Enamorándome del padre de mi novio (Padres prohibidos nº 3) Khloe
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Khloe

A la mañana siguiente, el hashtag ya es tendencia mundial.

#DepredadorVanBaars tiene más de medio millón de menciones, y cada una es como una puñalada en el pecho. Sé que no debería mirar, pero no puedo dejar de hacer scroll por el interminable torrente de odio.

Otro viejo rico acosando a mujeres jóvenes. Qué asco.

Esa tía sabía perfectamente lo que hacía. Cazafortunas pillada.

¿Dónde están las otras víctimas de este cerdo? Seguro que hay más.

Espero que haya valido la pena destrozar a tu familia, imbécil.

Lance se fue a la oficina hace horas, me besó la frente y prometió encargarse de la última crisis.

Ayer se presentaron tres mujeres más afirmando que les hizo insinuaciones inapropiadas.

Sus historias son detalladas, emotivas, convincentes.

Lloran ante las cámaras hablando de lo impotentes que se sentían frente a un hombre rico que controlaba sus carreras.

Sé que mienten. Sé que Lance jamás haría esas cosas. Pero hasta yo les creería si no conociera al hombre que me abraza cada noche, que me prepara el café exactamente como me gusta, que escucha mis sueños de ayudar a niños olvidados como si fueran lo más importante del mundo.

El móvil no para de vibrar con notificaciones que intento ignorar. Suena el timbre y me quedo paralizada. Nadie debería poder burlar la seguridad del edificio.

—¿Señorita Quan? —llama una voz desde el otro lado de la puerta—. Canal 7 Noticias. Nos gustaría conocer su versión de la historia.

No respondo y retrocedo, alejándome de la puerta.

—Sabemos que esto debe de ser difícil. Hay quien se pregunta si usted también es una víctima, o si formaba parte del modo de actuar del señor Van Baars.

Víctima o cómplice. Esas son mis únicas opciones en su relato.

—Podemos ayudarla a contar su historia. A asegurarnos de que la gente entienda lo que pasó de verdad.

Me refugio en el dormitorio y cierro la puerta, pero aún los oigo hablar en el pasillo. Al final, la seguridad del edificio los echará, pero vendrán más. No hay forma de escapar de esto.

El portátil suena avisando de un correo. De la profesora Martínez.

Khloe:

La universidad ha completado su investigación preliminar. Dada la creciente gravedad de las acusaciones contra el señor Van Baars y la conexión de su fundación con nuestros programas, suspendemos tu matrícula hasta que este asunto se resuelva.

Tu puesto de asesora de tesis ha sido revocado y no podrás acceder al campus durante el período de suspensión. Esta medida se basa en posibles infracciones de nuestro código de conducta estudiantil en lo relativo a relaciones que puedan comprometer la integridad académica.

La suspensión permanecerá en vigor hasta que estos asuntos queden completamente resueltos.

Dra. Martínez

Me quedo mirando el correo hasta que las palabras se vuelven borrosas. Suspendida. Mi tesis paralizada, mi acceso al campus revocado. Mis sueños de dar clase aplazados indefinidamente por culpa de mentiras.

Cierro el portátil y me acurruco en el lado de la cama de Lance, con su almohada apretada contra el pecho. Todo huele a él, esa colonia cara mezclada con algo inconfundiblemente masculino que me hace sentir a salvo. Pero él no puede protegerme de esto. Nadie puede.

Otra notificación. Una alerta de noticias.

Seattle Times: La Fundación Van Baars suspende todas sus operaciones en pleno escándalo

Me tiemblan las manos mientras pincho en el enlace.

La Fundación Van Baars ha anunciado hoy que suspende la concesión de todas las subvenciones y los acuerdos con programas asociados a la espera de una revisión exhaustiva de las recientes acusaciones contra su fundador, Lance Van Baars.

«No podemos seguir financiando programas mientras se investigan acusaciones tan graves», declaró la directora interina, Patricia Holmes. «Debemos asegurarnos de que nuestra misión de ayudar a niños vulnerables no se vea empañada por la polémica».

La suspensión afecta a más de treinta programas de atención a jóvenes en riesgo en todo el noroeste del Pacífico, entre ellos iniciativas extraescolares, programas de tutorización y servicios de apoyo educativo.

El trabajo de la fundación. Los niños que más necesitan ayuda pierden su apoyo por culpa de las mentiras de Danny. Castigan a niños que ya tienen tan poco por algo que nunca ocurrió.

No puedo respirar.

Siento el pecho oprimido, el corazón desbocado, y la habitación da vueltas. Intento respirar hondo, pero solo me salen bocanadas cortas y entrecortadas. Todo esto es culpa mía. Si nunca me hubiera liado con Lance, si me hubiera quedado con Danny, nada de esto estaría pasando.

Esos niños aún tendrían sus programas. Lance aún tendría su reputación. Todos estarían mejor si yo hubiera desaparecido sin más.

Suena el móvil. Jess.

—Khloe, gracias a Dios. Llevo horas intentando localizarte.

—No puedo más —susurro—. No lo soporto.

—¿Dónde estás? ¿Estás bien?

—Lo he arruinado todo, Jess. La fundación ha dejado de ayudar a niños por mi culpa. Hay gente que ha perdido su trabajo por mi culpa. La vida entera de Lance está destrozada por mi culpa.

