En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 14
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Capítulo 14

PRISIÓN PREVENTIVA

M ientras Jake salía del edificio, cruzaba el aparcamiento y se dirigía a su coche, sostenía el teléfono contra la oreja, escuchando el tono de llamada al otro lado.

—¿Diga? —respondió finalmente la otra persona.

—¿Danika? Soy Jake. Jake Tanner.

—¡Jake! ¡Dios mío, hola! ¿Cómo estás? —Parecía emocionada de hablar con él, aunque Jake no se lo terminaba de creer; ella no se había molestado en contactar con él ni una sola vez desde la última vez que se vieron.

—Las cosas van bien. Elizabeth está embarazada de nuevo. Salimos de cuentas pronto.

—¡Oh, Jake, qué fantástico! ¿Para cuándo?

Jake quitó el cierre de la puerta del coche y se deslizó dentro. —Sale de cuentas en las próximas dos semanas.

—Cuánto me alegro por vosotros —respondió Danika—. Debéis de estar encantados. ¿Sabéis qué vais a tener esta vez?

—Una niña.

—Precioso. Vas a estar en minoría.

—Solo tengo ganas de que lleguen los futuros novios para poder intimidarlos —dijo Jake, y ambos se rieron entre dientes.

Una parte de él echaba de menos su voz, su risa, su personalidad; su tenacidad, su dedicación y ese empeño por trabajar duro y destacar por encima de todos los demás en el equipo.

Se habían conocido cuando eran agentes de patrulla hace más de tres años.

Y desde entonces, habían soportado juntos el estrés y las presiones de convertirse en detectives cualificados y, más recientemente, en su primer caso como detectives en prácticas, se habían visto atrapados en medio del último atraco de los Crimsons en Guildford.

Para Jake, Danika había sido fundamental para ayudarle a derribarlos.

Ella había sido sus ojos y oídos durante toda la operación, y sin ella, él seguía manteniendo que no habría sido un éxito.

—¿Cómo te trata la vida en Guildford? —preguntó.

—Aburrida. No hay mucho que hacer por aquí. No hay muchos incidentes a los que responder. Algunos robos. Hurtos. Sustracciones de vehículos. Alguna puñalada en un pub. Algún que otro secuestro. Eso parece ser todo. Nada demasiado emocionante.

—Parece más de lo que tienen la mayoría. ¿Qué esperabas?

—Probablemente no tanto como lo que os llega a vosotros en Londres, ¿eh?

Jake evitó la pregunta y cambió de tema. No quería que la conversación girara en torno a él. —He tenido intención de ponerme en contacto, pero he estado realmente ocupado.

—Igual que yo —dijo Danika, aunque él pudo notar la mentira entrelazada en su voz—. Imagino que estarás desbordado con homicidios, violaciones, tráfico de drogas y todo eso, ¿no?

Jake soltó una risita a medias. Sabía que había una línea entre la confidencialidad de un caso y la confianza de un amigo, pero no estaba dispuesto a cruzarla.

—Supongo que se podría decir así. La carga de trabajo está aumentando, sin duda. —Jake vaciló un momento. Tenía un favor que pedir, pero no estaba seguro de si Danika aún necesitaba un poco más de charla trivial—. ¿Cómo está la familia?

Danika se había casado con alguien de una familia estricta.

Tanto ella como su marido habían sido agentes de policía, pero después de que a él lo lanzaran desde un edificio, un incidente que lo dejó discapacitado, su matrimonio había empezado a desmoronarse.

Jake suponía que había una razón por la que Danika había seguido trabajando para la Policía de Surrey en lugar de regresar a su distrito natal en Croydon.

—Tony sigue sin dejar que vea a los niños. Hace cinco semanas que no los veo. Se han ido con sus padres. Dice que soy demasiado inestable y que no soy apta como madre para cuidarlos. Pero él no es mejor; está en peor estado que yo.

—Dan... lo... lo siento mucho. Debe de ser horrible —dijo Jake, sin saber qué añadir—. ¿Y todo fue por aquella noche?

Danika vaciló antes de responder. Estaba claro que era un tema de conversación delicado para ella, pero Jake quería conocer los detalles; quería saciar el hambre de curiosidad que sentía.

Además, la otra parte de él se preocupaba por Danika; habían pasado años juntos y quería asegurarse de que estuviera a salvo, tanto física como mental y emocionalmente.

—Sí y no. Aquella noche con Mark fue un error. Espero no tener que volver a verlo nunca más. Pero ya había otras cosas que iban mal en la relación antes de eso. Lo de Mark no ayudó.

—¿Sigue en la Policía de Surrey?

—¿No te has enterado? Dimitió hace un par de meses. Nadie ha vuelto a verlo ni a saber de él. Pensé que te habrías enterado.

—Ya. No. No lo sabía. Resulta que me estoy enterando de muchas cosas nuevas últimamente.

—También resulta que se estaba tirando a Pemberton, kako zoprno! —gritó en su esloveno nativo.

Jake sonrió con ironía; una vez le había regalado un diccionario de sinónimos por su cumpleaños como herramienta para que desarrollara su inglés, y era evidente que lo había estado usando, pero siempre volvía a su propio idioma cada vez que se enfadaba.

