa. —¿Lista para ver a la competencia?
Ella le devolvió la sonrisa. —Les dije a mis hermanas que escucharíamos cualquier consejo que quieras darnos. Estoy segura de que eso es lo que el tío Gavin querría que hiciéramos.