Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO VEINTE
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CAPÍTULO VEINTE

DARCY

Darcy se esforzaba por contener su impaciencia mientras repasaba una vez más el protocolo para registrar a un huésped en el hotel. Ni Sheena ni Regan estaban familiarizadas con el sistema de recepción que ella y Chip Carson habían montado, y enseñarles estaba resultando un suplicio.

Alzó la vista desde el mostrador de recepción cuando Chip entró en el edificio. Rubio y musculoso, era el tipo de chico que siempre le había atraído.

—¿Cómo van las cosas? —preguntó Chip.

—A lo mejor tú puedes explicarlo mejor que yo —dijo Darcy con diplomacia—. Parece que resulta confuso. Ve hablando y yo tomo notas, y luego preparo una «chuleta» para nosotras.

Darcy permaneció a su lado mientras Chip repasaba el procedimiento, detallando cada paso.

Tomaba notas a toda velocidad, apuntando cada uno.

Cada vez le interesaba menos la informática ahora que había empezado a trabajar en reseñas de restaurantes.

Nick le había enviado una reseña que había escrito hacía poco y le había pedido que la retocara un poco.

Había reorganizado algunas frases, añadido unas cuantas palabras y, con las manos heladas, la había enviado.

Se la habían devuelto con una pequeña corrección y una carita feliz que no hacía justicia a la sonrisa de su propio rostro.

—¿Alguna pregunta? —preguntó Chip, devolviendo a Darcy al presente.

—Creo que lo entiendo —dijo Sheena.

—Yo también —dijo Regan, dedicándole a Darcy una sonrisa pícara—. Aunque más vale que prepares esa chuleta.

Darcy se rio y levantó el bloc de notas.

—Lo tengo aquí. Cuando las demás habitaciones estén listas, seguiremos el mismo procedimiento.

Sheena consultó el reloj.

—Me tengo que ir. Tengo una familia hambrienta esperando, y quiero asegurarme de que todos tienen claras las normas de la casa.

—Buena suerte —dijo Regan. Ella y Darcy cruzaron una mirada escéptica. Durante las vacaciones de primavera, Michael les había dado muchos quebraderos de cabeza con sus cambios de humor y su pereza. Y ahora que tenía un amigo con él, sospechaban que habría aún más problemas.

—¿Quieres salir esta noche? —le dijo Chip a Darcy—. Se está haciendo tarde, y necesito un poco de diversión.

Darcy entrecerró los ojos al mirarlo.

—¿Y qué pasa con tu novia, Mel? ¿Habéis roto definitivamente o es solo otra pelea como la última vez? No quiero más escenas como aquella ni que me dejes tirada sintiéndome como una idiota.

—Exnovia —corrigió Chip—. Esta vez es de verdad. Te lo prometo.

Darcy se volvió hacia Regan, que seguía allí.

—¿Quieres venirte con nosotros?

Regan negó con la cabeza.

—Mo y yo estamos trabajando en la casa de Rosa y Paul. Quedamos otra vez esta noche.

—Vale, nos vemos luego, Darcy —dijo Chip—. Te recojo a las siete.

Cuando se marchó, Regan miró a Darcy con curiosidad.

—Creía que me habías dicho que no te interesaba.

—No me interesa. O al menos creo que no. La verdad es que no quiero nada serio con nadie ahora mismo.

Darcy no pensaba contarles a sus hermanas lo de los momentos especiales que había compartido con Austin. Habían sido pura casualidad, había decidido. Además, ya les había dicho que en cuanto terminara el año, se marcharía a viajar mientras empezaba la novela que siempre había querido escribir.

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Aunque Chip no le interesaba como novio, Darcy se arregló con esmero. La última vez que había salido con él, una amiga de su ex se había burlado cruelmente de su aspecto.

Se puso un vestido de algodón azul liso.

Sin mangas, con escote en V y por encima de la rodilla, era atrevido sin resultar obvio.

Se abrochó una cadena de plata con un colgante de flor al cuello y se puso unos aros de plata en las orejas.

Se plantó frente al espejo y se observó.

Ojalá no tuviera el pelo rojo, pero otros le habían dicho que esos rizos rebeldes y su figura sexy encajaban con su personalidad.

Cuando Chip apareció en la puerta de su suite, Darcy estaba lista para una noche de diversión.

—Estás guapísima. ¿Lista?

Chip la acompañó hasta su Jeep y esperó a que subiera antes de rodear el coche y sentarse al volante.

Chip se volvió hacia ella.

—¿Te apetece ir al Pink Dolphin? He oído que tienen un grupo nuevo.

Darcy sonrió con agrado.

—Me parece bien.

Fueron por la playa hacia el bar donde Chip la había llevado una vez y que había acabado siendo una noche desastrosa.

Chip alargó la mano y le cogió la de ella.

—Quería tener una segunda oportunidad. Me gustas, Darcy.

—Menos mal, porque vamos a estar trabajando juntos en el hotel bastante tiempo.

Él frunció el ceño.

—No es eso lo que quise decir.

Ella soltó una risita.

—Ya lo sé.

Él le soltó la mano para esquivar un bache.

Darcy contempló el paisaje, dejando que el viento le alborotara el pelo. El calor y la humedad del aire tropical habían dado a sus rizos una rebeldía extra contra la que era difícil luchar. Al final había decidido que era mejor rendirse.

Llegaron al Pink Dolphin y se encontraron el aparcamiento lleno. Chip siguió adelante y encontró un hueco junto a la carretera.