—¿Sabes qué es lo peor de todo? —continuó ella—. No solo arruinó mi matrimonio, sino que también arruinó el de Pemberton. Su marido se largó y ahora ella tiene a los niños sola. Creo que hubo un ejército de maridos cabreados buscándolo en un momento dado.

—Yo... yo... no sé qué decir. —Jake hizo una pausa mientras pensaba qué preguntar a continuación, abrochándose el cinturón de seguridad al mismo tiempo—. ¿Y tus padres? ¿Se hablan contigo?

—No hay vuelta atrás tras mi decisión, Jake. Ya está tomada.

—Bueno —dijo Jake—, si necesitas algo... lo que sea, puedes llamarme. Si necesitas un testigo o alguien que testifique contra tu marido, puedes pedírmelo. Quiero que tengas la custodia de los niños.

—No —dijo Danika. Su voz era suave y débil, casi carente de toda esperanza y vida—.

Por mucho que los eche de menos, no quiero a los niños.

En cierto modo, Tony tiene razón: apenas puedo cuidar de mí misma.

Nunca estoy en casa y jamás podría cuidarlos como necesitan. No sería la madre que se merecen.

—Siempre estuviste obsesionada con el cuerpo, ¿verdad?

—Tú no eres mucho mejor —replicó ella—. Los niños están felices con su abuela. Es lo único que me importa. Solo quiero poder verlos, eso es todo. Asegúrate de no cometer los mismos errores que cometí yo, Jake.

Jake se tomó un momento para reflexionar.

Sobre sus hijos y su relación con sus abuelos.

Sobre que tenía a Elizabeth en casa para cuidarlos y encargarse de ellos.

Sobre lo poco que estaba él en casa. Sobre cómo quería poder verlos crecer.

Sobre cómo no quería perderse las etapas importantes de sus vidas: sus primeros pasos, sus primeras palabras, su primera risa, su primera sonrisa, su primer día de colegio, su primer romance.

Hasta ahora, se había perdido casi todo eso con Maisie, y ella solo tenía dos años.

Pero su situación era mucho mejor que la de Danika.

Y eso le hizo poner las cosas en perspectiva.

—Lo siento mucho, Dan.

—No pasa nada. Estaré bien. Gracias. —Danika sorbió por el teléfono—. ¿Qué era lo que querías?

—¿Cómo?

—Sé que no llamabas solo para charlar, Jake.

Ahora apenas parecía el momento adecuado para hablar con ella sobre Danny y Michael Cipriano, pero tenía preguntas que esperaba que ella pudiera responder.

—Seguro que ya te habrás enterado...

Danika hizo una pausa antes de responder: —Depende de a qué te refieras.

—Se acabó. Su caso. Se está desmoronando. La Fiscalía.

Otra pausa.

—¿Danny y Michael? —preguntó ella con cautela—. ¿De verdad? Yo... eh... no tenía ni idea. Había oído mencionar algo, pero no sabía que se trataba de eso.

Un agente uniformado pasó junto a Jake y se subió a un vehículo policial frente a la entrada de la comisaría.

—¿No has oído nada al respecto en la oficina? ¿Nadie en el equipo ha estado hablando de ello?

—No, Jake. Lo siento.

—Deben de haber dicho algo. ¿Y qué hay de Bridger?

¿Sigue allí, moviendo todos los hilos? Debe de haber tenido algo que ver.

No me extrañaría; él es el motivo por el que nuestra primera entrevista a Michael no pudo usarse en el tribunal.

Confié en él para que siguiera los procedimientos al pie de la letra, especialmente teniendo en cuenta que no dejaba de soltarnos esa mierda de que no necesitaba que se los recordáramos porque era una puñetera estrella.

—Venga, Jake. Sabes que ese es un tema delicado. Nadie tiene permitido mencionarlo por aquí. Y él siempre está tan ocupado que apenas lo veo.

—Dan, esto es serio. Se trata del grupo que mató a cuatro personas inocentes, incluida una de las nuestras. Tienes que ayudarme. No sé cómo, pero voy a asegurarme de que sigan encerrados.

Danika vaciló de nuevo y, por un momento, Jake pensó que se había cortado la comunicación. Hubo silencio. Ni siquiera el sonido de las charlas de oficina de fondo. Ni siquiera el sonido de su respiración rozando su oreja.

—¿Danika? ¿Dan? ¿Estás ahí? —Jake miró el salpicadero. Llevaba diez minutos allí sentado.

—Estoy aquí... Hay... hay algo. Pero no lo sé... No, no puedo.

—Sí que puedes, Dan. ¿Qué es lo que te frena? Sé que quieres que se pudran en la cárcel tanto como yo. Es donde deben estar.

—No puedes decir nada. Ni siquiera se supone que yo deba saber esto.

—Lo prometo.

—El otro día oí a Bridger hablando con alguien por teléfono sobre Danny y Michael. Escuché a Bridger decir que, una vez que salieran de la prisión preventiva, ambos hermanos iban a ser incluidos en el programa de protección de testigos.