En la misma pista (CU Hockey 1) 24 ZACH
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L as cosas no han ido según lo previsto. Mi idea era hacerle ver a Foster que no quería agobiarlo, así que he intentado parecer lo más despreocupado posible. Muy relajado. Indiferente…

Puede que me pasara con lo de la indiferencia.

Dijo que volvería y me lo creí como un idiota. Seth y yo estuvimos esperándolo hasta bien entrada la noche porque fue lo que tardé en entender que lo había dicho por obligación, por mucho que Seth insistiera en lo contrario.

En mi defensa diré que me cuesta pensar con claridad cuando tengo a Foster cerca.

Si a eso le sumamos el brazo con el que me rodeó anoche, lo podemos calificar de tortura.

Después de dos semanas de contacto cero, estaba empezando a autoconvencerme de que podría pasar página. Pero luego empezó el partido…

Y no podía apartar los ojos de él.

Estuvo increíble. Hacía gala de un talento tan impresionante que tenía a las gradas embelesadas y, cuando se quitó el casco para pasarse las manos por el pelo sudado y me guiñó un ojo, creí desfallecer.

¿Quién necesita porno cuando existen estampas como esa que te remueven todo?

El domingo por la mañana, salgo para ir a la biblioteca e intentar volver a concentrarme, pero me rindo cuando acepto que es imposible. Creo que se me ha fundido el cerebro.

Ya empieza a hacer frío en la calle, así que me cubro con los brazos y acelero el paso para ir a mi residencia.

Una llamada entrante rompe con la tranquilidad de la brisa mañanera.

—Al habla Zach.

Al principio solo oigo un resoplido fuerte, pero entonces habla:

—Anoche te eché de menos.

—¿F-Foster? —Me detengo.

—¿Quién demonios iba a ser si no?

—Eh… pues…

—¿Dónde estás?

—Iba a mi habitación.

—Genial, nos vemos allí.

La llamada se corta y me quedo mirando el móvil. ¿Viene a mi cuarto? ¿Ahora? Estoy tentadísimo a dar media vuelta y volver a la biblioteca. El problema es que ahora me pica la curiosidad. Le he dado espacio, una salida fácil, pero ahora me busca.

¿Sucederán estas cosas habitualmente? ¿Estará enfadado? ¿Por qué quiere verme? Ah, a lo mejor solo quiere… ¿Querrá tener sexo sin ataduras?

Por favor, que sea para eso.

Camino tan rápido de vuelta a mi habitación que podría considerarse casi trotar y les prometo a mis pobres pulmones que con esto ya hemos cubierto el cardio que nos tocaba este mes.

Tengo el corazón desbocado de los nervios, pero consigo llegar al dormitorio y ponerme unos pantalones de chándal y una camiseta limpios. Mi pelo tiene poca solución, pero intento domarlo un poco y me paso los dedos por él una y otra vez hasta que consigo tener un aspecto medio aceptable.

No sé para qué me molesto, pero, aun siendo consciente de ello, no paro.

Espero que me avise por teléfono cuando llegue, por lo que doy un respingo cuando oigo que llama a la puerta. ¿Pero cómo lo hace?

Puede que esta no haya sido una buena idea. Quizá me iría mejor si me metiera bajo las sábanas y no saliera de ahí en lo que me queda de vida. Me parece una opción mucho más inocua y, por supuesto, más inteligente.

Aun así, abro la puerta.

El rostro de Foster se ilumina cuando me ve y una amplia sonrisa invade la cara más atractiva que he visto nunca. No puedo evitar devolverle el gesto.

—Te he avisado. —Mira la puerta entreabierta.

Me echo a un lado para dejarle pasar.

En cuanto se cierra la puerta, Foster tira de mi brazo y me rodea con los suyos.

—Te he echado de menos —murmura contra mi oreja.

¿Cómo dice? Me retiro un poco para mirarle a la cara.

—¿Has venido para acostarte conmigo?

—¿Eso quieres? —pregunta después de soltar una carcajada.

—No… entiendo qué pasa.

Foster me suelta cuando hago ademán de separarme y me siento en la cama.

—¿A qué has venido?

