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Esta nueva dirección en su investigación finalmente le condujo a resultados más prometedores, aunque a un costo humano muy alto.
Dios mío.
Ahora comprendía por qué sus supuestas víctimas eran solo mujeres que no superaban los treinta años.
Un intenso escalofrío me sacudió de pies a cabeza.
—Su obsesión llegó a superar ciertos límites. Estas mujeres, conocidas como sujetos, eran sometidas a un régimen de pruebas intensivas y sesiones de terapia para desbloquear sus habilidades telequinéticas latentes. Tú lo sabes mejor que nadie.
Sentí un nudo en el estómago.
—Cada una de las mujeres tenía una historia única y dolorosa, desde abusos infantiles hasta tragedias familiares. Ninguna colaboró en su investigación de forma voluntaria, sino que eran niñas de orfanatos que obtenían sus custodias legales, alegando que estaban siendo trasladadas a un entorno más seguro y adecuado para su recuperación.
Es decir, que Nathaniel y su equipo buscaban específica-mente a jóvenes que hubieran experimentado traumas infantiles, ya que creían que estas heridas emocionales profundas podrían ser la clave para desbloquear sus habilidades telequinéticas.
Por eso yo fui una de esas niñas.
Mi mandíbula amenazaba con desencajarse ahí mismo si no estuviera unida a mi rostro.
—Tú fuiste el sujeto más valioso que tuvieron. —Noté có-mo las líneas de sus facciones se endurecían, como si no le gustara admitirlo—. Te llevaron a ese laboratorio cuando eras una niña, entre otras muchas del orfanato, convirtiéndote en la más exitosa de todos los sujetos de prueba en ese proyec-636
to. Tu capacidad para desarrollar una habilidad que nunca antes se había visto era impresionante, e hicieron que te destacara entre las demás participantes.
» Los científicos y médicos del laboratorio estaban impre-sionados por tus resultados, que superaron con creces las expectativas. Sin embargo, a medida que crecías y se daban cuenta del alcance de tus habilidades, te volvías cada vez más peligrosa y difícil de controlar. Creí que esa sería la oportunidad perfecta para que te dejaran libre. Les hice entender que podías usar tus poderes en su contra o que serías perfectamente capaz de escapar, así que decidieron borrar tu memoria y llevarte de nuevo al orfanato.
Y fue entonces cuando mi padre me adoptó. Recuerdo que alguna vez llegó a preguntar sobre mis verdaderos padres, pero yo nunca le dije nada de ellos. De hecho, jamás los mencioné. Y ahora comprendía el por qué. No era porque no quisiera o me doliera hacerlo, sino porque no los recordaba.
Era una mezcla abrumadora de emociones.
Sentía una profunda ira hacia aquellos que me habían sometido a tal experimento, una tristeza abrumadora por las otras mujeres que habían sido víctimas de su obsesión con la telequinesis, y una desconcertante sensación de pérdida de identidad al darme cuenta de que mi vida había sido moldea-da por mentiras y manipulaciones desde el principio.
Pero también sentía una extraña liberación, como si finalmente hubiese encontrado esa verdad que tanto buscaba.
Nolan me observó atentamente, preocupado, examinando detenidamente mi reacción. Respondí a su mirada, y por primera vez me permití verlo de verdad.
Conocía esos ojos castaños y ese pelo oscuro que en algún momento me hicieron pensar en noches llenas de estrellas, así como la leve y delicada sonrisa que comenzaba a di-637
bujarse en sus labios al percatarse de que, finalmente, había descubierto la verdad.
Entonces comprendí que él fue la única persona que me protegió en ese lugar, siendo apenas un niño.
—Pero, si me borraban la memoria, te olvidaría —murmuré—. Y, aún así, aceptaste.
—Tuve que pagar un precio, y ese fue sacrificar nuestro pasado para asegurar tu futuro.
En sus ojos se reflejaba el dolor de esa elección, una decisión tomada desde lo más profundo de su corazón, sabiendo que protegería a la única persona que tenía en este mundo cruel, aunque eso significara perderla para siempre.