ANAHÍ
Dante no despega la mirada del cielo, donde su secreto brilla en la oscuridad. Ni siquiera se ha molestado en dedicarme una sonrisa cómplice, algo que no me haga pensar que estoy liándome con un delincuente.
No reacciono. Soy incapaz de hacerlo. ¿Dante un violador? No. Eso es imposible. Él no haría una cosa así nunca. Todos mis músculos se tensan cuando su mano roza mi brazo y me despego un poco de él.
Al mirarle a los ojos, percibo esa mirada de arrepentimiento y tristeza que se tiene cuando la culpabilidad no te deja vivir tranquilo.
Me susurra algo, pero no he sido capaz de entenderlo, aún estoy intentado asimilar esa información.
Con un apretón sobre mis manos, me obliga a salir de mi mundo, me obliga a mirarle a los ojos de verdad y me obliga a escucharle. No sé si podré hacerlo.
Es culpable.
Lo hizo.
Las palabras se aturullan en mi garganta como golondrinas que quieren escapar, pero no encuentran el espacio necesario para hacerlo. Las lágrimas me escuecen tras los ojos, también quieren salir, pero no pienso permitirlo.
—Necesito meditarlo —anuncio en voz queda—. Déjame pensar.
—Como quieras.
Mis manos caen por su propio peso cuando me suelta y se aleja de mí para unirse a Killian. Suspiro y parpadeo varias veces, mientras veo cómo los chicos vienen hacia mí. ¿Cómo me voy a enfrentar a ellos? Ni siquiera yo sé fingir también.
Me toco el cabello un par de veces y les sonrío lo mejor que sé.
—¿Estás bien? —pregunta Iris.
—Sí, tranquila. ¿Cómo vamos a nominar? —No quiero que me miren con condescendencia. Tienen que verme fuerte.
—Depende de quién salga —dice Edgar, encogiéndose de hombros.
Asiento y miro a Wyatt. Sus ojos están clavados en los míos, tiene una expresión seria y el silencio que le rodea me inquieta. No parece que esté en este mundo, más bien parece que está en trance. Entonces, vuelve en sí y agarra mi mano.
—No te dejes manipular por esta mierda, ¿de acuerdo?
—Sus palabras me confunden. ¿Está defendiendo a Dante?
Él mismo me ha reconocido que lo hizo, pero voy a callar y escuchar.
Wyatt siempre suele llevar razón—. Han cogido nuestros secretos y le han dado la vuelta.
No dejes que esta mierda influya en lo que siente tu corazón sin descubrir qué es lo que pasó en realidad.
—Pensé que no te caía bien.
—Y no me cae bien, pero tú sí me importas —susurra, apretando un poco más mi mano—. Piénsalo, porque si esta noche se va, será la última vez que lo veas.
En el salón todo está en silencio. Nadie hace referencia a los secretos ni a cómo se han burlado de ellos.
Mi vista se clava en las manos entrelazadas de Edgar y Wyatt.
No voy a negar que me ha molestado que Wyatt no me contase lo del beso, me hace pensar que es una simple estrategia para permanecer aquí más tiempo.
Sin embargo, después de presenciar su beso en el jardín, no sé qué es real y qué no.
Él es capaz de fingir todo eso sin que nadie lo descubra, pero quiero creer que es de verdad.
Dante no me mira, tiene la mirada baja y su mano sobre mi pierna. Sé que no hay disculpa para lo que hizo, pero lo veo arrepentido y preocupado por lo que piense de él. Le importo y nadie me hará pensar lo contrario.
—Kora, Dante, Olga, al habitáculo. Podéis despediros de vuestros compañeros.
Dante se pone en pie y yo lo imito para poder darle un fuerte abrazo. Lo aferro a mí con fuerza y, en silencio, le ruego a Dios para que vuelva conmigo. Sus oscuros ojos se clavan en los míos, brillantes.
—Vuelve, ¿me oyes? Vuelve.
—Volveré —asegura y me roba un beso—. Te quiero.
—Y yo a ti.
Mientras Dante se despide del resto, me centro en Wyatt y Olga. Ambos han hecho buenas migas. Para Wyatt puede ser duro que ella se vaya.