—Supongo que ese grupo es tan bueno como dicen —dijo Chip. Se bajó del coche y esperó a que ella lo alcanzara—. Le dije a mi antiguo compañero de piso que quedaríamos aquí. Espero que no te importe.

—Vale, mientras no traiga a ese imbécil de Kevin. Sigo pensando que fue él quien drogó a Regan.

El rostro de Chip se ensombreció.

—No lo he vuelto a ver desde entonces. No se me ocurre quién más podría hacer algo así. Desde luego, nadie de mi grupo.

A medida que se acercaban al bar, Darcy sintió crecer la emoción. Iba a sentirse bien estar rodeada de gente de su edad con ganas de pasarlo bien. A veces sentía que sus responsabilidades en el hotel eran como una pesada cadena alrededor del cuello.

Entraron en la multitud reunida alrededor de la barra principal.

Mientras Darcy esperaba a que Chip buscara a su amigo, echó un vistazo a su alrededor.

Se quedó paralizada de sorpresa al ver a Austin con el brazo sobre los hombros de una chica de pelo largo y rubio.

Conmocionada, sintió una oleada de decepción.

Se dio la vuelta rápidamente, incapaz de enfrentarse a él.

Chip se acercó a ella y la tomó del codo.

—¡Vamos! Bill y Jenna han conseguido una mesa afuera.

Las terrazas de madera estaban dispuestas en tres niveles en el exterior del edificio. Chip la llevó a la del medio, en un lateral.

Bill Schmidt la saludó con un gesto informal.

—Hola, Darcy. Esta es Jenna Lynch —se volvió hacia la chica de pelo oscuro junto a él—. Jenna, Darcy Sullivan.

Mientras Darcy se sentaba en una silla junto a ella, ambas intercambiaron una sonrisa.

Chip llamó a una camarera con un gesto y miró a Darcy.

—Margarita, ¿verdad?

Ella asintió.

—¿Cuánto hace que conoces a Chip? —le preguntó Jenna.

—Solo unos meses. Está ayudando a mis hermanas y a mí con los sistemas informáticos de nuestro hotel.

—Ah, sí, he oído hablar de vosotras. ¿No drogaron a una de vosotras en la fiesta de Bill?

—A mi hermana Regan. Creemos que fue ese imbécil de Kevin.

—¿Tu hermana está bien? ¿Y es verdad? ¿Sois dueñas de un hotel?

—De momento, es el hotel el que nos tiene a nosotras —dijo Darcy—. Pero si conseguimos renovarlo, abrirlo y superar un par de retos más, será nuestro.

Llegaron las bebidas.

Darcy dio un sorbo y miró hacia la multitud. Como antes, varias parejas bailaban en la arena. Buscó a Austin entre ellas, pero no lo vio ni a él ni a nadie más que conociera.

Se volvió hacia Jenna.

—Cuéntame, ¿a qué te dedicas?

—Tengo una boutique con una amiga —dijo Jenna—. Deberías pasarte algún día.

Darcy observó la falda floral y la blusa a juego que llevaba Jenna. Le quedaban genial.

—Me encantaría. Traeré a mis hermanas también. Hemos estado tan ocupadas con el hotel que hace mucho que no nos compramos ropa bonita.

—Perfecto. Os trataré muy bien —dijo Jenna, alzando la copa hacia ella.

De repente, Darcy se dio cuenta de que habría vida para ella después de superar el reto: una vida que no incluía trabajo de oficina, recibir huéspedes, pintar muebles y otras tareas. Más libre de lo que se había sentido en mucho tiempo, aceptó enseguida otra margarita.

Más tarde, cuando la banda arrancó con un tema bailable, Darcy tiró de la mano de Chip.

—¡Vamos! ¿Quieres bailar?

Él se levantó de un salto.

En la arena, Darcy se quitó las sandalias y empezó a bailar.

Con la música fluyendo por sus venas, cerró los ojos y se dejó llevar.

Sus pasos seguían el ritmo mientras giraba y se contoneaba.

Se sentía tan bien estar así de libre que se echó a reír.

Cuando abrió los ojos, vio que se había formado un corro alrededor de Chip y ella.

Se rio aún más fuerte cuando alguien empezó a aplaudir al ritmo y otros se unieron.

Normalmente no le habría gustado ese tipo de atención, pero no conocía a esa gente y, por una vez, le daba igual lo que pensaran de ella.

Cuando terminó la música, Chip la rodeó con los brazos y se abrazaron, jadeando y riendo juntos. Por encima del hombro de Chip, Darcy vio a Austin. Se puso seria de golpe. La chica del pelo largo y rubio seguía a su lado.

Darcy echó a andar hacia él, pero Austin se dio la vuelta y se alejó.

Durante el resto de la velada, Darcy intentó disfrutar de la compañía, el lugar, la música, pero no podía quitarse de la cabeza la expresión de consternación en el rostro de Austin.

—¿Lista para irnos? —preguntó Chip.

Darcy se levantó.

—Mañana será otro día ajetreado en el hotel —no mencionó que tenía una reunión con Nick Howard a primera hora de la mañana.

De camino al hotel, Chip se volvió hacia ella con una sonrisa.

—La banda estuvo bien, ¿eh? Y, Darcy, bailas de maravilla —la sonrisa se tornó en una mirada lasciva—. Tienes unos movimientos increíbles.

Darcy sonrió pero no dijo nada. Se quedó mirando las palmeras que bordeaban la carretera. Por mucho que le cayera bien Chip, no quería liarse con él.