Capítulo 56
PERFILES EN LÍNEA
L os cuatro estaban apiñados alrededor del portátil en la sala de informes.
Jake se encargaba del ratón y el teclado mientras los demás observaban.
Frente a ellos, en la pizarra de la izquierda, había un mapa de Stratford.
Había chinchetas colocadas en cada uno de los lugares donde habían caído las víctimas de Lester, con dos chinchetas adicionales a un lado para las víctimas no identificadas de la noche anterior, y en el centro del mapa estaba el lugar donde montarían la trampa: Maryland.
No era algo definitivo, pero era la mejor suposición fundamentada que podían hacer.
En la pizarra de la derecha estaban los perfiles de las víctimas de Lester, encabezados por las fotos de las fichas policiales sacadas de los carnés de conducir o de sus cuentas de redes sociales.
Se había trabajado mucho en segundo plano para trazar el perfil y conocer toda la información posible sobre cada una de ellas, no solo por parte de Jake sino también del resto del equipo, y ahora le complacía ver que se le daba un buen uso.
Jake abrió TorBrowser y esperó a que la barra de estado recorriera toda la pantalla.
Una vez establecida la conexión segura a la red, Jake cargó la página web de La Comunidad sabiendo que su conexión estaba enmascarada varias veces y oculta en el anonimato.
Entonces, Jake bajó hasta el final de la pantalla y pulsó el enlace que les permitía crear un perfil.
—Necesitamos una foto —dijo Jake—. ¿De dónde podemos sacar una?
—Tengo una idea. Dadme un minuto. Alguien me debe un favor —dijo Liam mirando la pantalla de su móvil. Se llevó el teléfono al oído y salió de la habitación para que no le oyeran.
—Nombre… —dijo Jake en voz alta. El cursor flotaba sobre el campo del nombre.
—Richmond —dijo Garrison—. Jessica Richmond.
—Vete a la mierda —escupió Drew—, ese es el nombre de mi hermana.
Garrison soltó una risita algo burlona. —¿Qué te parecería que se convirtiera en la señora Jessica Garrison?
—Te lo juro por Dios —comenzó Drew, apretando el puño—. Tienes edad para ser su abuelo.
—La experiencia viene con la edad, hijo.
—Callaos los dos de una vez —les espetó Jake.
Ambos hombres se quedaron en silencio y volvieron a centrar su atención en el portátil. Jake ya había introducido un apellido en el campo correspondiente.
—Tanner. ¿Jessica Tanner? —dijo Drew—. ¿Seguro que quieres hacer eso?
—Sí. ¿Algún problema?
—Oye, es tu apellido familiar.
Jake ignoró el comentario y siguió rellenando el perfil.
—Edad…
Drew consultó el tablero de las víctimas anteriores de Lester. —Veinticuatro. Veintisiete. Treinta y uno. Veintinueve. La edad media parece estar a mediados de la veintena.
—Pongamos veinticinco —dijo Jake, completando la información mientras hablaba.
—¿Algo más?
—Aficiones e intereses. —Jake hizo una breve pausa—. ¿Supongo que esto se refiere a aficiones sexuales?
—Déjalo en blanco —dijo Drew.
—¿Y la información personal? —Jake vaciló—. ¿Qué tal esto?: «Sigo viviendo en casa con mi madre, pero siempre está fuera trabajando. Trabajo de peluquera. Tengo una gatita, y mi otra gatita necesita algo de emoción en su vida».
Jake sintió un toque en la parte posterior del hombro. Era Garrison. —¿Tenemos que preocuparnos por ti, colega? Parece que ya has hecho esto antes.
Jake le ignoró. Continuando, dijo: «Nunca he tenido una relación seria, pero he tenido algunos escarceos en el pasado. Mi ex me metió en este tipo de cosas y desde entonces no he mirado atrás. Abierta a cualquier cosa».
Jake terminó de escribir y pulsó con fuerza la tecla del punto. —Esa es nuestra coartada. Alguien de La Comunidad le dio los detalles.
En ese momento, Liam regresó. Se guardó el móvil en el bolsillo con una sonrisa en el rostro, enseñando los dientes del lado izquierdo.
—Hecho. Mirad vuestros correos.
Jake lo hizo en su móvil y cargó un selfie de una mujer joven y atractiva, de veintitantos años.
Tenía el pelo castaño que le caía por debajo de los hombros, la nariz pequeña y las cejas pobladas.
