En tu casa o en Sabina 16. Epílogo
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16. Epílogo

Era sábado y Sabina cumplía cuarenta y cuatro años.

El móvil llevaba toda la mañana acumulando felicitaciones; había contestado algunas y dejado otras para después.

R. había escrito a primera hora: Feliz cumpleaños .

Sabina había respondido: Gracias . Cuando se sentó con la libreta azul, buscó una página libre para apuntar una fecha y descubrió que solo quedaban dos.

Pasó el pulgar por el borde.

—Vaya.

La libreta estaba deformada por el uso. Algunas hojas sobresalían, otras tenían las esquinas dobladas y entre dos páginas seguía guardada una entrada que ya no recordaba de qué era. Había manchas de café, tinta corrida y marcas dejadas por haber escrito demasiado fuerte sobre la hoja anterior.

Sabina volvió al principio.

Notas de cumpleaños.

Debajo:

Lo que tengo. Lo que falta. Lo que ya no quiero.

Se quedó un momento mirando aquellas tres categorías. Un año antes, le habían parecido una manera bastante razonable de ordenar una vida.

Pasó páginas. Encontró el PLAN DEFINITIVO y una carta sin terminar.

Hubo páginas que todavía daban vergüenza y un par de decisiones que seguían pareciéndole discutibles.

—Bueno —murmuró—. Tampoco vamos a falsificar la documentación.

Pasó a la última página, todavía en blanco.

C.:

He mandado un currículum.

Antes de que pudiera contestar llegó otro mensaje.

No hagas preguntas. Ya estoy suficientemente arrepentida.

Sabina escribió:

No pregunto.

Añadió:

¿Sigue en pie la cena?

Sí. Necesito patatas.

Eso puedo gestionarlo.

Dejó el teléfono. Durante unos segundos pensó en llamar a C. y preguntar de qué trabajo se trataba, cuánto pagaban, por qué lo había enviado y si pensaba dejar el suyo de verdad.

Cerró la libreta.

Salió a comprar otra.

Se detuvo ante una papelería. En el escaparate había cuadernos, agendas, rotuladores y una colección de bolígrafos que probablemente perdería antes de febrero. Entró.

Fue directamente a la estantería donde guardaban las libretas de tapa dura. Encontró el modelo que utilizaba casi todos los años. Azul.

Cogió una y la sostuvo unos segundos.

A su lado había otra igual de color rojo oscuro.

Sabina dejó la azul en su sitio y sacó la roja.

Pagó y salió con la libreta bajo el brazo.

De camino a casa compró las patatas para C. y, ya que estaba, huevos, porque volvía a haberse quedado sin ellos.

Dejó la compra en la cocina y abrió la libreta roja.

Anotó:

Cena con C., 21:00.

Responder el correo del proyecto de la azotea.

Comprar detergente.

Escribir.

Electricista (el barato, creo).

Metió la libreta roja en el bolso, cogió las patatas y salió hacia casa de C.