Encerrados (The House 1)
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PRÓLOGO
Cuando ocurre algo que cambia el curso de la historia tal y como se conoce, jamás se olvida. Ese suceso queda plasmado para que las generaciones futuras conozcan lo frágil que puede llegar a ser la estabilidad del mundo en el que vivimos.
Muchísimos son los momentos que han marcado el transcurso de la humanidad, pero parece que los humanos damos la espalda a todo lo que pertenece a antaño. Nos cubrimos los ojos con una venda y pensamos que nunca nos pasará a nosotros.
Pobres seres ególatras y narcisistas, incapaces de darnos cuenta de que nuestras vidas son como finas cuerdas que pueden romperse en cualquier momento, así seas el hombre más adinerado del mundo.
Se llegó incluso a pensar que el fin del ser humano había llegado. Sin embargo, todo tiene su final, y aquella guerra concluyó. Muchos la vaticinaban antes de que ocurriera, como la Tercera Guerra Mundial, y así es como aparece hoy día en los libros de historia.
Una guerra corta, pero la más destructiva de todas. Duró tan solo seis escasos meses, pero los estragos fueron absolutos.
A pesar de que la calma al fin se instauró, los destrozos que había dejado la gran guerra eran irreparables. Solo quedaba un país intacto, un país que se coronaría en tan solo dos años con el título de la principal potencia económica de todo el mundo: Estados Unidos.
Muchísimos eran los países que disfrutaban de sus riquezas antes de la guerra, pero, cuando todo acabó, casi todos se encontraban al borde del precipicio, luchando contra el viento para no caer al vacío.
Ya no había "fuerzas mundiales" sino una única "potencia mundial".
Estados Unidos dominaba el mundo y, por ese motivo, se renombró como La Gran Potencia.
Siempre hay quien logra hacer fortuna de la desgracia y de la guerra, en este caso, La Gran Potencia hizo del gran conflicto su mayor negocio.
Y esto le otorgó una posición de muchísimo control después de la guerra.
La mayoría de los países enseguida comenzaron a solicitar ayuda para no hundirse en la miseria con todos sus ciudadanos, pero para que esto sucediese necesitaban un milagro.
La Gran Potencia contaba con una posición estratégica predominante a nivel mundial y no dudó en aprovecharla.
La poderosa nación concedió importantes ayudas económicas de manera escalonada a casi todos los países del mundo, de manera estratégica, a cambio de potestad para intervenir en la regulación de las nuevas leyes y reglamentaciones de los países que ayudaba.
De este modo, se coronó casi como un Dios moderno, que hacía y deshacía a su antojo.
Todos los tratados comerciales eran absurdamente ventajosos para ellos y los intereses que acompañaban a las ayudas eran del todo excesivos.