Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2)
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CAPÍTULO UNO
DARCY
Darcy Sullivan cruzó el césped del Salty Key Inn en Sunset Beach, en la costa oeste de Florida, todavía dándole vueltas al desafío que su tío Gavin les había planteado a ella y a sus dos hermanas en el testamento.
A cada una le había dejado una tercera parte del hotel, una parte que podría significar o no una gran cantidad de dinero en el futuro.
Por ahora, no significaba más que un montón de trabajo y mucha incertidumbre.
No podía quitarse de la cabeza el mensaje especial que el tío Gavin había escrito al final de su carta: «Darcy, no eres quien creemos que eres».
—¿Qué demonios significa eso? —murmuró Darcy.
El tío Gavin Sullivan, o el «Gran G», como a veces lo llamaban, había sido un misterio para ella y sus hermanas.
Aunque eran familia, no había estado muy presente en su vida.
Tenía un vago recuerdo de un hombre grande con una voz potente, pero como su padre nunca se llevó bien con su hermano, rara vez había visto a Gavin.
Por eso el loco plan de su tío de que renovaran el hotel en un año a cambio de mucho dinero le resultaba tan extraño.
«No eres quien creemos que eres». ¡Vaya!
Ella, más que sus hermanas, lo tenía todo controlado, ¿no?
Su hermana mayor, Sheena, todavía lidiaba con la maternidad en una familia que prácticamente le había arrebatado la autoestima.
Y su hermana menor, Regan, la belleza de la familia, todavía estaba descubriendo que era mucho más inteligente de lo que siempre había creído.
En cuanto a ella, Darcy tenía la intención de llevar este proyecto hasta el final, conseguir el dinero y largarse a destinos emocionantes.
Quizás los genes de su tío tenían algo que ver, pero al igual que él, quería vivir aventuras y ver el mundo.
Aquella luminosa mañana de mayo, Sheena cruzó los terrenos del hotel hacia Darcy con pasos seguros que hacían oscilar su melena castaño rojiza por encima de los hombros. La joven madre de dos adolescentes era una mujer atractiva... y seguía siendo la supuesta «perfecta» de la familia.
—¡Darcy! ¡Justo a quien quería ver! —dijo Sheena—.
Te he conseguido una cita con un reportero del periódico local.
Van a publicar un artículo sobre el Salty Key Inn y lo que estamos intentando hacer aquí.
El reportero se llama Nick Howard. Le dije que lo llamarías para confirmar una reunión lo antes posible.
Darcy puso los ojos en blanco. ¿Qué tenían las hermanas mayores que las hacía tan mandonas?
—Vale, lo haré. Al pronunciar esas palabras, Darcy sintió un hormigueo, como si una araña de patas largas le recorriera los hombros.
Desde niña, su deseo secreto había sido convertirse en reportera o en la famosa autora de la novela más querida del mundo.
Había terminado dedicándose a la programación informática porque ahí estaba el dinero, y necesitaba devolver los préstamos estudiantiles.
Pero ahora, la idea de viajar mientras escribía la novela perfecta era su sueño.
Darcy aceptó con entusiasmo la nota de Sheena con el nombre y el número de teléfono de Nick.
Tendría que encontrar la forma de darle un giro positivo a la situación en la que se encontraban ella y sus hermanas.
Cuando les informaron de la herencia, Darcy había pensado que sería rica y estaría sentada en la playa bebiendo margaritas. ¡Menuda broma pesada!
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Ya en su oficina, Darcy marcó el número del reportero.
—¿Diga? —El hombre al otro lado tenía una voz profunda y cálida que le recordó a Darcy a aquel actor corpulento cuya conocida voz de bajo hacía que hasta los anuncios más aburridos parecieran sensuales.
—Hola, ¿Nick? Soy Darcy Sullivan. Mi hermana, Sheena Morelli, habló contigo sobre escribir un artículo sobre nuestro hotel, el Salty Key Inn.
—Ah, sí. Suena interesante.
—Me gustaría quedar contigo. Si te viene bien, nos encantaría invitarte a comer en Gracie's, el restaurante del hotel.
—Suena bien. ¿Por qué no quedamos hoy?
—Perfecto. Digamos a la una. Te espero fuera.
—Nos vemos entonces —dijo Nick.
Al colgar, Darcy se preguntó cómo sería el hombre detrás de aquella voz.
En Florida no había tenido suerte con las citas.
Primero, había hecho el ridículo con Brian Harwood, el vecino de al lado, y la otra vez había sido un completo desastre.
El tipo se había reconciliado con su ex, dejando a Darcy plantada.
Si Nick Howard tenía un físico acorde a su voz, quizás fuera buen momento para volver a intentarlo.
Tenía que demostrarse a sí misma que no era tan perdedora.
El resto de la mañana, Darcy se concentró en los problemas de instalar el sistema wifi en los dos edificios de habitaciones.
Por muy ajustado que fuera el presupuesto, las tres hermanas habían acordado que hoy en día el wifi era imprescindible.
Con la ayuda de Chip Carson, un joven dispuesto a hacer el trabajo por un precio razonable, estaban avanzando bien.
