Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO VEINTE #2
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CAPÍTULO VEINTE #2

En el hotel, Chip metió el Jeep en una plaza de aparcamiento detrás del edificio de las suites y apagó el motor. Se inclinó hacia ella.

—Lo he pasado genial. ¿Quieres que entremos juntos?

Darcy buscó las palabras adecuadas.

—Chip, no me interesa nada más serio que quedar y pasarlo bien.

Una expresión de dolor y decepción cruzó el rostro de Chip.

—Lo siento —se inclinó y le dio un beso en la mejilla—. Gracias por la velada, ha sido divertida.

Salió del coche, le hizo un pequeño gesto de despedida y entró.

Regan la recibió en el salón.

—¿Qué tal te ha ido?

—Bien, pero Chip no me interesa más que como amigo —al recordar a Austin alejándose con otra chica, tuvo que contener las lágrimas.

Regan frunció el ceño.

—¿Estás bien?

—Solo cansada, supongo —mintió Darcy.

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Tras una noche inquieta, Darcy se despertó con el sonido de las gotas de lluvia golpeando el edificio con fiereza tropical.

En los pocos meses que llevaba en Florida, había aprendido que hasta los chaparrones se hacían notar con una fuerza arrolladora que azotaba las superficies con un sonoro chasquido.

Al pensar en su cita con Chip, Darcy se alegró de haber sido sincera con él.

No quería volver a salir con chicos como había hecho después de que Sean Roberts la dejara por ser del barrio equivocado de Boston.

Aquellas citas habían sido un acto de venganza, una forma de intentar demostrar que no era la perdedora que él y su familia creían.

Ahora que había dejado atrás aquel lamentable estado, Darcy quería calidad, no cantidad.

Sus pensamientos volaron inevitablemente hacia Austin.

Le había sorprendido tanto verlo con otra chica, y luego le había dolido.

Pero, ¿por qué iba a pensar que él no saldría con nadie más?

Era un tipo estupendo, y entre ellos no había ninguna relación real, solo un par de besos maravillosos.

Con un suspiro ante lo complicada que podía volverse la vida, Darcy se levantó para afrontar el día.

Había quedado con Nick en Gracie's para desayunar temprano y no quería llegar tarde.

Después de vestirse para el desayuno, Darcy se apresuró hacia el restaurante.

Austin le había sugerido que no mencionara el cáncer en sus conversaciones con Nick, pero la temida enfermedad pesaba mucho en su mente.

Y cuando vio a Nick salir del coche y dirigirse a la entrada del restaurante, parecía tan frágil que no podía pensar en otra cosa.

En cuestión de semanas, su aspecto robusto se había deteriorado.

Ahora sus hombros se encorvaban ligeramente y su paso era más lento.

Darcy corrió a saludarlo.

—¡Hola, Nick! ¡Cuánto me alegro de verte!

Él sonrió.

—¡Hola, Dee!

Complacida por el nombre profesional que le había puesto, lo condujo hasta su mesa favorita en la esquina. El restaurante apenas empezaba a cobrar vida. Darcy cruzó una mirada con Lynn y se acomodó satisfecha cuando esta les llevó enseguida tazas de café y las cartas.

—Los desayunos de Gracie's son tan buenos como los almuerzos —le recordó a Nick, tratando aún de disimular la consternación que le causaba su aspecto.

Él miró a Lynn.

—Ni siquiera tengo que pensarlo. Probaré esas tortitas de piña.

—Están muy buenas —le aseguró Darcy antes de pedir lo de siempre: un huevo escalfado sobre muffin inglés con queso.

—He recibido el artículo corto que escribiste para mí —dijo Nick sin preámbulos—.

Me gusta lo que has hecho. Tienes verdadero talento para contar historias.

Además de las reseñas de restaurantes, quiero que empieces a escribir toda una serie de artículos, algo así como relatos, sobre gente corriente que conozcas o con la que te cruces. ¿Crees que podrás hacerlo?

Darcy asintió entusiasmada.

—Claro que sí. Me he comprado un par de aplicaciones de edición para el ordenador. Estoy mejorando con las comas rebeldes.

Nick se rio.

—La edición es un proceso interminable. Da igual cuántas veces revises algo: siempre hay errores.

Pero si puedo enseñarte algo sobre escritura y edición, lo haré encantado.

Nunca tuvimos hijos, y me horroriza pensar en irme de este mundo sin transmitirle a alguien algo de lo que aprendí a lo largo de los años —negó con la cabeza—.

Hoy en día hay tantos periódicos llenos de erratas, faltas de ortografía y errores gramaticales.

