CAPÍTULO VEINTIUNO
DARCY
Darcy estaba tumbada en la cama pensando en Sheena.
Tenía nueve años cuando Sheena se casó de repente, dejándolas a ella y a Regan para lidiar con una madre cuyas frecuentes migrañas la mandaban a la cama.
Al recordar aquella época, Darcy se daba cuenta de lo destrozada que había quedado cuando Sheena se marchó.
Se había sentido abandonada al quedarse de pronto al cuidado de su hermana pequeña.
Incapaz de hablar con nadie de ello, se había portado fatal con Sheena y montaba escenas cada vez que iba a visitar a su madre.
Era la única forma que tenía de expresar lo que sentía.
Su exnovio, Sean, la había acusado una vez de necesitar que le reafirmara constantemente su amor.
Darcy resopló con asco en el silencio de la habitación.
¿Tan necesitada había sido? Y si era así, ¿era porque no quería volver a sentirse abandonada?
Cuando él la dejó, Darcy había intentado aparentar que le daba igual, pero lo que Sean le hizo la había herido profundamente.
Después de aquello, había salido con muchos chicos, pero ninguno parecía merecer el esfuerzo de ir más allá de citas sin compromiso.
Abrazó la almohada, deseando que fuera Brian Harwood. A él sí que le dedicaría toda su atención... aunque a Brian le daba igual. Solo tenía ojos para Regan, a quien le importaba un bledo. Darcy suspiró hondo y se dio la vuelta. A veces la vida era una auténtica mierda.
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Darcy se despertó con el sonido de risas en el piso de abajo.
Se incorporó y aguzó el oído, sorprendida al oír una voz masculina.
Se levantó de la cama y fue al baño a asearse.
Al mirarse en el espejo, soltó un gruñido al ver cómo su pelo rojo y rizado se disparaba en todas direcciones.
Se esforzaba mucho por domar aquellos rizos, pero la humedad del aire de Florida hacía la batalla aún más difícil.
Ojalá pudiera frotarse las pecas hasta hacerlas desaparecer.
Se lavó la cara rápidamente y se pasó el cepillo por el pelo.
Si estaba pasando algo divertido, no quería perdérselo.
Terminó con su rutina matutina, se puso rápidamente unos pantalones cortos y una camiseta, y bajó las escaleras.
El corazón le dio un vuelco cuando vio a Brian. Vestido con vaqueros cortados y una camisa que se le ceñía a los músculos del pecho, estaba más bueno que un café bien cargado.
—¡Hola, Brian! ¿Qué haces aquí?
Él la saludó con un gesto de cabeza.
—Les estoy diciendo a Sheena y Regan que pueden empezar a pintar el edificio de delante mañana. Los chicos deberían terminar de prepararlo pronto. Tengo a todo un equipo trabajando en ello.
—Y queremos que siga adelante con el jardín de la entrada y que pode la vegetación del camino —dijo Sheena—. ¿Te parece bien?
—Claro —dijo Darcy. Cuanto más tiempo pasara Brian por allí, más fácil sería que empezara a verla como una posible conquista.
—Te librarás de pintar cuando estés con lo del ordenador —dijo Sheena—. Y Regan también cuando esté trabajando en las habitaciones. Aunque más adelante esta semana nos reuniremos todas con la gente de Gavin. Lo organicé con Gracie esta mañana.
Darcy notó cómo afloraba parte de su viejo resentimiento. Sheena era la hermana mayor, pero ¿tenía que ser tan mandona?
Regan le lanzó a Darcy una mirada cómplice y le pasó una taza de café en silencio.
—Gracias —dijo Darcy, y dio un sorbo con gusto.
Brian le sonrió.
—Mi madre dice que le vas a ser de gran ayuda. Por lo visto te paga con bebidas y comidas gratis. No está mal.
A Darcy le recorrió un hormigueo de placer por todo el cuerpo.
—Voy a pasar bastante tiempo en su local.
—Bien —dijo él, y se volvió hacia Regan—. Tengo entendido que quieres contratar a algunos de mis hombres para que os ayuden a ti y a los de Gavin a mover cosas. Puedo prescindir de ellos una o dos horas cuando los necesites y estén libres. Solo avísame.
—Gracias por pasarte —dijo Sheena—. ¿A qué hora quedamos mañana por la mañana para empezar a pintar?
—A las ocho en punto. Y ponte mucho protector solar. La temperatura está empezando a subir. No querrás trabajar en las horas de más calor.
Brian salió de la casa y Darcy se sentó a la mesa de la cocina.
—¡Vaya! Las cosas van muy rápido. A este ritmo, estaremos listas para abrir en un mes o dos.
Sheena negó con la cabeza.
—No exactamente. Queda mucho por hacer, y no sabremos si hemos tenido éxito hasta que no demos beneficios.
Estoy trabajando más en los números. Pero, Darcy, nos dijiste que querías escribir una novela.
¿Qué tal se te da escribir material publicitario?
He ayudado un poco a Tony, pero esto es muy diferente de escribir sobre fontanería.
Regan le dedicó una sonrisa burlona.
—¡Ja! A lo mejor hasta sale el hotel en una de tus novelas algún día.
—Nunca se sabe —dijo Darcy, a quien la idea empezaba a entusiasmar.