Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO VEINTITRÉS
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CAPÍTULO VEINTITRÉS

DARCY

Darcy probó la Crème Brûlée y dejó escapar un suspiro de satisfacción, contenta de tener una excusa para intentar no pensar en la conversación que Drew había tenido con Austin.

Había dicho que quedaría con Austin y Jasmine.

Sin duda, Jasmine era la atractiva rubia que Darcy había visto con Austin en el Pink Dolphin.

Darcy tomó un último bocado del postre y se limpió la boca con la servilleta mientras se reprochaba haber convertido un par de momentos dulces con Austin en algo que, aparentemente, no había sido tan mágico para él.

—¿Lista para irnos? —le preguntó Regan. Los chicos ya estaban de pie.

Darcy dejó el menú y se levantó.

—Lo siento. Me había quedado mirándolo y no me di cuenta de que estaban listos para irse.

Mientras salía del restaurante junto a Drew, Darcy se recordó que Austin tenía su propia vida, una que no la incluía. Ahora, aunque dolía, decidió intentar olvidarlo y pasarlo bien con Drew, que parecía un buen tipo.

—Hay un bar estupendo calle abajo. Vamos andando y tomamos una copa de sobremesa —dijo Drew—. Es genial estar aquí y lejos del trabajo.

Los cuatro echaron a andar por la acera.

—Así que trabajas con ordenadores —dijo Drew, por decir algo—. ¿Qué aficiones tienes?

—Soy escritora —dijo Darcy, y luego contuvo el aliento. Sonaba tan real, tan profesional. Pero con su falta de experiencia, ¿no era como mentir?

—¿En serio? Suena interesante. ¿Qué escribes?

Darcy notó que se sonrojaba.

—En realidad, quiero escribir una novela. Ahora mismo solo estoy trabajando en algunos artículos cortos para un periódico.

—Suena interesante. No es lo mío. Soy como Chip: me van los ordenadores, los números y esas cosas.

—Los números son más fáciles de manejar —admitió Darcy—. Pero cuando termine mi año en el hotel, quiero viajar y tener tiempo para escribir mi libro.

—¿No te vas a quedar en Florida?

Darcy negó con la cabeza.

—No lo creo. Depende del trabajo que el hotel siga necesitando de mí.

—¿No es emocionante el negocio hotelero?

—No lo sé —dijo Darcy con una risita—. Ni siquiera hemos abierto todavía.

Drew dejó de caminar y la miró.

—¿Sabes qué, Darcy? Me caes bien. Dices las cosas como son.

Ella le sonrió.

El resto de la velada fue divertido: bebidas, baile y buena conversación. Su primera impresión de Drew resultó ser acertada. Era un buen tipo que no se tomaba demasiado en serio. Le caía muy bien.

Mientras Regan y Chip bailaban, Drew le ofreció la mano a Darcy.

—Salgamos al muelle a tomar un poco de aire fresco.

Darcy le tomó la mano y se bajó del taburete.

—Suena bien. Aquí dentro hace mucho calor.

Cuando salieron, el aire cálido y húmedo la acarició. Darcy aspiró los olores de la ensenada: agua salada, combustible de las lanchas amarradas al muelle o en los amarraderos cercanos, y alguna que otra bocanada de humo de cigarrillo.

—Hermosa noche —comentó Drew, llevándola hacia el muelle comercial del bar. El resplandor de las farolas que bordeaban el muelle cada pocos metros brillaba sobre las gastadas tablas de madera y se derramaba sobre el agua.

Darcy se detuvo y observó las sombras que se movían bajo el agua.

—Buena pesca —comentó.

—¿Te gusta pescar? —le preguntó Drew.

—No lo sé. Nunca lo he intentado —dijo ella.

Él la atrajo hacia sí.

—Hay muchas cosas que me gustaría enseñarte —murmuró, y acercó los labios a los de ella.

Darcy cambió el chip, borrando de su mente el cuerpo ancho y sólido de Austin para aceptar en su lugar la figura alta y delgada de Drew.

Cuando se separaron, Drew sonrió.

—Ha estado bien.

—Sí —coincidió Darcy.

Contentos con ese acercamiento, volvieron juntos al interior sin ninguna incomodidad.

Cuando entraron en el bar y se reunieron con Regan y Chip, Regan le lanzó una mirada interrogante.

—Solo salimos a tomar un poco de aire fresco —explicó Darcy.

—¿Quieres bailar? —le preguntó Drew.

—Claro.

Darcy lo siguió hasta la pista de baile instalada en el centro del bar. Apenas habían llegado cuando el DJ puso otra canción, una lenta.

—Aún mejor —dijo Drew, atrayéndola hacia sí.

Se movían bien juntos, pensó Darcy, intentando apartar de su mente a Austin mientras se acomodaba en el abrazo de Drew.

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Esa noche, después de despedirse de los chicos, Darcy y Regan se sentaron en el sofá a hablar en voz baja.

—Drew parecía un buen tipo —comentó Regan.

