En la línea de fuego 634
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El miedo se instaló en mis huesos al pensar que había estado meses conviviendo bajo el mismo techo que la hija de los responsables de esos experimentos.

Terminé descubriendo que Lily era la hija de Madeline, pero lo que no sabía es que también lo era de ese hombre que me perseguía en los sueños y me atormentaba en los recuerdos.

«El amor a veces nos lleva a hacer cosas extraordinarias»

Esas palabras que Madeline había dicho una vez, ahora cobraban un nuevo significado.

—Nathaniel no solo era neurólogo —añadió Nolan—, era un científico brillante y ambicioso que había dedicado toda su vida a comprender el potencial humano más allá de los límites tradicionales. Estaba obsesionado con desbloquear la telequinesis, y no iba a detenerse hasta conseguirlo. Al principio, intentó llevar a cabo sus experimentos tanto con niños como con niñas, creyendo que podrían ser igual de efectivos en el desarrollo de habilidades telequinéticas.

» Sin embargo, descubrió que los niños, por naturaleza, parecían manifestar habilidades telequinéticas de manera más incontrolada y, en algunos casos, peligrosa. Esto hizo que el proceso fuera más difícil de gestionar y que los riesgos para los sujetos de prueba y el personal del laboratorio fueran significativamente mayores. No podía arriesgarse de esa manera.

No supe ni por dónde empezar a asimilar la información.

—Fue entonces cuando el doctor decidió cambiar de enfoque y centrarse exclusivamente en reclutar a mujeres jóvenes menores de treinta años que habían experimentado traumas infantiles y problemas emocionales en sus vidas.

Creía firmemente que las heridas emocionales profundas y recientes son la clave para acceder a las habilidades latentes.