En la misma pista (CU Hockey 1) 22 ZACH #2
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22 ZACH #2

El paseo de la vergüenza es otra experiencia universitaria que ya puedo tachar de mi lista.

Después de habernos pasado todo el fin de semana juntos, no creo que pueda retomar mi vida así como así y, aunque ya no me duela, jamás olvidaré el sexo.

Cada vez que siento cómo me dedica una sonrisa amable durante la clase, mi cuerpo se calienta. Pero no hay color con cuando nuestros ojos se cruzan y él se me queda mirando con toda la intención del mundo. Es como si quisiera recordarme que me ha visto desnudo y sabe cómo me retuerzo bajo su peso.

Ahora me arde la cara.

Consigo controlarme antes de que termine la clase, pero vuelvo a sonrojarme en cuanto veo a Foster en el pasillo esperándome.

—Menos mal que hablaste con el profesor Lawrence antes de que ocurriera algo entre nosotros, porque esas mejillas nos habrían delatado rapidísimo. —Me acaricia la piel con un dedo.

—Es culpa tuya —susurro.

—¡Grant! —le llama Topher desde la otra punta del pasillo—. Tenemos que irnos antes de que le dé un infarto al entrenador.

Foster suspira.

—Me tengo que ir corriendo, pero quería verte antes de marcharme.

Se avecinan unos entrenamientos intensos.

El sábado tenemos el primer partido y, aunque yo no juegue, el entrenador me está apretando las tuercas para compensar el incidente de Morris.

—Asiento, aunque no puedo evitar sentirme un poquito responsable—. ¿Nos vemos otro día?

Vuelvo a asentir.

Es lógico que vaya a tener menos tiempo con el comienzo de la temporada.

Me cambio la bandolera de hombro y me encamino hacia mi siguiente clase. No puedo olvidar que no me prometió nada más aparte de sexo, y bastante fuerte es ya que quisiera tanto de mí.

El problema es que, ahora que lo he probado, quiero más. Todo mi cuerpo lo echa ya de menos, y no solo a nivel físico. Nos habremos pasado gran parte del fin de semana dándonos placer mutuo, pero ha habido más cosas entre medias. Conversaciones, risas, besos cariñosos y caricias tiernas.

Qué lástima me doy, echando ya de menos pasar tiempo con él.

Trato que la codicia no se apodere de mí y descarto la melancolía repentina que siento ante la idea de no verlo mucho esta semana.

Las emociones solo me ganarán si yo se lo permito.

Eso. Control. Puedo con ello.

Por suerte, tengo tantísimas cosas que hacer que me vuelco en el trabajo y se me pasa la semana volando.

Imparto clase en otra de las asignaturas del profesor Lawrence y planifico mi tesis, lo que me lleva a acostarme tarde y madrugar mucho.

Desayuno casi en cuanto amanece y tan solo soy consciente del paso del tiempo porque tengo tutorías programadas.

Estoy empanado mirando la pantalla del ordenador cuando me empieza a sonar el teléfono.

—Al habla Zach.

—Algún día responderás con un simple «hola» como la gente normal y corriente.

—Ambos sabemos que las posibilidades son nimias —le respondo con una sonrisa a la voz de Seth.

—¿Qué pasa? —me pregunta tenso—. Estamos a jueves y no me has llamado. Normalmente hablamos los martes.

¿Cómo que jueves? Corro a mirar el calendario.

—Perdona, he estado muy ocupado.

—Ocupado… —Noto un deje desconfiado en su voz—. O mi hermano te está absorbiendo todo el tiempo y te has olvidado de mí o… —Suspira—. Estás estudiando sin parar, ¿no?

—No sé de qué me hablas. —Me subo las gafas para frotarme los ojos.

—¿Has comido al menos?

Trato de hacer memoria, pero, ahora que lo menciona, sí que tengo un poco de hambre.

—Me he comido un plátano —respondo mientras saco mi lista de tareas y escribo «buscar sustento».

—¿Para desayunar?

—Puede ser.

Oigo a Seth gruñir y me lo imagino frotándose la sien.

—¿Es por Foster?

—No.

—Te juro por Dios que como te haga daño…

—Que no. —Es la verdad. No es culpa de Foster que no pueda parar de pensar en él—. Fue todo perfecto. Hemos tenido un fin de semana increíble y así ya puedo volver a centrarme en el trabajo.