—Sí —dijo Darcy, esforzándose por sonar positiva—. Lo es, de verdad.

Regan entornó los ojos.

—¿Qué me estás ocultando?

—Nada —dijo Darcy, mintiendo descaradamente—. ¿Y tú qué tal con Chip? Parecía que lo estabais pasando bien.

—Así fue.

A Regan se le iluminó la cara con una sonrisa.

—Oh, Darcy, es tan genial como pensaba. Y ni una sola vez se burló de mí por no entender lo que intentaba explicarme. Ya sabes que no entiendo mucho de ordenadores. Y luego, cuando estábamos bailando, me susurró las palabras más dulces. ¿Quién iba a decir que era tan romántico?

—¿Chip? ¿Un romántico? No deja de sorprenderme. —Darcy tomó la mano de Regan y se la apretó—. Me alegro por ti. De verdad.

—Será mejor que me vaya a la cama —dijo Regan, poniéndose de pie—. Mañana toca madrugar otra vez.

—Nos vemos por la mañana —dijo Darcy, sin moverse del sitio. Sabía que tardaría mucho en conciliar el sueño. Tenía demasiadas cosas que aclarar en su cabeza.

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A la mañana siguiente, después de revisar la actividad del sitio web, Darcy hizo algunas actualizaciones y tomó notas sobre la visita a Gills. Decidió escribir una reseña de prueba del restaurante para que Nick le diera su opinión.

Florida estaba llena de buenos restaurantes, muchos de ellos muy informales.

Gills se distinguía por su decoración, su servicio y su menú de alta gama.

Pensó en Drew. Trabajaba para una empresa en Atlanta, Georgia, y tenía un buen puesto en el departamento de informática.

Aun así, tanto él como Chip habían gastado mucho dinero en la velada.

Tendría que escribir la reseña de modo que la gente entendiera que, aunque Gills era relativamente caro, merecía la pena.

Sheena entró en la oficina y se sentó frente a ella.

—¿Qué tal tu cita? Regan está que no cabe en sí de la emoción.

—Drew es buen tipo y nos llevamos bien. Pero vive y trabaja en Atlanta, así que no sé si llegará a algo. ¿Qué tal tú? Tony llega hoy, ¿no?

La sonrisa de Sheena le iluminó los ojos color avellana.

—Sí. Ha terminado con los negocios en el norte y por fin está en camino.

Por eso también necesitaba hablar contigo.

Meaghan se mudará con Regan y contigo. Así que tendremos que ver cómo nos organizamos para dormir cuando no estéis.

Aun así, es mucho mejor que meter a los chicos con vosotras, porque necesito tenerlos vigilados.

—Pero las suites se comunican, ¿no? —dijo Darcy—. Podrías quedarte en la tuya y estar pendiente de ella. Además, va a cumplir quince años pronto, ¿no?

Sheena levantó una mano en señal de protesta.

—Ya sé que crees que la estoy mimando demasiado, pero quiero que se sienta segura.

—Vale, ya lo arreglaremos —dijo Darcy—. ¿Qué tal llevan los chicos el toque de queda?

Sheena dejó escapar un largo suspiro.

—No es fácil hacer de madre estricta. Pero necesito que les quede claro que podrían haberse metido en un buen lío si el policía no los hubiera ayudado.

—Seguro que Michael no está nada contento. ¿Y Randy?

—Creo que le ha sorprendido mi reacción. Me da la impresión de que su madre está tan ocupada con sus propias fiestas que le da igual lo que haga él. Bastante triste, la verdad.

Darcy asintió.

—Menos mal que lo de ser mandona te sale natural, ¿eh? —bromeó.

Sheena se echó a reír.

—Menos mal que te tuve a ti para practicar, ¿eh?

Darcy sonrió, sintiéndose más unida a Sheena de lo que había estado en años.

—¿Quieres ver las fotos nuevas de la web?

Sheena acercó su silla a la de Darcy y repasaron juntas las fotos de la web mientras comentaban ideas de marketing. Ya habían empezado a promocionar descuentos especiales para las reservas hechas durante el período inicial de renovación.

El móvil de Darcy sonó. Lo cogió. Drew.

—Hola —dijo Drew—. Quería saber si te apetecería quedar en una cita doble con mi amigo Austin. Seguro que lo pasamos bien otra vez.

Intentando disimular el pinchazo de dolor que sintió, Darcy logró decir:

—No, gracias, tengo planes. Pero gracias por acordarte de mí. —De ninguna manera podría conocer a Austin en esas circunstancias.

—Bueno, quizá en otra ocasión —dijo Drew—. Lo pasé muy bien contigo anoche.

—Sí, yo también —dijo Darcy—. Fue... agradable.

Darcy colgó y se giró para encontrarse con la mirada fija de Sheena.

—¿Y eso a qué venía? —preguntó Sheena—. ¿Qué planes tienes esta noche?

—Todavía no lo sé —respondió Darcy, decidida a no dar explicaciones a su hermana mayor, tan mandona y entrometida a veces.