Capítulo 42
—¿Es algún tipo de broma? Porque, si lo es, no tiene ninguna gracia.
—Tú me conoces bastante bien, Ophelia, al fin y al cabo pasaste meses en mi cama. Entonces, dime: ¿crees que soy el tipo de hombre que bromearía con algo así?
Solo yo sé el esfuerzo que estoy haciendo para contener mi temperamento. Mis emociones están volátiles, en una escalada peligrosa dentro de mi cuerpo.
No puedo perdonarla, pero bastaron cinco minutos a su lado para darme cuenta de que todavía la deseo.
No importa cuánto sepa, de forma racional, que es una traidora, que fue capaz de usar su cuerpo para lograr su objetivo, que era engañarme, yo aún la quiero de la misma manera que la quería cuando huyó de mí.
Quiero odiarla, pero no puedo, porque estoy teniendo una segunda oportunidad y esta vez haré todo bien. Voy a amar y proteger a mi hijo. Si el precio a pagar es cuidar de la mujer que abusó de mi confianza y de mi… de la mujer que me usó, que así sea.
—Nos odiamos, Cenk. ¿Cómo sería posible un matrimonio en esas condiciones?
—Amo más a mi hijo que está por nacer de lo que te desprecio a ti, Ophelia. Por él, ningún sacrificio es demasiado grande.
Ella traga saliva y desvía la mirada.
—Yo no robé tu dinero.
—Si dices la verdad, después de que nuestro hijo nazca podrás probar tu inocencia ante la justicia.
—¿Cómo? ¡Eres dueño de la mitad de Turquía!
—Cuidado. No me confundas con la gente con la que te relacionas, Ophelia. Yo tengo palabra. Nunca intervendría para condenarte.
—Y tampoco a mi favor.
—Si no eres mi esposa, no. ¿Por qué lo haría?
—Porque seré la madre de tu hijo.
—Sí, lo serás, y también podrás asumir el papel de esposa.
—¿Y qué más?
—Nada más.
Ella se sonroja.
—No estaba hablando de sexo.
—Yo estaba hablando específicamente de sexo. Tendremos vidas separadas.
—En tus sueños. Si crees que voy a quedarme en tu casa mientras sales a exhibirte con otras mujeres, piénsalo otra vez. Este podrá ser un matrimonio de conveniencia, porque me estás chantajeando, pero si quieres aparentar una familia normal, vas a tener que respetarme.
—Podemos ajustar nuestros términos cuando llegue el momento.
—No. Vas a hablar conmigo ahora. No soy tu empleada. Ya no.
—Yo nunca te traté como una empleada. Siempre fuiste mi mujer.
En cuanto las palabras salen de mi boca, me arrepiento. Ella no merece explicaciones.
—La noche en que huiste, ¿quién te ayudó? ¿Tur?
—¿Qué? ¡No! Tur es absolutamente leal a ti.
—Desapareció durante ese evento.
—¿Cómo que desapareció?
—Supuse que habían huido juntos.
Ella cierra los ojos por un instante, como si estuviera agotada, y sin pedirle permiso, la tomo en brazos y la llevo al dormitorio. Está tan somnolienta que ni siquiera protesta y apoya la cabeza en mi pecho.
Cuando la recuesto en la cama, abre los ojos. Esos mismos ojos que siempre me han hipnotizado.
—Yo no huí, Cenk. No es que eso importe ya, pero fui secuestrada. Alguien me llevó a una mansión. Me contó sobre mi pasado y así fue como recuperé la memoria. Dijo que me ayudó porque te odia más de lo que yo jamás podría hacerlo. Tienes un enemigo.
Después de eso, se queda dormida.
—No puedo creer lo que estoy oyendo, Cenk. ¡No puedes aceptarla de vuelta! —grita Qasim en la llamada de voz.
Fui a la otra habitación y decidí reunirme con mis hermanos para ponerlos al tanto de lo que está ocurriendo.
—¿Qué parte de “está embarazada de mi hijo” no escuchaste? El juego cambió, Qasim. Ya destruí dos vidas antes. No voy a hacerlo de nuevo.
Todos se quedan en silencio y sé que, si la situación fuera al revés, me sentiría igual. Cuando traicionas a uno de nosotros, nos traicionas a todos.
