648
Abrí el armario y saqué unos tejanos, un suéter y unas bambas. Me habían dejado intimidad para cambiarme antes de marcharnos, pues solo me habían dicho que me vistiera, sin darme detalles de a dónde iríamos. Por eso me sorprendió que picaran a la puerta de mi habitación.
—¡Me estoy vistiendo! —les hice saber, mientras me abro-chaba el tejano.
No sé para qué avisé, si entraron de todos modos.
Me apresuré en cubrirme los pechos con el suéter, pues en la parte de arriba solo llevaba puesto el sujetador. Sin embargo, dejé salir el aire que había retenido en mis pulmones cuando vi que era Beth.
Ajustó un poco la puerta detrás de ella, sin cerrarla del todo, y se sentó en mi cama. Nos quedamos mirando en un silencio algo incómodo, como si ninguna de las dos se atre-viera a romperlo.
Justo cuando iba a hablar, ella también lo hizo.
—Lo siento —dijimos a la vez.
Un atisbo de risa surgió entre nosotras y pronto estábamos riéndonos a carcajadas. Me senté a su lado con una sonrisa que poco a poco se fue desvaneciendo.
—De verdad que lo siento, Beth. Deberías haber sido la primera en enterarte de la verdad.
—No me has ocultado nada, lo sabía desde el principio. Así que no había nada nuevo de lo que enterarme.
—Aún así, siento mucho todo lo que te he dicho antes.
Desde que estuve en ese psiquiátrico, cada vez que me enfado con alguien. . No sé, siento que en realidad estoy furiosa conmigo misma. Por no haber hecho las cosas bien, o pensar que podría haberlas hecho de otra manera.
—No tienes que culparte de nada, Jules. Has pasado por mucho. Bastante has tenido con los demás, como para que 649
encima te juzgues tú misma.
Desvié los ojos de ella, sintiendo un nudo en la garganta, y comencé a juguetear con mis dedos, buscando algo en qué concentrarme para evitar su mirada y no sentirme tan expuesta.
Nolan y ella tenían algo en su mirada que te hacía querer apartar los ojos, o simplemente no hacerlo nunca para admi-rarlos.
«Has pasado por mucho»
Ella lo sabía muy bien, porque había estado cerca en cada paso de mi vida. Por eso, apenas necesitábamos palabras entre nosotras.
—Nolan me lo ha contado todo. Me ha dicho que siempre has estado ahí, aunque yo no lo notara. Ni siquiera sé cómo agradecértelo.
Durante toda mi vida me había sentido tan sola, había estado tan convencida de que no tenía a nadie, que descubrir ahora que Nolan y ella habían estado siempre presentes, incluso aunque yo no fuera consciente de ello, era una sensación que no podía explicar.
—Una entrada para un concierto de Chase Atlantic sería suficiente.
Sonreí, negando con la cabeza.
Justo en ese instante, la puerta de la habitación se abrió, haciendo que Beth y yo giráramos la cabeza de golpe hacia Nils, quien acababa de entrar.
—Chicas, ya estamos listos. Cuando queráis. . —Sus palabras quedaron ahogadas cuando Beth agarró un cojín y se lo aventó a la cara.
—¡Que Jules va en sujetador, pervertido!
Bajé la vista hacia mis pechos y me sonrojé de pies a ca-650
beza al darme cuenta.
—¡Y yo qué sabía! —se defendió él, cubriéndose los ojos con el cojín—. ¡La puerta estaba abierta!
Cogí el suéter que había dejado encima de la cama y traté de ponérmelo apresuradamente, pero con las prisas no encontré el agujero para meter la cabeza.
—¡Eso no significa que puedas pasar! —exclamó Beth.
Nils bajó el cojín de su cara para mirarla.
—¡Una puerta abierta siempre es una invitación a. .!
Pero Beth no le dejó terminar, porque cogió otro de mis cojines y se lo lanzó en su dirección, esta vez con mucha más fuerza que antes.
—¡Que no mires!
—¡Vale, vale! ¡Ya me voy!
Se marchó de la habitación.
Me agaché para atarme los cordones de las bambas y recogí mi cabello en una coleta alta, pues me estaba agobiando mi melena. Una vez lista, salimos de mi habitación. Los otros dos ya estaban en el porche de mi casa, esperándonos pacientemente.
—Que sepas que Nils le ha visto las tetas a Jules —le dijo Beth a Nolan nada más cruzar la puerta.
Nolan se giró lentamente hacia el mencionado, clavándole una mirada que habría hecho temblar a cualquiera.
—¡Eso no es verdad! —protestó Nils, visiblemente asustado—. ¡Iba en sujetador!
—¿La has visto en ropa interior? —cuestionó Nolan, incrédulo y enfadado.
—Bueno, técnicamente, eso es mejor que verla desnuda
—murmuró Nils, rascándose la nuca.
—¿Qué te hace pensar que acabas de arreglarlo diciendo 651
eso?
Nolan cada vez parecía más molesto con cada palabra que decía el pobre Nils, quien solo trataba de aligerar el momento.
—¡Oh, vamos, no fue para tanto! —exclamó Nils, levantando las manos en señal de inocencia—. Solo estaba pasando por el pasillo y. . bueno, la puerta estaba entreabierta.
—Eso no es excusa —intervino Beth.
—¡Tú, cállate, chivata! —vociferó Nils.
—Eso decía Gordolix. —Beth suspiró dramáticamente—.
En verdad los echo de menos.
—¿Quién demonios es Gordolix? —Nils frunció el ceño.
Volteé los ojos y bajé las escaleras de mi porche, dejando atrás la ridícula discusión que estaban teniendo entre ellos.
Me dirigía a abrir la puerta del coche de Nils cuando percibí movimiento por el rabillo del ojo.
Oh, no.
—¡Señorita Miller! ¡Qué sorpresa verla!
Hice ademán de abrir la puerta, pero maldije por lo bajo al darme cuenta de que Nils aún no había desbloqueado el coche. Me giré hacia su dirección y los vi todavía inmersos en su debate.
—¿Quiénes son? —preguntó Steve, con su típica actitud entrometida, observándolos.
Se bajó de la bicicleta, dejándola en el suelo.
—Mis amigos.
—¿De verdad tiene? —Alzó una ceja, incrédulo.
Dejé escapar un suspiro, sintiendo cómo la paciencia se me agotaba. Si a eso le sumabas que todavía me dolía la cabeza, iba a terminar con su cadáver en el maletero del coche como no se callara de una jodida vez.