.. Recuerdo cuando el Wall Street Journal era famoso por su excelente edición. Todos los periódicos aspiraban a eso.

—Sé que todavía me queda mucho por aprender —dijo Darcy con voz cargada de sinceridad—, pero estoy dispuesta a escuchar todo lo que tengas que decirme.

Nick asintió con aprobación.

—Saber escuchar es la marca de un buen escritor. Hay historias en todas partes, solo hay que estar atento. Por eso quiero que te centres en hacerte cargo de mi columna. Conversaciones por la Ciudad puede tomar muchas direcciones. Si empiezas con artículos sobre personas, ya tienes algo interesante.

Les sirvieron la comida. Pero Darcy, aun mientras comía, escuchaba atentamente todo lo que Nick le decía, muy consciente del regalo que le estaba haciendo.

Hacia el final de la comida, se dio cuenta de que Nick se estaba cansando. Se limpió la boca con la servilleta.

—Nick, muchísimas gracias por quedar conmigo. Te enviaré un artículo en cuanto pueda. Ahora tengo que reunirme con Regan.

Nick le dirigió una mirada agradecida y se levantó.

—Envíame lo que puedas cuando puedas. Te llamaré para quedar otro día.

Darcy se levantó y se acercó a él.

—Gracias de nuevo.

Le dio un abrazo rápido y, al hacerlo, se dio cuenta de que la figura amplia y robusta de San Nick de no hacía tanto tiempo era ya solo un recuerdo. Bajo la ropa, estaba quedándose en los huesos.

Darcy acompañó a Nick hasta el coche y se quedó viéndolo alejarse. No sabía qué tipo de cáncer estaba combatiendo, pero en el poco tiempo que lo conocía era evidente que estaba perdiendo la batalla.

Entristecida, se dirigió al taller para ver cómo le iba a Regan con el inventario de herramientas y equipos.

Al acercarse al taller, oyó voces y se detuvo, preguntándose con quién estaría hablando su hermana.

Cuando reconoció que la voz masculina era la de Rocky, se aproximó con cautela a la entrada.

Rocky Gatto la intimidaba con su aspecto de pirata y con la forma en que sus ojos oscuros parecían penetrar hasta donde ella escondía sus inseguridades.

—Hola, Darcy —dijo Regan con una sonrisa alegre—. Rocky me está ayudando a clasificar todo esto. La mayoría de estas herramientas son imprescindibles. Algunas quizá no hagan falta, pero aun así nos quedaremos con casi todas.

A Darcy le hicieron gracia los cambios en Regan. En ese momento, sonaba más a Sheena que a la hermana pequeña que había conocido siempre.

Rocky permanecía allí, observándola con atención.

Darcy se obligó a sonreírle.

—Hola, Rocky.

—Hola.

Sus ojos oscuros la recorrieron de arriba abajo y volvieron a su rostro. Su aprobación sorprendió a Darcy. Normalmente Rocky la despachaba con una mirada de desdén.

Darcy buscó algo que decir.

—Gracie me dijo que eras ingeniero.

—Sí, trabajé de eso en varios barcos, incluidos remolcadores, pero digamos que sé un poco de todo y dejémoslo ahí —dijo con brusquedad.

Darcy no podía dejar de preguntarse qué historia escondería aquel hombre, así que insistió:

—Has mencionado reuniones en Ybor City. ¿De qué van?

Rocky la observó un momento antes de responder.

—A principios del siglo veinte se fundaron varias sociedades de ayuda mutua en Ybor City. Algunas siguen existiendo. Pertenezco a una de ellas para mantener el vínculo con mis raíces cubanas.

—Interesante —dijo Darcy—. ¿Es solo algo social?

Un destello de dolor cruzó los ojos de Rocky y desapareció enseguida. No respondió; se limitó a negar con la cabeza.

Quería hacerle más preguntas, pero sabía reconocer las señales de «no te acerques» cuando las veía. Algún día, se prometió, iría a Ybor City a verlo con sus propios ojos. Quizá entonces entendería mejor qué hacía Rocky allí.

—Adiós, gracias —dijo Darcy, lista para marcharse.

Rocky la detuvo.

—Te vi hablando con Nick Howard. Lo conozco desde hace mucho. ¿Es amigo tuyo?

Darcy asintió, sin poder ocultar las lágrimas que le escocían en los ojos.

—Sí, estoy haciendo un trabajo para él.

La mirada de Rocky se posó en ella y, como si hubiera tomado una decisión, dijo:

—Algún día te llevaré conmigo a Ybor City.

Darcy parpadeó sorprendida. Era la segunda vez que Rocky se acercaba a ella. ¿A qué venía eso?