Jake echó un vistazo a Jessica Arnholt en la pizarra y notó que encajaba casi a la perfección.
Sería demasiado irresistible para que Lester la rechazara.
—¿Quién es? —preguntó Jake, fingiendo no haberse dado cuenta todavía de que era la reportera de BBC News que le había lanzado un ataque mordaz tras la rueda de prensa del otro día.
—Eso no importa —respondió Liam—. Nos ha dado permiso para usar su imagen. Eso es todo lo que necesitas saber.
—¿Sabe ella para qué es?
—Sí. —Liam fue brusco y directo al grano—. Te lo he dicho, me debe una. Todo es legal. Confía en mí. No tienes de qué preocuparte.
—Me pregunto qué habrá hecho para que uses esto como el favor que te debía. Debe de haber sido algo terrible —añadió Drew, frotándose la parte inferior de la nariz.
—Nada que no me hayan hecho a mí antes. —Liam levantó la pantalla del portátil para que estuviera a la altura de sus ojos—. ¿Está todo listo?
—Una última cosa —dijo Jake. Pulsó Continuar y la pantalla cargó el siguiente paso—. Solo el pago. Tenemos que pagar la suscripción de dos libras al mes.
—¿No hay un periodo de prueba de catorce días? ¿Acuéstate con toda la gente que quieras en ese tiempo y decide si quieres pagar por el mismo privilegio en el futuro? —El rostro de Drew se iluminó al aflorar de nuevo su faceta de payaso de la clase. Nadie le prestó atención.
—¿Cómo vamos a solucionar esto? —preguntó Liam mientras señalaba la pantalla.
—No lo haremos —dijo Jake—, a menos que llamemos a Sampson y logremos que nos exima de las cuotas.
—No hay tiempo —dijo Liam. Puso la mano con firmeza en la espalda de Jake—. Parece que te toca a ti.
—¿Qué? —Jake giró en la silla y estiró el cuello para mirar a Liam.
—Estamos usando tu apellido… así que bien podríamos usar los datos de tu tarjeta. Tienes que ir a por todas si vas a hacer esto, Jake.
Jake abrió la boca, pero no salió nada.
—No podemos usar la tarjeta de la Met; el nombre que figura es diferente, y tú no tienes una propia. Si alguien pregunta, finge que eres el hermano de Jessica o algo así y que ella está usando tus datos. —Le apretó el hombro—. No te preocupes, se te devolverá el dinero.
—No me preocupa el dinero —respondió Jake—. Me preocupa más poner mis datos ahí fuera, en la Dark Web. ¿Y si me la clonan?
—Te lo solucionaremos. Estoy seguro de que Roland puede encargarse de que eso no pase. En cuanto introduzcas los datos y pagues el primer mes, bloquearemos la suscripción.
Jake bajó la mirada a la mesa. ¿Qué estaba haciendo?
Siempre le habían advertido sobre poner sus datos en internet, y en la Dark Web sería diez veces peor.
¿Y si alguien hackeaba su cuenta? ¿Y si alguien le robaba todo el dinero?
Los riesgos superaban el beneficio. ¿O no?
Lester Bain iba a matar a más y más gente si no hacían algo al respecto.
Y si hacía esto por Liam y el equipo, ¿significaría eso que podrían aceptarle un poco más?
Antes de que Jake pudiera seguir pensándolo, Liam habló: —Todo esto depende de ti, colega. Quieres atraparle, ¿verdad? Entonces ya sabes lo que tienes que hacer.
—Mejor tú que yo, amigo —añadió Drew.
Jake miró fijamente a los ojos de Liam durante un momento.
Eran implacables, poderosos. Y le dio a Jake la reacción que esperaba: una ligera sonrisa.
Nada que revelara demasiado, pero lo suficiente como para insinuar que hacer aquello era un paso en la dirección correcta para arreglar la situación entre ambos.
Jake buscó en su bolsillo, sacó la cartera y extrajo una tarjeta de débito Barclays VISA plateada.
Introdujo la información pertinente y pulsó Enviar.
La página web se quedó en blanco por un breve instante y luego apareció el icono de un círculo girando.
Unos segundos después, les recibió una página que confirmaba que habían completado el registro.
Liam volvió a darle una palmada en la espalda a Jake. —Buen trabajo, muchacho. Ahora busca a ese capullo y mándale un mensaje.