Le doy dos besos a Kora y le deseo mucha suerte, aunque no lo hago de corazón. Con Olga me pasa lo mismo. No me importa quién salga, solo quiero que mi novio vuelva.
Los tres salen del salón y van hasta el habitáculo.
Las chicas van de la mano.
Dante se debe sentir tan solo... La idea de que esté en desventaja crispa todos mis nervios, por eso voy de un lado a otro de la casa sin parar.
Entonces, Killian acaricia mi espalda con una sonrisa y me asegura que Dante será quien entre por esa puerta. Le agradezco el gesto y me quedo a su lado, o es él quien se queda en el mío. No me importa cómo ocurre, solo sé que me siento a gusto ahora mismo con su presencia.
Edgar me mira y me sonríe. Le devuelvo la sonrisa. Hace un gesto con la cabeza para que me siente a su lado, pero niego y gesticulo algo raro con la mano para quitarle importancia.
La pantalla se enciende de golpe y se proyecta el interior del habitáculo. Todos la miramos boquiabiertos mientras la voz de Xavier se alza para decir quién es el expulsado de la casa. Creo que voy a vomitar.
—Olga y Kora...
No, no, no. Se acabó. ¡Ha dicho sus nombres! Dios, me he quedado sin Dante.
—Ambas estáis fuera del concurso. Felicidades, Dante, estás salvado.
El corazón se me para mientras escuchamos los aplausos envolver todo el plató ante esta noticia. ¿Doble expulsión? ¡Dante se ha salvado! ¡Se ha salvado, caray!
La conexión se corta justo cuando la puerta del habitáculo se abre y Dante corre atropelladamente hacia mí, besándome y alzándome como si no pesase nada.
—Gracias, gracias —susurro.
Me deja en el suelo y se abraza a Killian entre risas.
Busco a Wyatt, pero no está. Edgar e Iris se acercan a Dante y le dan la enhorabuena con una sonrisa. No sé si es sincera o no, pero no me importa. Ikki está llorando, sé que ambas eran un gran apoyo para él, pero soy incapaz de decirle que lo siento, porque no es verdad.
A los segundos, Wyatt sale del baño y se acerca a Dante para felicitarlo con un ligero abrazo.
—¿Estás bien? —le pregunto cuando me acerco a él.
—Sí —dice con una sonrisa impostada.
—Olga era tu amiga, es normal que te afecte —susurra Edgar, que se ha acercado a nosotros.
—Ese es el problema —espeta, enfadado. Tiene la mandíbula tensa y no hay que ser adivino para intuir que está aguantando las ganas de llorar—. Si me duele que Olga se haya marchado, ¿qué va a pasar cuando uno de vosotros sea expulsado?
—Ey... —Su pregunta me arde en el pecho. Beso su mejilla un par de veces y me encojo de hombros—. Pues estaremos fuera esperándote. Y si sales tú, más te vale hacer lo mismo, ¿eh?
La amargura no desaparece, pero al menos consigo que sonría un poco.
—Claro.
Mi pierna no deja de moverse, un tic imposible de controlar. Las nominaciones me tienen al borde de un ataque de nervios. Cada vez somos menos y, aunque me duela admitirlo, una de mis opciones tendrá que ser Iris, Ikki o Edgar. No hay escapatoria.
Lo de Dante es distinto. Resulta demasiado evidente que los chicos irán a por él; sería ingenuo esperar otra cosa.
La uña entre mis dientes apenas dura unos segundos antes de que Xavier aparezca frente a mí.
—Necesito tus nominaciones: tres, dos y un punto.
—Con tres puntos nomino a Killian —empiezo, aunque no estoy del todo segura—.
Me estoy llevando mejor con él, la neta.
De hecho, hoy he sentido su apoyo, pero quedan muy pocos y mi afinidad con él es mínima.
Con dos puntos voy a nominar a Ikki, a pesar de que lo quiero mucho. Con uno nomino a Edgar.
—Muchas gracias, Anahí. Bueno, las nominaciones se cierran contigo, ¿tienes alguna idea de quién puede salir nominado?
Por desgracia, sí. Me hago una idea.
—Killian e Ikki —les nombro sin duda alguna—. El tercero no lo sé. Solo espero que no sea Dante, aunque algún punto se habrá llevado.
—¿De parte de tus más cercanos?
