Epílogo
Jules reposaba en la cama, sumida bajo los efectos del sedante. A mi lado, Madeline Gerlach contemplaba la pantalla que estaba junto a ella con su característica mirada gélida.
—Es mejorable, pero servirá —dijo al final, cuando la pantalla se volvió negra.
—¿Mejorable? —repetí, como si tratara de entender qué había fallado. Pero era muy consciente de ello.
—Bueno, ese trozo de metal lo has añadido más tarde. Y ni siquiera puede mitigar el dolor, solo causarlo.
—No lo sabía.
—De todos modos, debo felicitarte por haberla llamado. .
¿cómo era? ¿Cabezota?
—Sí —murmuré.
—Mencionó que solía decírselo con frecuencia. ¿Tú lo sabías eso?
—No, la verdad es que ha sido casualidad.
Mi intención no era entrar en detalles muy personales, en 721
cosas que solo ellos dos podrían entender. Porque, de algúna manera, quería que Jules terminara dándose cuenta de que ese recuerdo del accidente no era suyo, que en realidad no sucedió.
Pero, ¿cómo iba a saber que últimamente Nolan la llamaba de esa manera?
—Para la próxima vez, necesitamos algo más convincente para que sus recuerdos no parezcan forzados.
Asentí, apretando los dientes con fuerza.
Madeline se acercó hacia Jules para colocarle mejor el suero intravenoso.
—No sé si hemos hecho lo correcto —admití en voz alta, dubitativa.
Desvió los ojos de ella para posarlos en mí.
—No es momento para dudas, querida. Hemos tomado la decisión necesaria para todos.
—¿Y lo es para ella?
Madeline no respondió de inmediato. Mantuvo su expresión imperturbable por un instante.
—Lo que importa es el resultado final, y este es el camino que nos llevará a él —declaró con determinación—. No podemos permitirnos desviarnos ahora.
—¿Por qué siempre se ha empeñado tanto en separarlos?
—Porque, si separados son peligrosos, juntos son una sentencia de muerte.
Cogió un par de jeringuillas más y las desinfectó para tenerlas listas, antes de dejarlas de nuevo en la bandeja de metal.
—Esto no está bien —murmuré, reuniendo mi coraje.
Ella dio unos pasos breves hasta quedar frente a mí, colocando una mano firme sobre mi hombro. Pero no había ni 722
rastro de calidez en su contacto.
—Ya lo hiciste una vez, ¿recuerdas? Le hiciste creer que habías muerto.
—Ella no me conocía, incluso me odiaba. Pero esto es muy diferente. Ver morir al amor de tu vida. . —Negué con la cabeza, observando su semblante tranquilo por el sedante—.
No me puedo ni imaginar el dolor que debió sentir.
—¿El amor de su vida? —repitió ella en un tono despectivo—. Vamos, si apenas se conocían.
—Aún así. .
—Si no quieres seguir con esto, solo tienes que decirlo
—me interrumpió.
Suspiré con pesadez.
—Sí que quiero. —Mis palabras apenas fueron un susurro, acompañadas de un gesto de incertidumbre en mis labios.
—Eso no suena muy convincente.
Porque no lo era.
Madeline se aproximó a la puerta de la habitación, dándome la espalda.
—¿Y qué haremos con él?
—Lo mismo que hicimos con Jules. ¿Podrás hacerlo?
—No lo sé, la conexión que tienen es demasiado fuerte.
—No te subestimes, querida. —Sus ojos penetrantes buscaron los míos—. Lo hiciste cuando solo eras una niña, lograste que no lo recordara durante una década. ¿Qué te hace pensar que será distinto con él?
—Porque ha vuelto a recordarlo. Su mente es. . fascinante.
—Pero la de él no. —Se encogió de hombros—. Por eso es-ta vez funcionará. Además, tu mente también es brillante a su manera. Al fin y al cabo, pudiste engañar a todos los jóvenes que estuvieron ese día en el lago.
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Sí, eso fue una verdadera prueba. Por primera vez, descubrí que podía manipular varias mentes a la vez.
—No solo puedes cambiar recuerdos, sino eliminarlos.
—Madeline se acercó a mí con pasos lentos y precavidos—. Y
eso es justamente lo que quiero que hagas con Nolan. Elimina cualquier rastro de Jules en su mente. Desde los recuerdos de la infancia hasta los momentos que hayan compartido ahora. Quiero que desaparezca hasta el más mínimo vestigio de su existencia en ella. ¿Lo harás?
Ante la petición de Madeline, me encontré inmersa en un mar de pensamientos turbulentos. Por un lado, reconocía la necesidad de cumplir con sus instrucciones, sabía que estaba en deuda con ella y que debía demostrar mi valía una vez más. Pero por otro lado, una voz en mi interior me decía que no era ético borrar los recuerdos de alguien de esa manera.
Mi mirada se desvió hacia Jules, quien yacía pacíficamen-te en la cama, ajena a la conversación que estábamos teniendo. Un sentimiento de compasión brotó en mi interior al imaginar que le podría estar creando los recuerdos más dolorosos de su vida, mientras le privaba a Nolan de los mejores momentos que había experimentado. Y esos eran junto a ella.
Esto era cruel.
Ella creería que Nolan había muerto en ese accidente, y él simplemente no la recordaría.
Me invadió una sensación de inquietud, como si estuviera a punto de cruzar una línea que no debería traspasar. Pero lo cierto es que ya lo había hecho desde que empecé este juego retorcido. Ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.
—Sí, lo haré.