—Khloe, nada de esto es culpa tuya. Tú no creaste esas fotos falsas ni pagaste a esas mujeres para que mintieran.

—Pero si no hubiera estado con él...

—Si no hubieras estado con él, seguirías siendo desgraciada con Danny, y Lance seguiría solo. Encontraste el amor con alguien que te trata bien. Eso no es ningún delito.

—Todo el mundo cree que sí.

—La gente piensa muchas gilipolleces. ¿Te acuerdas de cuando todo el mundo creía que la Tierra era plana?

A pesar de todo, casi sonrío.

—No es lo mismo.

—¿No? La gente cree lo que quiere creer, sobre todo cuando confirma lo que ya piensa de los hombres ricos y las mujeres jóvenes. Pero creer algo no lo convierte en verdad.

—¿Y si da igual lo que sea verdad? ¿Y si la gente siempre me recuerda como la cazafortunas que destruyó a un hombre poderoso?

—Entonces es que no te conocen. Khloe, llevo cuatro años siendo tu mejor amiga.

Te he visto dar tus últimos veinte dólares a gente sin techo.

Te he visto dedicar tu tiempo libre a ayudar a niños a los que sus padres han abandonado.

Te he visto rechazar a tíos ricos que podrían haberte hecho la vida más fácil porque no respetaban tus valores.

—Eso era antes de Lance.

—No, esa has sido siempre tú. Lance no cambió quién eres. Solo lo vio.

—Ya no me siento esa persona. Me siento más pequeña.

—Entonces recuerda quién eras antes de que todo esto pasara. Recuerda por qué querías dar clases en preescolar. Recuerda por qué hacías voluntariado con niños en riesgo. Recuerda por qué dejaste a Danny.

Cierro los ojos e intento recordar esa versión de mí misma. La mujer que dejó a Danny porque se dio cuenta de que merecía algo mejor. La mujer que se enamoró de Lance porque él supo ver lo que valía.

—Ahora mismo la siento muy lejana.

—Sigue ahí. Solo está enterrada bajo la basura de los demás. Pero Khloe, la basura no te define. Las mentiras de los demás no cambian quién eres.

—¿Y si Lance cambia de opinión? ¿Y si decide que no merezco tantos problemas?

—¿Te ha dado alguna razón para pensar eso?

—No. Sigue diciendo que saldremos de esta juntos.

—Entonces créele. El hombre que conocí te adora. Te adora de forma total y evidente. Eso no desaparece solo porque algunos estén diciendo cosas horribles.

Después de colgar con Jess, me quedo sentada en el silencioso ático mientras proceso sus palabras. El ataque de pánico ha pasado y me ha dejado agotada pero más lúcida. Tiene razón sobre Lance. Incluso cuando este desastre amenaza todo lo que ha construido, sigue eligiéndome a mí.

Quizás es hora de que yo también empiece a elegirme a mí misma.

Me levanto y voy al espejo del baño. La mujer que me devuelve la mirada está pálida, exhausta, pero sigue siendo reconocible. Sigo siendo yo. Las mentiras de Danny no pueden cambiar mis rasgos, no pueden alterar mi ADN, no pueden borrar veintidós años de ser Khloe Quan.

No soy una cazafortunas. No soy una manipuladora. No soy una víctima.

Soy una mujer que se enamoró y está siendo castigada por gente que se lucra con el escándalo y la destrucción.

Pero no tengo por qué aceptar su versión de los hechos.

Me ducho, me lavo el pelo y me pongo uno de los preciosos vestidos que Lance me compró. No porque esté intentando ser otra persona, sino porque me lo regaló y me queda bien. Me maquillo con cuidado para mostrar la mejor versión de mí misma.

Cuando Lance llega a casa esa tarde, me encuentra en la cocina preparando la cena. Cena de verdad, no comida a domicilio. Llevo el vestido azul que tanto le gusta y los pendientes de diamantes que me regaló.

—Estás preciosa —dice, pero su voz suena cautelosa, como si estuviera tanteando mi estado de ánimo.

—Hoy me siento más yo.

—Eso está bien. Está muy bien, cariño.

El cariño en su voz, suave y posesivo, me recuerda por qué sigo luchando. Por nosotros. Por lo que hemos construido juntos.

—¿Qué tal ha ido hoy?

Lance deja el maletín y se pasa una mano por el pelo.

—Complicado. Tres clientes más han aplazado proyectos y Henderson Group ha cancelado su contrato por completo. Pero también hemos avanzado en desenmascarar a las falsas acusadoras.

—¿Qué habéis averiguado?

—Amanda Torres tiene antecedentes por fraude. Lisa Charles recibió un pago de origen desconocido dos días antes de hacer su declaración. Sarah Williams lleva semanas en contacto con Danny.

—¿Entonces podéis demostrar que mienten?

—Podemos demostrar que tienen motivaciones económicas y antecedentes penales. Que eso baste para cambiar la opinión pública está por ver.

—¿Y quién está realmente detrás de todo esto?

La expresión de Lance se ensombrece.

—Estamos cerca. Muy cerca. Kenneth Hartwell, el contratista que perdió el proyecto de Belltown contra mí. Él ha financiado toda la operación de Danny.

—¿Por qué llegar tan lejos por un contrato?

—Porque hay hombres que no soportan perder. Prefieren destruir a la competencia antes que aceptar la derrota.