Poco antes de la una, Darcy salió de su oficina en el edificio principal, que daba a Gulf Boulevard, y cruzó a toda prisa los terrenos del hotel hacia la suite que compartía temporalmente con Regan. Quería arreglarse un poco antes de la comida con Nick.
Antes de llegar al edificio, se detuvo a contemplar lo que una vez había sido una pequeña casa de tablillas rosas.
Era donde el tío Gavin había querido que viviera con sus dos hermanas durante un año entero.
Tras un terrible incendio, estaban demoliendo la casa porque el perito del seguro la había declarado peligrosa e inhabitable.
Ella y sus hermanas agradecían que el coste de reconstruirla no saliera de su escaso presupuesto de renovación, sino de la indemnización del seguro contra incendios.
Los fondos adicionales necesarios provendrían del patrimonio del tío Gavin.
Pero ocupar las suites suponía una posible pérdida de ingresos: no podrían alquilar esas habitaciones hasta que el nuevo edificio estuviera terminado.
Con un suspiro ante los problemas que les esperaban, Darcy entró a toda prisa en su habitación.
Mientras se lavaba, Darcy oyó a Regan entrar en la suite y cruzar el pasillo hacia su baño.
Vestida con unos vaqueros cortados y una camiseta vieja manchada de pintura azul, Regan estaba tan guapa como siempre con su largo cabello oscuro y sus ojos azul violeta. Algunos decían que era el vivo retrato de Liz Taylor, un auténtico bombón.
—¡Eh! ¿Qué haces? Estás muy arreglada —dijo Regan, observándola de arriba abajo.
—He quedado con un periodista para comer. Sheena organizó una entrevista para un artículo sobre el Salty Key Inn y sobre nosotras.
Regan sonrió. —Bien. Una buena forma de arrancar nuestro programa de publicidad.
Darcy asintió, pero por dentro pensaba que podría ser una buena forma de iniciarse como escritora creativa, no solo para el proyecto del hotel, sino también para la novela que esperaba escribir.
Tras mirarse en el espejo, Darcy se pasó una mano por los rizos pelirrojos y se sacudió una mancha imaginaria del sencillo vestido verde oscuro sin mangas. —Supongo que más lista no voy a estar. —A sus hermanas les resultaba tan fácil ir arregladas, mientras que ella tenía que esforzarse de verdad.
Una vez más, Darcy atravesó a toda prisa los jardines del hotel.
Un borrón de plumas azules se abalanzó hacia ella.
—¡No, Petey! ¡Fuera! —gritó Darcy, y arremetió contra el molesto pavo real que dominaba la zona.
Cuando el pájaro se dio cuenta de que Darcy iba en serio, soltó un graznido estridente y se alejó pavoneándose, arrastrando las plumas de la cola.
¡Maldito pájaro!
Darcy aminoró el paso al acercarse al restaurante. Junto a la entrada había un hombre alto, corpulento y de hombros anchos, con el pelo y la barba blancos, que contrastaban con su piel bronceada. ¿Sería Nick Howard?
Darcy miró a su alrededor para ver si había alguien más, y al no ver a nadie, se acercó al hombre.
—¿Nick?
Él asintió y le sonrió. —¿Darcy?
Darcy le tendió la mano. —Por un momento, no sabía si llamarte Papá Noel o Ernest Hemingway.
Su risa fue franca y sonora, casi un jo-jo-jo, como si la ensayara en Navidad.
Encantada, Darcy soltó una risita.
Nick terminó el apretón de manos y, con ojos chispeantes, dijo: —Me gustan las mujeres con sentido del humor. ¿Cuántos años tienes, Darcy?
—Veintiséis —respondió, preguntándose por qué querría saberlo. ¿Sería uno de esos hombres mayores a los que les gusta llevar una «sobrina» del brazo en los eventos sociales? —¿Entramos?
Él se dio unas palmaditas en el estómago. —Sin duda. Tengo que confesar que he oído hablar de Gracie's. Tiene muy buena fama por aquí. A veces hago reseñas de restaurantes para el periódico, pero no digamos a nadie quién soy ni por qué estoy aquí. ¿De acuerdo?
—Claro —dijo ella.
Entraron en el restaurante, que dirigía Gracie Rogers junto con el resto del grupo al que todos llamaban la gente de Gavin.
Gavin había ayudado a esas ocho personas que había conocido a lo largo de los años y les había dado un lugar gratuito donde vivir a cambio de que trabajaran en el hotel.
Cuando Darcy y sus hermanas heredaron el hotel, y con él a esas personas, decidieron mantener el acuerdo.
Lynn Michaels los saludó con la mano al verlos entrar y se acercó a ellos.
—Buenas tardes. Encantada de verlos. —Los condujo hasta una mesa en el patio, bajo una sombrilla.
Maggie O'Neill se acercó enseguida a saludarlos, con los menús en la mano.
—Buenas tardes. —Sonrió a Darcy y luego se volvió hacia Nick.
—¿Les traigo algo de beber además de agua?
Nick miró a Darcy. —¿Qué tal está la limonada?
—Deliciosa. Pero yo voy a tomar agua con gas. ¿Quieres también?
—Claro —dijo Nick. Cogió el menú que le ofrecía Maggie y se puso a estudiarlo.