En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 41
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Capítulo 41

LA COMUNIDAD

— S e llama La Comunidad —dijo Jake a Drew y a Garrison en la MIR.

Ambos estaban de pie junto a él, observando la pantalla—.

Y es esencialmente un foro de intercambio de parejas en internet, pero con un matiz turbio.

Hay poco más de quince mil miembros —y está creciendo de forma bastante rápida; se han registrado dos personas en la última hora— y el objetivo es conocer a gente con gustos afines, es decir, sádicos y masoquistas.

Después organizas qué quieres hacer con ellos, dónde quieres hacerlo y, acto seguido, vas y lo haces .

Lo llaman un acto de Comunión. Y recibes puntos dependiendo de en qué actos sexuales participes.

Para conseguir los puntos, tienes que documentarlo con fotografías o pruebas de vídeo.

Esa es la parte más importante —explicó Jake—.

Los miembros necesitan pruebas de que han hecho lo que dicen, de lo contrario no reciben los puntos.

—¿Es esto legal? —preguntó Garrison, metiéndose una galleta digestive en la boca—. A mí me parece una puta locura.

—A ver... si todo es consensuado... —respondió Jake.

—¿Quién lo vigila? —preguntó Drew con voz intrigada.

—El creador del sitio. Alguien llamado S.

Es todo lo que sabemos de él. O de ella.

—Jake hizo una pausa—. La mayoría de los miembros envían vídeos y los cuelgan en el canal de noticias.

Como una especie de versión pornográfica de YouTube.

También parece haber una correlación entre los puntos y las visualizaciones de los vídeos, porque las posiciones en el ranking cambian cada segundo.

En lugar de cobrar derechos por la cantidad de visitas que reciben, obtienen puntos que contribuyen a su posición en la tabla de clasificación. Cuantas más visitas, más puntos.

—Me apuesto lo que sea a que S —o quienquiera que sea el joputa— se pasa el día ahí sentado dándole a la zambomba con cada vídeo que recibe diez veces al día —dijo Garrison con la boca a medio llenar.

—¿Quién está en lo más alto de la tabla? —preguntó Drew. Cogió una silla y se sentó junto a Jake.

—Alguien llamado TheTopDog.

—Qué nombre tan original —replicó Garrison por encima del hombro de Jake.

—¿En qué puesto de la tabla están Steven y Jessica? —preguntó Drew a su lado.

—En el quinto. Tienen unos diez mil puntos; a un mundo de TheTopDog en comparación con todos los demás que están por debajo de ellos.

—¿Cómo se comunican entre ellos?

—A través de mensajes. La plataforma tiene una función de chat directo. —Jake abrió la bandeja de entrada de La Comunidad de Steven y Jessica Arnholt.

Se hizo el silencio mientras los tres hombres leían la pantalla.

—Hay montones —dijo Drew—. Han estado ocupados.

—Les han enviado mensajes a todos los del top veinte —añadió Garrison.

—Incluida Jessica Mann —dijo Drew, señalando la pantalla—. Hace cuarenta y cinco días. Estuvieron los tres juntos.

—Vaya una comunidad de las narices —dijo Garrison—. ¿Seguro que esto no es ilegal?

Jake vaciló. —A ver, aquí no hay nadie menor de dieciocho años.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Drew.

—Roland lo ha comprobado antes. Como parte del proceso de registro tienes que seleccionar tu edad; no puedes tener menos de dieciocho. Es parte de las normas.

Drew soltó una risita burlona. —Cualquier chaval de quince años puede decir que tiene dieciocho; no hay nada que se lo impida.

—Concedido. Pero al registrarte, te piden los datos de una tarjeta de crédito. En apariencia, todo parece legal. Pero si empezáramos a indagar más a fondo, estoy seguro de que descubriríamos unas cuantas cosas.

—Ya —dijo Garrison riendo. Le dio una palmadita en el hombro a Drew con el dorso de la mano—. Probablemente encontraríamos a Drew merodeando por la parte baja de la tabla, con cero puntos porque nadie se lo quiere follar. Ni siquiera su mujer.

—Que te den —escupió Drew, levantándole el dedo corazón a Garrison.

