En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 12
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Capítulo 12

PARTE DEL EQUIPO

L indsay Gray ya estaba en la oficina cuando Jake llegó.

No le gustaba ser el segundo en aparecer, incluso aunque ella fuera una entidad completamente ajena al Equipo de Investigación de Delitos Graves.

Quería demostrar dedicación y determinación.

A veces, mientras estaba sentado a su mesa —durante los momentos más muermos del día, o en sus descansos para comer—, fantaseaba esporádicamente con su futura carrera e imaginaba lo que sus jefes y colegas dirían de él, lo generosos que serían en sus elogios.

—Jake era un oficial estelar. Siempre era el primero en llegar a la oficina y el último en irse.

—Nunca he conocido a un oficial que trabajara tan duro como Jake.

—Siempre lo daba todo en su trabajo.

Si se esforzaba ahora, eso le prepararía para toda la gloria posterior.

—Buenos días, soldado —le dijo Lindsay mientras él pasaba por su lado.

La zona de la cocina era vieja y desoladora.

Aún conservaba electrodomésticos de los ochenta, ninguno de los cuales había pasado una revisión de seguridad en más de una década y que suponían un riesgo considerable para todos los miembros del equipo que los usaban.

Había otras cosas más importantes en las que gastar el presupuesto, y los electrodomésticos del rincón de la cocina no eran una de ellas.

Allí, Jake se preparó otro café y regresó a su mesa.

Cargó la Base de Datos Policial Nacional e introdujo el nombre de Danny Cipriano en la barra de búsqueda de la esquina superior derecha de la pantalla.

Mientras mantenía el dedo suspendido sobre la tecla de entrada, la puerta de la oficina se abrió.

El sonido le distrajo. Era Liam, con dos tazas de café en la mano.

Asintió a Lindsay a modo de saludo y se dirigió directamente hacia Jake.

—He pensado que te vendría bien uno de estos —dijo Liam, tendiéndole la bebida—. No tenías muy buena cara antes de irte ayer. ¿Te encuentras bien esta mañana?

—He estado mejor. —Jake dejó la taza sobre la mesa.

—Qué flojo eres. Solo tienes veinticinco años. ¿Qué te pasa? Deberías poder aguantar más de un par de pintas —dijo Liam, riendo entre dientes—. A tu edad, yo salía de juerga casi todas las noches.

—Mis días de beber mucho quedaron atrás hace tiempo —dijo Jake.

—Tener mujer e hijos te hace eso. —Liam bebió de su café y lo sostuvo en el aire, mirándolo fijamente como si le recordara al fondo del vaso de lo que fuera que había bebido anoche—. Probablemente sea lo mejor. No conviene depender de ello. Ahí es cuando sabes que las cosas se han puesto feas.

Jake no supo qué decir. Por un instante, sopesó la idea de preguntar qué había dentro de la taza de plástico de Liam —la llevaba consigo a casi todas partes y siempre la sujetaba pegada al pecho—, pero luego se lo pensó mejor.

No quería insultar al hombre que por fin empezaba a aceptarlo, y ciertamente no quería quemar los puentes que acababan de empezar a construir juntos.

—Oye —dijo Jake, levantando el café casi triunfante—, gracias por la bebida.

Liam puso la mano sobre el hombro de Jake. —Cuando formas parte del equipo, nos cuidamos los unos a los otros. Recuérdalo.

Liam se puso en marcha. Se detuvo junto a la puerta de su despacho y agarró el pomo. Luego consultó su reloj y llamó a Jake.

—Dos minutos. Te quiero en la MIR.

MIR eran las siglas en inglés para la Sala de Investigación de Delitos Graves, el núcleo de toda la actividad policial relacionada con un crimen de gran importancia.

Era donde el equipo ponía en común sus recursos y se centraba en la estrategia de su investigación.

Mientras Jake y Liam habían acudido a la escena del crimen, Garrison había empezado a prepararla.

Jake echó un vistazo a su alrededor al resto de la oficina. —¿Dónde están los demás?

Liam abrió la boca, pero le interrumpió un zumbido agudo.