—¿Cómo que a qué…? —Mira a su alrededor como si buscara algún tipo de explicación—. Quería verte. El finde que viene jugamos fuera y estas últimas dos semanas han sido… Zach, ¿qué pasa?

Contraigo los dedos de los pies desnudos contra la tarima del suelo porque no sé si puedo mirarlo.

—No sé. —De verdad que no—. Tuvimos una cita fantástica, pero ese fin de semana ya ha pasado y supuse que no habría nada más.

—¿Nada más? —Retrocede—. ¿Y me lo ibas a contar?

—Pensaba que lo sabrías.

—No soy un puto telépata.

¿Se ha… enfadado? Se gira para abrir la puerta. Ahora entiendo aún menos cosas.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —le digo.

—¿Qué? —Parece cabreado, pero lo noto resignado.

—¿Qué vas a…? —Intento identificar la emoción—. ¿Te has enfadado?

—La puta madre —murmura, pasándose la mano por la cara—. Dímelo tú, gran psicólogo. Según tú, ¿cómo debería sentirse un hombre cuando la persona que le gusta le dice que no quiere nada con él?

Nunca me había bajado tan rápido de la cama.

—¿Cómo dices?

—¿Qué?

—No, repítelo. ¿A qué te refieres? ¿Qué significa eso?

—¿Que me gustas? —Foster parece confundido.

—¿Yo… te gusto… a ti?

—¿No lo he dejado bastante claro ya?

Frunzo el ceño. ¿Lo ha hecho?

—Nunca… llegamos a definir lo nuestro y, como estabas tan ocupado, pensé que me escribías solo para pasar de mí sin herir mis sentimientos.

Él se ríe y noto cómo mi cuerpo se relaja cuando su rigidez también se disipa.

—¿Dices los mensajes que te escribía para que supieras que estaba pensando en ti aun cuando tengo un horario de locos?

—Ah. —Apoyo el peso en el otro pie—. Puede que no lo haya interpretado así.

—¿Y por qué pasaste de mí después del partido de hockey? ¿A qué venía eso?

—No quería que te sintieras obligado a pasar tiempo conmigo o que creyeras que soy… empalagoso.

—¿Obligado? Quería pasar tiempo contigo. Solo contigo. Cuando los del equipo se marcharon, fui a buscarte, pero ya te habías ido.

—Te esperé, pero parece que no lo suficiente.

—Ven aquí, anda. —Foster vuelve a rodearme con los brazos y, en esta ocasión, logro calmarme—. La próxima vez que des por hecho lo que quiero, prométeme que primero me preguntarás.

—¿La próxima vez? —Echo la cabeza hacia atrás para verlo bien—. ¿Dices que esto podría ser… habitual?

—Muy habitual.

Sonrío y me echo un poco hacia atrás sin apartar los brazos de su cintura.

—Te prometo que no daré por hecho nada más.

—Bueno, algunas cosas sí puedes. Como por ejemplo, creer que me apetece acostarme contigo, porque con eso siempre acertarás.

—¿Siempre?

—Y lo mismo se aplica a los besos, que eso ya lo tenemos superado.

Las mamadas y las pajas se pueden negociar.

—Vuelve a estrecharme entre sus brazos y casi pierdo el equilibrio—.

Los abrazos, pasar tiempo juntos… —Sus labios se pasean por mi oreja—.

Cualquier cosa que implique estar contigo.

Desnudos. Vestidos. Me da igual, lo quiero todo.

—Por lo que dices, debería preparar la mochila.

—¿Para?

—Tu cama es más grande que la mía. —Me pongo de puntillas para acercarme a su oído—. Y necesitaremos espacio para lo que vas a hacerme.

Foster me agarra del culo y aprieta su pene medio erecto contra mis caderas.

—Tienes dos minutos. Si no te da tiempo, te llevo a cuestas como a un saco de patatas.

—Hay que mejorar esas amenazas.

—Zach…

—Dime —respondo con inocencia mientras me agacho para preparar la mochila—. Cuesta mucho moverse con una erección así.

Él suela un gruñido, como si no estuviera ya lo bastante excitado.

—Treinta segundos y después reclamaré ese culito como mío .