Jake y Garrison estallaron en carcajadas y, por un instante, Jake sintió que volvía a formar parte del grupo. Que era uno más. Como si su expediente de regulación de rendimiento se hubiera olvidado por completo. Pero aquello terminó en cuanto Drew volvió a abrir la boca.

—¿Qué más necesitamos saber? ¿Cómo se financia? —preguntó Drew, restableciendo el equilibrio y la calma en el grupo.

—Es un modelo de suscripción. Los miembros le pagan a S una cuota de 2 libras al mes.

—Es una de las suscripciones más baratas que he visto en mi vida —dijo Garrison—. Hasta por el Guardian te cobran cinco pavos.

—Si tanto te gusta, quizá deberíamos darte de alta. A ver en qué líos te metes.

—Eso te gustaría, ¿verdad?

—¡Chicos! —dijo Jake, intentando poner paz—. Vamos. Hay cuatro personas muertas y lo único que vincula a tres de ellas es esta Comunidad. Si conseguimos averiguar quién es el creador, podrá entregarnos al responsable.

—¿Crees que S sabe quién es? —preguntó Drew.

—Debe saberlo. Este tipo de gente se desvive por obtener puntuaciones más altas.

Mirad. —Jake señaló la tabla de clasificación—.

Es mediodía y la gente ya está subiendo puestos.

Están ocupados. Están en ello. Están decididos a convertirse en los mejores de los mejores.

Eso es lo que el asesino está intentando hacer: está intentando convertirse en el mejor.

Se reúne con otros miembros porque sabe que aceptarán sus peticiones, y luego él...

—Eso no explica por qué los está matando —dijo Garrison.

Tenía razón. No lo explicaba.

—Quizá con Steven y Jessica Arnholt la cosa se le fue de las manos, y desde entonces ha estado intentando revivir aquella noche. Intentando revivir lo que fue pasar la primera noche con la primera Jessica.

—¿Qué estás queriendo decir? —preguntó Drew.

Jake giró el cuerpo para quedar frente a ambos. —Digo que Jessica Arnholt es el catalizador. Hay una razón por la que todas las demás chicas se llamaban Jessica y por la que todas se parecen exactamente a ella. Está buscando dobles con el mismo nombre.

—¿Entonces tenemos que encerrar a todas las Jessicas en un radio de veinticinco kilómetros, mantenerlas en casa entre las nueve de la noche y las siete de la mañana y asegurarnos de que no hablen con desconocidos?

Jake miró a Drew con el ceño fruncido. ¿Por qué se comportaba como un gilipollas?

—Tómatelo en serio, Drew. Estamos jugando con la vida de las personas.

Drew se cruzó de brazos. —Está bien, jefe . —La última palabra estaba cargada de veneno—. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué tenemos que hacer?

—Es lo que os he dicho —respondió Jake, sacando su teléfono—. Nuestro hombre podría ser cualquiera de las quince mil cuentas restantes. Pero quien sabrá quién es más rápido que nadie es S. Lo encontramos a él y él nos entrega al asesino.

—¿Y cómo vamos a encontrarlo, genio?

Jake suspiró. Los insultos personales empezaban a agotarlo y no sabía cuánto más podría aguantar.

Le gustaba pensar que tenía la piel dura, pero esto era otra cosa; durante el instituto y la universidad muchos lo habían adorado y buscado su amistad.

Caía bien. Tenía amigos. E incluso ganó más amigos por compasión después de estar a punto de morir en una avalancha durante un viaje de snowboard con la universidad.

Pero nunca había estado sometido a un ridículo y un menosprecio que, muy a su pesar, rozaban el acoso.

Era un concepto completamente ajeno para él, uno que no tenía experiencia alguna en gestionar.

—Por suerte para vosotros —empezó Jake—, Roland ha estado trabajando en ello mientras hablábamos y... —Jake miró su teléfono. Justo en ese momento empezó a sonar. Respondió. ¡Roland! ¿Sí...? Excelente... Eres un hacha... Envíamelo al correo. Te debo una. Te debemos una.

Casi tan rápido como había respondido, Jake colgó y dejó el teléfono sobre la mesa lentamente.

—Roland ha conseguido encontrar la dirección de S. Y vamos para allá ahora mismo.