—¿Y estás dispuesto a casarte con ella por la seguridad del niño? —pregunta Emir con expresión sombría.
—Estoy dispuesto a tomarla como esposa por el bien de mi hijo, sí.
—Calma. Algo no encaja en esta historia —interviene Kahraman—. No sería tan estúpida como para transferir el dinero robado a su propia cuenta, y de todos modos necesitaría un cómplice para una operación así. Ophelia no sabía contraseñas ni cómo hacer transferencias de esa magnitud.
—Y la primera vez que Odin y Sage revisaron, no había nada en su cuenta. El dinero apareció semanas después de que huyó —dice Zehab.
Asiento con la cabeza. Sí, hay demasiados huecos en esta historia.
—Hay otra cosa de la que debemos hablar. Antes de quedarse dormida, Ophelia me dijo que no huyó, que fue secuestrada por un hombre que la llevó a una mansión y dijo que me odiaba más de lo que ella jamás podría.
—¿Qué hombre?
—No lo sé. Intentaré pedirle una descripción cuando despierte. También dijo que Tur no estuvo con ella en ningún momento. Si eso es cierto, quizá esté muerto.
—¿Cómo?
—Quién sabe. Tal vez intentó impedir que se la llevaran.
—Maldita sea, ¿cuándo se volvió la vida tan complicada? Me siento dentro de una película de espionaje.
—Esto es la vida real, Qasim, y ahora necesito saber quién es ese enemigo. No se trata solo de mí, sino también de mi hijo.
—Y de ella —añade Zehab—. No es solo por el niño que va a nacer, hermano. Hay mil maneras de asegurarle todo el confort a Ophelia sin necesidad de casarte con ella. Admítelo: la quieres para ti.
—No necesito admitir nada. Ophelia siempre ha sido mía. Incluso ahora, sabiendo que es una traidora, sigue siendo mía.
Los tres más jóvenes se despiden, y quedamos solo Emir y yo.
—Necesito que te encargues de que el médico que atendió a Malu durante el embarazo la vea en cuanto lleguemos. Ella solo descubrió que está embarazada hoy por la mañana y ha pasado semanas escondiéndose. Perdió mucho peso. El bebé…
—¿Quieres un consejo que no has pedido?
—No, pero supongo que lo dirás de todos modos.
—En esta guerra personal entre ustedes dos, quien va a sufrir es el niño.
Decide qué quieres, Cenk. Como dijo Zehab, puedes protegerla manteniéndola en el departamento donde vivía antes, sin necesidad de casarte.
Ambos sabemos que, por más herido que esté tu orgullo, no la enviarás a prisión por algo tan insignificante como veinte millones, sobre todo porque el dinero está ahí, solo necesitas recuperarlo.
—No me importa el dinero. Se trata de confianza.
—Tiene solo veinte años. Escucha su versión de la historia. Quiso vengarse en nombre de su hermana. ¿Tú habrías hecho algo diferente?
—No. Habría hecho algo peor.
—Ese es el punto. No quiero entrometerme, pero no conviertas su embarazo en un infierno de discusiones constantes. Haz una tregua o mantenla a distancia, pero chantajearla para casarse es el peor camino posible.
Después de cortar, vuelvo al dormitorio donde aún duerme. En pocos minutos, el avión aterrizará en Estambul y no da señales de querer despertar.
Me siento en el borde de la cama y el deseo de tocarla casi me provoca dolor físico, pero me contengo.
—¿Cenk?
—Estamos llegando.
—Voy a levantarme.
—Yo te llevo.
—No hace falta.
Ignoro su protesta, como un adicto que necesita aunque sea una dosis mínima de su droga.
Mientras camino hacia la parte delantera del avión, su aroma invade mis sentidos, trayendo recuerdos de los meses en los que todo lo que quería ver, sentir y probar era a ella.
—Quiero odiarte mucho porque eres cruel.
—Ódiame todo lo que quieras. De todas formas, voy a cuidar de ti.
—Dijiste que ibas a enviarme a prisión porque crees que te robé.
La pongo en el asiento y ella se abrocha su cinturón de seguridad.
—Esa cantidad no es nada para mí. Todo se reduce a la confianza, Ophelia. Tú traicionaste mi confianza.