Capítulo 33
—Tengo algunas de las respuestas que me pediste, pero no sé si es lo que esperas —dice Ethan, en una videollamada.
Recibí un mensaje suyo esta mañana, durante una reunión, diciendo que tenía novedades sobre la investigación acerca de Ophelia. Después de eso, no logré concentrarme en nada más.
—Para ser franco, ya pasé la etapa de esperar algo.
Al principio, estaba ansioso por las respuestas, pero ahora, ¿qué diferencia hace?
Nuestra relación ya fue definida y, aunque no conozca sus orígenes, puedo decir que ya la conozco.
Todo lo que necesitaba aprender sobre Ophelia lo he descubierto en los últimos meses, en el día a día.
Ella se entregó a mí sin barreras ni protección. Me dio todo y lo mínimo que puedo devolverle es mi confianza.
—Ni siquiera sé cómo decirte esto, Cenk, porque supongo que ustedes están juntos.
—Sí —respondo, sin entrar en detalles, porque no doy explicaciones sobre mi vida a cualquiera—. Prefiero que vayas directo al punto.
Él hace una pausa de casi un minuto entero y, con ese silencio, un pensamiento que ya rondaba mi mente regresa. Sin embargo, es demasiado jodido para ser verdad, incluso en teoría.
—¿Ella estuvo casada? —aún no responde—. ¿Está casada?
Aunque el matrimonio no sea algo que yo desee, respeto la institución como concepto.
—Era una novicia.
—¿Qué?
El impacto de lo que acaba de decir me hace levantar de la silla.
—¿Tu… “novia”? Bueno, voy a asumir que ese es el papel de Ophelia en tu vida ahora mismo. Ella fue una novicia. O mejor dicho, lo fue durante casi toda la adolescencia, hasta tres años antes de ir a trabajar contigo.
—¿Una monja? —repito, porque es tan absurdo que no logro procesarlo.
La racionalidad por la que soy conocido acaba de irse al infierno.
—No. Dije novicia. No llegó a hacer los votos. Algo cambió y Ophelia se fue de un convento católico en Inglaterra y se mudó a Estambul.
Las piezas del rompecabezas empiezan a encajar.
Desde la primera vez que la vi, su comportamiento me intrigó.
Al mismo tiempo en que la atracción por mí era evidente, imposible de ocultar, actuaba de forma contradictoria, como si todo aquello fuera nuevo para ella.
Incluso hoy sigue siendo así. Cada vez que la beso o cuando penetro, hambriento, su cuerpo, siento como si estuviera mancillando algo sagrado.
—Dijiste que se fue del convento. ¿Para siempre? ¿No pretendía volver?
—Por lo que parece, no. Según los registros, cuando se fue, lo hizo de forma definitiva, pero aún no sé la razón.
Las hermanas son muy cerradas; intenté infiltrar informantes para descubrir más, pero tienen una especie de código de silencio.
Lo único que pude averiguar es que Ophelia era muy querida y que, un día, recibió una llamada telefónica, salió del convento y nunca regresó.
—¿Y qué más?
—Sobre su pasado, aún no sé nada más que eso, pero pensé que te gustaría que te revelara al menos una parte de este enigma.
Siento el pecho pesado.
Ahora muchas cosas tienen sentido, incluso que Ophelia fuera virgen.
—¿Estás seguro de que cuando decidió irse del convento fue definitivo?
—Sí, lo estoy. Le dijo a la Madre Superiora que no volvería y se fue a Estambul.
—¿Para qué?
—Eso todavía tengo que averiguarlo.
—¿No tiene padres?
—No. Vivía en hogares temporales. Voy a revisarlos uno por uno.
—En tus investigaciones, ¿descubriste algún delito cometido por ella?
La intuición me dice que no, pero es difícil saberlo con certeza.
—No con esta identidad, al menos, pero sospecho que hay mucho más detrás de esta historia, Cenk.
—¿Por qué dices eso?
—Porque en el mundo en el que vivimos, las personas dejan rastros, y ella es como una hoja en blanco. Voy a darle a Ophelia un voto de confianza y asumir que gran parte de eso se debe a haber pasado su vida en un convento, pero ¿y su pasado?
—No soy un niño, Ethan. Confío en mis instintos. Lo que sea que haya oculto no tiene que ver con un delito.
—Voy a hacer de abogado del diablo y decirte que trabajo con hechos, no con instinto, Cenk. No estoy diciendo que tu novia sea algún tipo de monstruo, pero soy desconfiado por naturaleza y no creo en coincidencias.
—¿Qué quieres decir?
—Tú y tu familia prácticamente son dueños de Turquía. ¿No te parece extraño que una mujer sin pasado haya aterrizado de la nada en tu vida?
—¿Dices eso porque es pobre? ¿Crees que es una interesada?
Tan solo considerar eso me resulta insoportable, sobre todo porque, al principio, cuando aún era limpiadora y se acercó a mí buscando el puesto de secretaria, fue exactamente así como la etiqueté.
Hoy, sin embargo, me acuesto y me levanto a su lado.
A Ophelia no le importan en lo más mínimo las joyas ni los regalos caros.
—No, lo digo porque todo el mundo tiene una historia detrás y, por mi experiencia, no siempre es bonita.
—Ella no está fingiendo amnesia.
—No dije que lo estuviera. Lo creo. Mi hija sufrió amnesia durante años y hasta hoy no recuerda gran parte de su pasado.
Eso, sin embargo, no cambia el hecho de que no sabemos nada sobre la mujer a la que llamas novia.
—Hace una pausa—. No quiero activar tu paranoia, Cenk, pero no sería quien soy si no te aconsejara que te mantengas alerta.
Después de cortar, me quedo pensando en la conversación.
Una parte de mí se siente desleal por siquiera investigar su pasado, aunque le haya hablado de ello. Otra, sin embargo, la que desconfía incluso de su propia sombra, sabe que es necesario estar seguro de con quién estoy tratando.
La he metido en mi casa, en mi cama, y acabo de prometerle el presente durante al menos dos años.
Por todo lo que eso significa, Ophelia es mi mujer.
Tengo que descubrir más sobre su historia.