Enamorándome del papi de mi hermanastro (Padres prohibidos nº 5) Keira #2
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Keira #2

Hablamos de cosas normales —trabajo, el tiempo, el horario de comidas de Emma— mientras le doy el pecho.

Poco a poco, la tensión en la habitación se va disipando.

Papá le pregunta a Cole por su trabajo. Nathan nos cuenta su último proyecto.

Brooke nos enseña fotos de su viaje de fin de semana para ver a su hermana.

No es perfecto. Todavía hay pausas incómodas, todavía hay temas que evitamos. Pero es un comienzo.

—Muy bien —digo cuando Emma ha terminado de comer y ha soltado un buen eructo—. ¿Quién quiere cogerla mientras pongo la mesa?

Tres manos se levantan a la vez, y me río sin poder evitarlo.

—Le toca a Nathan —decido—. Papá y Brooke la han estado acaparando.

Durante la cena, Emma duerme en su hamaquita junto a la mesa, soltando de vez en cuando ruiditos que hacen que todos los adultos se callen y la miren embobados. Es increíble cómo nos ha conquistado a todos.

—Entonces —dice Brooke mientras terminamos el plato principal—, ¿ya habéis fijado fecha para la boda?

Cole y yo intercambiamos una mirada. Llevamos meses prometidos, pero entre el final del embarazo, la llegada de Emma y las complicaciones familiares, lo de la boda ha quedado en segundo plano.

—Estamos pensando en algo pequeño —digo con cautela—. Quizás este verano, cuando Emma sea un poco más mayor.

—¿Dónde? —pregunta papá, y me sorprende el interés en su voz.

—Aquí, probablemente. Nuestro edificio tiene un jardín en la azotea con vistas al lago.

—Suena perfecto —dice Brooke—. Íntimo. Personal.

—¿Querrías...? —papá se detiene y vuelve a empezar—. ¿Te gustaría que te llevara al altar?

La pregunta me pilla completamente desprevenida. Llevo meses planeando una boda sin él, convencida de que nunca querría participar. La esperanza en su voz me parte el corazón.

—Sí —susurro—. Me encantaría.

—Bien —se aclara la garganta, visiblemente emocionado—. Eso es... eso es bueno.

Emma escoge justo ese momento para despertarse y reclamar atención, y enseguida estamos todos reunidos alrededor de su hamaquita poniendo caras ridículas para arrancarle sonrisas. A papá se le da sorprendentemente bien; por lo visto, los instintos de abuelo se activan solos.

—Va a acabar malcriada hasta la médula —observa Cole mientras ve a Nathan hacer una elaborada rutina de cucú.

—Todos los mejores bebés están malcriados hasta la médula —dice Brooke con firmeza—. Para eso está la familia.

A medida que la velada llega a su fin y la gente empieza a recoger sus cosas para marcharse, papá se queda junto a la hamaquita de Emma, sin querer despedirse.

—Oye —me dice—, podría quedarme con ella alguna vez. Si tú y Cole queréis salir a cenar o algo.

—¿Quieres quedarte con ella?

—Quiero pasar tiempo con mi nieta. Y contigo, si me dejas.

Miro a este hombre que me crió, que ha estado ausente los meses más importantes de mi vida, pero que ahora está aquí, pidiendo una segunda oportunidad.

—¿Qué tal el próximo fin de semana? —sugiero—. Nos vendría bien una noche para nosotros.

Su sonrisa es la más radiante que le he visto en años.

—Me encantaría.

Cuando todos se han ido, Cole y yo recogemos la cocina mientras Emma duerme en su hamaquita. Es una escena tan cotidiana que parece imposible después de todo lo que hemos pasado.

—Ha ido bien —dice Cole mientras seca el último plato.

—Mejor que bien. Ha sido perfecto.

—Tu padre parece...

—Que lo está intentando —completo—. Sí. Por fin.

Cole cuelga el paño y se vuelve hacia mí.

—¿Cómo te sientes con todo esto? De verdad.

Me paro a pensar mientras paso el trapo por las encimeras. ¿Cómo me siento? Agotada. Agradecida. Esperanzada. Como si de verdad pudiéramos conseguirlo: esta familia complicada y poco convencional que estamos construyendo.

—Siento que hemos ganado —digo al fin.

—¿Ganado qué?

—Todo. El amor. La familia. El uno al otro. Nuestra hija —señalo alrededor de nuestra pequeña cocina, las pruebas de nuestra vida juntos—. Esto no es lo que nadie esperaba, pero es exactamente lo que yo quería.

Cole se acerca y me abraza por detrás.

—¿Incluso con todo el drama? ¿Todas las complicaciones?

—Precisamente por todo el drama y las complicaciones. Significa que tuvimos que luchar por esto. Y eso quiere decir que nunca lo daremos por sentado.

Emma emite un ruidito desde su hamaquita y los dos nos volvemos a mirarla. Está despierta pero tranquila, observando el techo con esa expresión seria que pone cuando intenta entender el mundo que la rodea.

—¿En qué crees que estará pensando? —murmura Cole.

—Seguramente se pregunta por qué todos los adultos de su vida son tan emocionales todo el rato.

—Niña lista. Ha salido a su madre.

Me recuesto contra su pecho mientras veo a nuestra hija descubrir sus propias manos por centésima vez en el día.

—¿Crees que se nos dará bien esto? ¿Lo de ser padres?

—Creo que lo iremos descubriendo sobre la marcha. Como hemos hecho con todo lo demás.

—¿Y si la fastidiamos?

—Pues la fastidiaremos juntos. Y lo arreglaremos juntos. Y la querremos pase lo que pase.

Los ojos de Emma nos encuentran desde el otro lado de la habitación y hace un sonido que podría ser un gorjeo o podrían ser gases, pero en cualquier caso suena a aprobación.

—Te quiero —le digo a Cole, acurrucándome más en sus brazos.

—Y yo a vosotras. A las dos.

Fuera, Chicago bulle con el tráfico del atardecer y los sonidos de otras personas viviendo sus vidas.

Pero dentro de nuestro pequeño apartamento solo estamos nosotros: yo, Cole y Emma.

La familia que elegimos, el amor por el que luchamos, la vida que construimos a base de pura cabezonería y la certeza absoluta de que hay cosas que merecen cualquier caos.

Al mirar a nuestra hija, rodeada de los restos de nuestra primera cena familiar en casi un año que ha salido bien, sé que vamos a estar bien.

Mejor que bien.

Vamos a ser felices.