Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO CUARENTA Y SIETE
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CAPÍTULO CUARENTA Y SIETE

SHEENA

Dos semanas antes del Día del Trabajo y de la apertura del hotel, Sheena y Tony estaban sentados en la recepción de Gatto y Ryan, a la espera de que Gregory Ryan los recibiera.

Era socio de Blackie y se especializaba en derecho empresarial.

Al fijarse en la suave alfombra oriental verde que siempre le había gustado, Sheena estaba deseando conocer al hombre que había ayudado a convertir la empresa en un éxito rotundo.

Era una combinación interesante: Blackie como asesor financiero y Greg como abogado.

—¿Emocionado? —le susurró Sheena a Tony.

Los ojos de Tony brillaban, a juego con la radiante sonrisa de su rostro. —No todos los días vendo mi negocio.

Su sonrisa era sincera. —Me alegra que se lo estés entregando a un empleado de toda la vida y a tu cuñado. Y me hace muy feliz que eso signifique que estarás en Florida a tiempo completo.

Él sonrió. —Yo también.

La recepcionista se acercó a ellos. —Sr. y Sra. Morelli, el Sr. Ryan puede recibirlos ahora.

Los condujo por un pasillo y se detuvo frente a la puerta de una oficina grande.

Entraron en un despacho con una pared de cristal que daba a la ensenada.

Un hombre bajo, de ojos azules chispeantes y cabello pelirrojo desvaído, se levantó de su escritorio y les tendió la mano. —Greg Ryan. Encantado de conocerlos. Parece que hoy tenemos asuntos interesantes de los que ocuparnos.

Tras los apretones de manos y las presentaciones, Sheena y Tony tomaron asiento donde Greg les indicó.

Greg se recostó en su silla tras el escritorio y unió las yemas de los dedos. —Entonces, ¿vas a montar un negocio aquí en Florida, Tony?

—Sí, en cuanto cumpla con todos los requisitos. Mientras tanto, estoy trabajando para la empresa de Brian Harwood.

—Ah, sí. Brian es un buen tipo. Inteligente y con empuje.

—Greg se removió en su silla y abrió la carpeta de papeles que tenía delante—.

Esto parece un trato bastante sencillo. La valoración me parece un poco baja, pero si todos están satisfechos, les sugiero que firmen los papeles y listo.

Como comentamos por teléfono, no hay nada de qué preocuparse.

Cada uno podrá seguir adelante con su vida.

—Tengo mi camioneta, mis herramientas y todo lo que necesito para trabajar aquí —dijo Tony.

Greg la miró. —¿Y tú estás conforme con todo esto, Sheena? Como copropietaria de la empresa, necesitas dar tu aprobación y firmar.

—Estoy encantada con la venta. Significa que Tony estará aquí con nuestros hijos y conmigo. —Le encantó ver la sonrisa que se dibujó en el rostro de Tony.

—Muy bien, pues. Firmen aquí y enviaremos los papeles a Boston. —Greg les entregó un bolígrafo azul a cada uno y se recostó.

Mientras Sheena firmaba, sintió un gran alivio. Ahora, quizá con la venta del negocio, Tony y ella podrían plantearse comprar una casa.

Una vez concluido el trámite, se despidieron de Greg con un apretón de manos y salieron de la oficina.

Ya en la calle, Tony dijo: —¿Quieres que lo celebremos? ¿Qué te parece almorzar en el Don CeSar?

—¿Y si mejor almorzamos en el Key Pelican? Hace mucho que quiero enseñártelo. Regan, Darcy y yo nos estamos inspirando en él para el diseño y la construcción de nuestro restaurante, porque es lo que Gavin imaginó.

—Me parece bien. Hasta ahora solo he revisado los planos de fontanería del local, pero es buena idea hacerse una idea visual de lo que queréis.

Salieron de San Petersburgo, cruzaron la bahía de Boca Ciega hacia la isla barrera y recorrieron la costa hasta tomar un desvío al sur de Indian Rocks Beach.

—¿No es una monada? —dijo Sheena. Se detuvieron junto a la casa de molduras turquesa y rosa—. Todavía no hemos decidido qué color queremos, pero me gustaría algo tan alegre y acogedor como esto.

Tony contempló el edificio. —Veamos el interior.

Cuando entraron en el restaurante, la anfitriona la miró con extrañeza. —¿No eres amiga de Blackie Gatto?

—Sí, tanto mi marido como yo somos amigos suyos. ¿Por qué?

—Por nada, es que te he reconocido.

Una vez sentados, Tony dijo: —¿Te apetece celebrarlo con una copa?

—Me encantaría —dijo Sheena.

Cuando el camarero se acercó a su mesa, Sheena pidió una copa de vino blanco y Tony, una cerveza de importación.

Cuando les sirvieron las bebidas, Tony se volvió hacia ella.

—Sé que quieres comprar una casa y que los niños estén instalados antes de que empiece el colegio, pero he estado pensando que lo más inteligente sería construir una casa en la misma urbanización donde Brian está levantando varias viviendas.

Si hago gran parte del trabajo yo mismo y aprovecho el descuento de Brian en materiales, podríamos ahorrar mucho dinero.

Nos venderá una parcela a buen precio. ¿Qué te parece? Ya has visto la zona. Es estupenda.

—Pero eso significa quedarnos en el hotel. ¿Qué hacemos con los niños y el colegio?

Tony sonrió. —Lo tengo todo planeado. Michael puede ir él solo en coche al instituto, que está cerca de la nueva urbanización, y podemos turnarnos para llevar a Meaghan al colegio.

Sheena frunció el ceño, preocupada. —Pero si Michael tiene el coche, ¿qué uso yo?

—La furgoneta del hotel o esto. —Con cierta timidez, Tony le entregó un mando de coche.

Sheena lo miró atónita. —¿Qué es esto?

Los ojos de Tony brillaban con picardía. —La llave de tu coche nuevo. ¡Un pequeño VW descapotable, solo para ti!

Los ojos de Sheena se abrieron de par en par y se le llenaron de lágrimas. —¿De verdad? ¡Qué maravilla! —Se levantó de la silla y se echó en sus brazos—. Estoy deseando verlo. ¿Dónde está?

—En el hotel. Quedé con Regan para que lo recogiera.

—¡Oh, estoy tan emocionada! Terminemos las copas y nos vamos.

Se rio.

—Me parece bien. Podemos comer en Gracie's.

Hizo una señal al camarero y pagó las consumiciones.

Mientras daba un último sorbo a su vino, Sheena observó al hombre que creía conocer. El Tony de antes, el que se preocupaba constantemente por su negocio en Boston y siempre estaba demasiado cansado para cualquier diversión, nunca habría hecho algo tan espontáneo.

—¿De dónde has sacado esta idea? —le preguntó.

—Vi uno el otro día y pensé en ti. Una vez me dijiste que te encantaría tener un descapotable.

—¿Cómo vamos a permitirnos esto con la casa y todo lo demás?

Sonrió.

—Después de renegociar la venta y conseguir algo más de dinero, debería quedarnos más o menos como habíamos hablado.

—¿Y Michael se queda con mi coche viejo? Seguro que está encantado de tener ruedas, como dice él.

Tony asintió y se puso serio.

—Le dije que podía usar el todoterreno como si fuera suyo mientras él y Randy no se metan en más líos.

Se levantó.

—¿Lista para ir a ver tu coche nuevo? Ya hablaremos de la casa en otro momento. Todavía estoy trabajando en unos planos que quiero enseñarte. Después decidiremos qué queremos hacer.

Sheena siguió a Tony hasta su camioneta, preguntándose qué otras sorpresas le aguardaban.