En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

—¡No fastidies! —dijo Liam, poniendo los ojos en blanco y reclinándose en su silla con disgusto—.

Tienes que decirnos algo. Podrías mentir y ni siquiera lo sabríamos.

Aunque... —se inclinó más hacia Jake—. Estoy excepcionalmente bien entrenado en el arte del engaño.

Y noto cuando alguien me está mintiendo. Considéralo tu primer aviso.

La mirada de Liam permaneció fija en Jake, y Jake fue incapaz de apartar los ojos de él. No dudó ni por un segundo que Liam decía la verdad, y que su advertencia era totalmente creíble.

—Tengo una —dijo Garrison, devolviendo la atención de Jake a la mesa—. ¿Cuál es tu mayor miedo?

—Fallar a mi familia —dijo al instante—. No ser capaz de mantenerlos. Todo lo que hago es por ellos. Todo. Son mi mundo, y no pararé hasta que sean felices y tengan lo necesario.

—¿Habéis estado practicando estas preguntas o algo así? —preguntó Garrison, agitando el dedo en el aire entre Jake y Liam—. Es que tu respuesta parece estar muy bien preparada.

—¡Ni de coña! —dijo Liam, saltando en defensa de Jake—. El hombre sabe lo que quiere en la vida. Eso es bueno...

—No, no —añadió Drew—. Eso no es lo que hemos preguntado. Esa es una pregunta totalmente distinta. —Tragó un buche de cerveza antes de continuar—. ¿Qué quieres en la vida, Jake?

Jake se quedó bloqueado. No lo había pensado. Bueno, sí. Pero no profundamente. Sabía a un nivel superficial que quería todas las cosas bonitas —caprichos, coches, casa, mascota—, pero a un nivel más profundo y personal... no lo había reflexionado bien.

—Supongo... —dijo Jake. Necesitaba ser honesto, no solo consigo mismo, sino con Liam y el resto del equipo si quería que lo aceptaran como a uno de los suyos—.

Supongo que quiero justicia. Mi padre murió en un accidente de coche cuando yo tenía quince años.

Chocó contra un árbol. Murió al instante.

Pero alguien más tuvo la culpa. Se le cruzaron delante y le obligaron a dar un volantazo.

Pero nunca los procesaron ni nada. Simplemente nos dejaron solos para sobrevivir sin él, con un vacío enorme en nuestras vidas.

—Jake necesitaba beber algo y dio un sorbo.

Todos a su alrededor prestaban atención—.

Por eso quiero estar en primera línea. Por eso quiero ser capaz de evitar que la gente haga daño a otros, como hice con los Crimsons.

Un momento de silencio cayó sobre el grupo mientras bebían de sus vasos. Todos excepto uno. Garrison.

—¿No te has enterado? —preguntó en voz baja, como si hablar más fuerte fuera a despertar a los atracadores armados de sus escondites invisibles.

—¿Enterarme de qué?

—Los Crimsons... Danny y Michael... su juicio... se está yendo todo al garete.

Jake se quedó helado; le dio un escalofrío y dejó de oír el sonido ambiente de risas y charlas del bar.

Luego tragó saliva; tenía la boca seca. Imágenes de Danny y Michael Cipriano cruzaron su mente.

Sus caras. Burlándose de él. Riéndose de él por todo el trabajo y el esfuerzo que había puesto en arrestarlos, solo para que todo se anulara menos de doce meses después.

—Estás... estás bromeando, ¿verdad? Quiero decir... yo...

—¿Pensaba que te habrías enterado?

Jake negó con la cabeza.

—Pues sí —continuó Garrison—, no conozco los detalles, pero los van a dejar salir de la prisión preventiva.

Creo que tiene algo que ver con la fiscalía...

he oído que no van a presentar pruebas en la vista del viernes.

No me sorprendería que además se las hubieran apañado para sobornar a un par de miembros del jurado por adelantado.

He oído muchas cosas malas sobre ellos, tanto sobre los de la policía de Surrey como sobre los hermanos Cipriano.

Jake sacudió la cabeza con incredulidad. Se había quedado sin palabras.

—Siento ser el que te dé las malas noticias, colega. —Garrison hizo una pausa; a su lado, Drew eructó y una nube de aliento a levadura flotó hacia la cara de Jake—. Sé que luchaste duro para pillarles y que les encerraran.

—No pasa nada —dijo Jake. Se terminó la bebida y dejó el vaso en la mesa, luego miró su reloj.

Eran las seis y media. ¿Adónde se había ido la última hora?

Paranoico, Jake miró su teléfono. Había una alerta de mensaje de Elizabeth en la pantalla de inicio.

Con el pánico de que pudiera ser algo importante, abrió el mensaje y lo leyó.

Solo quería saber cuándo volvía a casa. Le envió una respuesta diciéndole que estaba de camino.

Jake se levantó, tambaleándose cuando el alcohol se le subió a la cabeza, y se apoyó en el respaldo de la silla para sostenerse.

—¿Estás bien, compañero? —preguntó Liam.

—Sí. —Jake asintió—. Sí. Me voy. La parienta llama. Perdón. Los... los veo luego. Mañana .

—¿Seguro que puedes conducir?

Jake levantó el pulgar. —Mejor que nunca.

Se despidió y caminó hacia el coche. Tenía la mente inundada de preocupación. No podía quitarse de la cabeza las imágenes de Danny y Michael Cipriano, los hombres por cuya captura tanto había luchado, y cómo, pronto, serían libres de vagar por las calles como seres humanos civilizados normales.

Al salir, una ráfaga de aire frío le golpeó la cara. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no estaba en condiciones de sentarse al volante, mucho menos de conducir, así que paró un taxi. En el trayecto a casa, hizo un juramento.

Era uno sencillo, uno que no iba a abandonar hasta que se cumpliera.

Jake iba a mandar a los Crimsons de vuelta al lugar de donde vinieron.