Los demás miembros del equipo de Investigación de Delitos Graves entraron con paso lento y se dirigieron directamente a la Sala de Investigación 2.

Jake se levantó de su asiento, borró lo que había escrito en la barra de búsqueda y se unió a ellos, taza en mano.

—Buenos días —dijo, y al entrar, le recibieron con una ronda de aplausos.

—¡Aquí está! —dijo Garrison, que parecía incluso más animado que la noche anterior. En la mano sostenía una galleta digestive de chocolate, mientras otras dos descansaban sobre su cuaderno—. El hombre del momento. ¿Llegaste bien a casa entonces?

Jake se sentó a su lado. Al frente de la pequeña sala había una pizarra blanca.

A cada lado había pizarras de corcho con imágenes de los rostros de Steven y Jessica, junto con los números de las casas de los vecinos con los que Jake había hablado.

Era el resumen de su trabajo, y se veía bastante vacío.

—¿Jake?

Jake le miró y se dio cuenta de que su colega le había hecho una pregunta. —Sí. Perdona. Dos horas. Tardé casi dos horas en llegar a casa. El doble de lo que tardo por mi cuenta. Te juro que el taxista cogió la ruta más larga imaginable.

—Vaya desastre. Seguramente quería sacarte más dinero. Podrías haberte tomado un par de copas más en ese tiempo, y probablemente te habría salido más barato. —Garrison le dio un codazo en el hombro.

—A menos que supiera que su mujer le iba a cortar el rabo si lo hacía —dijo Drew. Estaba sentado detrás de ellos, con los brazos cruzados a la altura del pecho.

—Al menos tiene a alguien que puede cortárselo —dijo Garrison, saltando en defensa de Jake—. No como tú, capullo solitario. ¿Cuándo fue la última vez que viste a tu mujer?

Justo cuando Drew estaba a punto de responder lanzando un puñetazo de broma a Garrison, entró Liam. Al instante, el aire se quedó inmóvil y el ambiente decayó. El profesor acababa de entrar y reclamaba la atención de la clase sin decir una sola palabra.

—Seré breve —comenzó Liam—. Todos tenemos mucho que hacer.

Han pasado más de veinticuatro horas desde que Steven y Jessica Arnholt fueron asesinados, y no hemos obtenido ni un solo indicio de prueba.

Me han dicho que los informes forenses sobre el ADN, el portátil y el teléfono móvil hallados en la galería de arte de Steven tardarán un poco más en llegar.

Algo relacionado con una serie de cambios de personal en el equipo.

Parece que les falta un hombre... o más bien, una mujer.

Liam se acercó al corcho de la derecha y señaló el número de una casa.

—Gracias al trabajo detectivesco de Jake, tenemos un sospechoso potencial.

Un tal señor Archie Arnold. El vecino de Steven y Jessica calle abajo.

Bien, no tenemos pruebas que vinculen a Archie con los asesinatos, pero Jake tuvo la corazonada de que algo no encajaba con él, y ya ha estado en nuestro radar anteriormente por delitos relacionados con las drogas.

Creo que es algo que deberíamos investigar y explotar si podemos; traedlo para un interrogatorio más profundo.

Liam hizo una pausa para terminar lo que quedaba de su bebida.

—Las tareas de hoy son sencillas. Quiero que Garrison traiga al señor Arnold.

Y Drew, mientras tanto, quiero que amplíes la búsqueda en internet.

Elabora un informe de victimología y empieza a investigar los perfiles online de Steven y Jessica, sus actividades.

Descubre si hay algo que podamos aprender de ellos.

Ese portátil será probablemente la mayor fuente de pruebas cuando por fin tengamos noticias del laboratorio forense.

Pero no quiero que dependamos de eso para luego descubrir que es completamente inútil.

Cuando Garrison regrese, quiero que tú también estés presente en el interrogatorio.

Y, por último, Jake —Liam señaló otro rostro en el tablero—, Steven es marchante de arte, lo que significa que debe de tener un representante o un contable en alguna parte.

Alguien con quien hable con regularidad.

Alguien en quien confíe más que en sus padres.

Encuéntralos. Habla con ellos. Averigua todo lo que puedas. Vamos.