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Supe en lo más profundo de mi ser que ya no estaba aquí, aunque su cuerpo permaneciera frente al mío. Pero mi corazón se aferraba desesperadamente a la esperanza de que sus ojos se abrieran de nuevo, llenos de vida y amor.
—Nolan, por favor, despierta —susurré, meciendo su cuerpo con suavidad. Pero por mucho que lo hiciera, no se movía—. ¡No puedes dejarme así! ¡No puedo hacerlo sin ti!
Me incliné hacia él, sintiendo el frío de su piel bajo mis dedos. Con cada segundo que pasaba, la realidad se hacía más y más ineludible. Mis lágrimas caían sin control mientras pegaba mi frente a la suya, como si pudiera transmitirle mi desesperada súplica directamente a su alma.
Mis manos temblaban mientras acariciaba su rostro lleno de sangre, buscando algún signo de vida, algún destello en sus ojos, ahora vacíos. Pero no había respuesta, solo un silencio abrumador que me envolvía como una manta helada.
—Te necesito. —Mi voz se quebraba en cada palabra, mientras las lágrimas seguían inundando mis mejillas—. No te vayas. Por favor, no me dejes.
Me aferré a él con todas mis fuerzas, mis dedos hundién-dose en su piel fría y sin vida, mientras rezaba por un milagro que sabía que nunca llegaría, como si mi amor pudiera desafiar incluso a la muerte misma.