—No tienen más remedio que darle un punto, aunque sea —comento, algo apagada.
—Voy a hacerte un regalo. ¿Quieres saber cuáles han sido las puntuaciones?
Frunzo el ceño, pero asiento con rapidez.
—De acuerdo, ve al salón y no digas nada. La tabla aparecerá de forma inesperada.
Esto de compartir un secreto con el presentador es bastante chido.
Me gusta sentirme parte del engaño y ser más protagonista.
Una vez en el salón, la pantalla se enciende, aunque no aparece nada. Muerdo mi labio inferior y recorro con la mirada las caras de todos. Están confusos, demasiado. Vuelvo a atender a la pantalla y las puntuaciones van a apareciendo.
No puedo creer lo que estoy viendo. Me he quedado helada.
Mis amigos han dado más puntos a mi novio que a Killian.
Dante y yo nos miramos. Él también les ha dado su máxima puntuación a los dos, me lo dijo antes de nominar. Me juró que los había oído hablar de sus puntos y yo no le creí.
Wyatt tiene la mandíbula tensa y la mirada perdida. Los otros dos no son capaces de mirarme tampoco.
Una carcajada irónica rompe el silencio y me preparo para soltar todo el veneno que tengo dentro.
—No me creo esto, neta —susurro sin dejar de negar.
Xavier hace su aparición y nos sonríe con amplitud.
Ahora comprendo por qué me ha preguntado por las nominaciones en el habitáculo. Quería que supiera cómo mis supuestos aliados me habían clavado un puñal por la espalda. Quería que supiera que Wyatt había traicionado mi confianza.
—Dante, Killian y Edgar, sois los nominados de esta semana. Una guerra de titanes. Mucha suerte y feliz semana.
—Vaya con tus amiguitos —suelta Killian con una sonrisa.
—Vaya —comento.
—Anahí… —dice Iris en voz queda.
—Ni se te ocurra dirigirme la palabra, naca . —Pero no la miro a solo a ella—. El aviso va por los tres.
Wyatt enarca una ceja y esboza una sonrisa extraña. Nuestras miradas se encuentran y no la aparta. Traidor asqueroso.
—Vamos a hablar, ahora —anuncia sin que le tiemble la voz y se levanta del sofá, adentrándose en el pasillo.
Casi estallo en una carcajada, pero debo ser una estúpida, porque me he levantado y estoy caminando hacia la habitación. Iris y Edgar van varios pasos atrás.
Wyatt me observa y suelta una risilla.
—No puedes enfadarte por haber nominado a Dante. Por si no lo recuerdas, esto es un concurso.
—Los tres habéis planeado darle tres puntos. ¿Me lo vais a negar?
—No —espeta Iris—. No lo negamos. ¿Y? Muchas veces hemos planeado ir contra otros.
—Mira que eres naca , ¿eh? ¡Me habéis ocultado lo que ibais a hacer! Me habéis traicionado y si no es por la organización, jamás me habría dado cuenta de que sois basura.
Wyatt vuelve a tomar las riendas de la conversación. No sé por qué piensa que tiene alguna oportunidad conmigo.
—Nos hemos equivocado al ocultártelo, es cierto —reconoce, por fin—. Pero tu novio nos ha nominado también. ¿Él no es basura?
—Me dijo que os había oído hablar de vuestros puntos, Wyatt —replico con expresión de asco—. No vas a ponerme contra Dante. Se acabaron las manipulaciones por tu parte.
—¿Manipular yo? —Ríe, incrédulo—. Tú eres la que está con Dante para poder ganar. Eso se llama utilizar a las personas.
—Lo mismo que estás haciendo tú con Edgar. —Y tras lanzar el puñal, miro al alemán y sonrío—. Ten cuidado, puede que te traicione a ti también.
—Se acabó —espeta el francés sin rastro de la paciencia de la que tanto presume—. Disfruta de tu novio esta semana porque será la última que estará aquí. Me encargaré de ello.
—Disfruta tú de Edgar, porque será él quien se vaya.
Sonríe y entrecierra sus ojos.
—Ya lo veremos.
—Bien, ahora queda claro que somos enemigos.
—Pues cuidado —me advierte sin pestañear—, yo no freno hasta quedarme sin ellos.
—Que comience el juego —susurro.