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Y ahora al fin comprendía por qué, porque había experimentado la crueldad de manos ajenas de una manera que, lamentablemente, yo podía entender más de lo que hubiera querido admitir.
Pero también sabía que ese vínculo no podía, no debía, dictar mis acciones.
—Cuídate, Nolan.
Al pronunciar esas palabras, noté un destello de decepción en sus ojos. Era como si hubiera esperado algo más de mí, algo que no podía brindarle.
Desperté a los demás, haciéndoles saber a dónde estábamos para que se movieran.
No miré atrás cuando salí del vehículo, ni siquiera cuando escuché el motor encenderse para alejarse hacia alguna parte. Respiré hondo en un intento por liberar la presión de mi pecho, pero fue inútil. Sentí un vacío enorme.
Cogí a Renata de la mano y nos dirigimos hacia la comisaría, mientras Amelia y Nils no paraban de mencionar lo muy estúpido que había sido Nolan por arriesgarse siquiera a acercarse a la policía, sabiendo que era el asesino más temido del país.
A unos pocos metros, vi a una figura emerger de la puerta de la comisaría.
Landon.
Mis piernas casi cedieron bajo el peso de la emoción y el alivio. No pude contener el sollozo que se escapó de mis labios.
Solté la mano de Renata y corrí hacia él, ignorando el dolor en mi pierna. Supe que las lágrimas me inundaron el rostro al sentir la humedad en mis mejillas y en los labios.
Landon extendió los brazos hacia mí, envolviéndome en un abrazo tan fuerte que me levantó del suelo, cortándome 566
la respiración.
—Estás bien —murmuré con la cabeza hundida en su hombro, dejando que las lágrimas de alivio y felicidad fluyeran libremente.
—Estoy bien, Jules. Estamos bien.
Me bajó del suelo con cuidado para revisarme de arriba a abajo, inspeccionándome detalladamente.
Vi el dolor en su mirada cuando sus ojos se posaron en la niña, que se había quedado atrás junto a Nils y Amelia.
A pesar de este encuentro, la reacción de la niña al ver a Landon fue de indiferencia, una respuesta inusual para alguien que se reencuentra con un hermano después de tantos años separados. Eso fue lo que probablemente llevó a Landon a abandonar cualquier intento de profundizar en el asunto, y pude ver cómo, una vez más, las esperanzas de mi amigo se desvanecían.
Entonces, divisé a Foster y Lexi, quienes se encontraban cerca de la entrada de la comisaría. Ambos me dirigieron una sonrisa cálida que me reconfortó profundamente.
Todo había acabado.
De un momento a otro, el ambiente se llenó de agentes de policía, coches de patrulla y ambulancias listas para atender a cualquier herido. El sonido de las sirenas llenó el aire, y las luces intermitentes crearon destellos de color rojo y azul que se reflejaban en las fachadas de los edificios cercanos.
Renata estaba siendo atendida por los paramédicos, quienes la cubrieron con una manta para protegerla del frío. Observé cómo un par de agentes se llevaban a Amelia y Nils al interior de la comisaría.
Landon se alejó un momento para hablar con el inspector.
Mientras tanto, yo permanecí allí, plantada en el mismo lugar, observando a mi alrededor sin poder asimilar completa-567
mente que ya estuviera a salvo.
Metí las manos en los bolsillos en un intento por entrar en calor. Para mi sorpresa, mis dedos tocaron algo arrugado.
Cuando lo saqué, mi pecho se hundió.
Era una mariposa de papel, hecha con el mismo papel que esa chica de la gasolinera le había entregado a Nolan.