Seth no me responde inmediatamente.

—¿Te ha escrito? —Su tono es bastante más suave, por lo que me relajo al saber que no parece preparado para ir a por su hermano.

—Sí.

—¿Y tú le has respondido?

—¿A sus mensajes sobre el asco que le da entrenar? Sí, y le dije que estudiar también da asco.

—¿Y?

—¿Y qué?

—¿No habéis hablado más? ¿Qué te dijo exactamente?

—Que los entrenamientos estaban siendo una locura y que esperaba que a mí me fuera bien… o algo por el estilo. —Exactamente eso—. Un día me escribió para ver cómo iba yo, pero poco más.

—Espera, ¿te dijo que esperaba que te fuera bien y volvió a escribirte para ver cómo estabas? Menudo monstruo.

—Seth, puede que no sepa mucho de salir con gente, pero sí sé que Foster se juega mucho esta temporada con el hockey y no quiero que se sienta presionado por sacar tiempo para mí. Está ocupado y lo entiendo.

—La temporada empieza en pocos días y es cierto que está ocupadísimo. Mi padre me contó que el entrenador le está exigiendo mucho por pasarse de la raya en el partido contra la UVM.

—Y así es. Yo también he estado hasta arriba con mi investigación. Así que no pasa nada.

Si me lo repito un par de veces más, llegaré a creérmelo. Solo llevo tres días sin verlo, ¿así que por qué empiezo a echarlo de menos en cuanto lo menciona? Me niego a volver a depender de otra persona. Y Foster no puede permitírselo.

—Zach…, ¿te gusta?

—¿Qué? —No esperaba esa pregunta.

—¿Quieres algo más?

—No me tomes por tonto. No soy el típico virgen iluso que se deja embriagar y se enamora de la primera persona con la que se acuesta.

—Te repito que no quiero hablar del tema, pero antes de… eso, hicisteis bastantes cosas juntos. Por eso me preguntaba si no habría algo más.

—Claro que no. —Maldigo mi voz cuando deja escapar un tono más agudo.

—¿Entonces irás a su primer partido? El de este finde. —El timbre de voz casual de mi amigo me indica que me está poniendo a prueba, pero no tengo claro cuál debería ser la respuesta.

¿Le digo que sí para demostrarle que puedo verlo y parecer cordial o le digo que no para demostrarle que no me hace falta porque no tengo interés en nada más con él?

¿Por qué es todo tan difícil?

—¿Tú para qué vas? —pregunto—. Ni siquiera juega este partido porque lo suspendieron.

—Pues para apoyarle. Para sentarme con él y animar a su equipo. Deberías venirte.

—No… sé yo. No. Tengo mucho que hacer.

—Eso ya lo veo. Porque está claro que documentarte para la tesis hasta el punto de olvidar en qué día vives forma parte de tu trabajo.

—Seth… De verdad que estoy muy ocupado.

—Pues entonces nos vemos en el partido de la próxima semana. Si no vienes, tendré que sentarme con mis padres.

Me río.

—No te ha importado sentarte con ellos en todos estos años en los que yo no he ido a ningún partido de hockey.

—Eso fue antes de que te acostaras con mi hermano.

—Te tengo que dejar —resoplo al tiempo que cierro de golpe el portátil, y Seth cuelga.

Hay demasiado silencio en mi dormitorio y se me ha quitado el hambre.

Maldigo para mis adentros, yo solo quería distraerme para no pensar en Foster.

No me voy a presentar en sus partidos como un cachorrillo abandonado que se desvive por una pizca de su atención.

No quiero que sienta que me debe algo. Si volvemos a pasar tiempo juntos, será en términos amistosos y de mutuo placer.

Desde que lo conozco, a Foster solo le ha importado el hockey y, aunque por alguna extraña razón quisiera tener algo más conmigo, jamás pondría en riesgo algo por lo que lleva tantísimo tiempo trabajando.

Ni yo tampoco querría que lo hiciera.

Acordamos tener relaciones, no ser pareja, y estoy encantado con la decisión.

Exultante.

Tanto, que vuelvo a abrir el portátil y reanudo el trabajo .